
En los días previos a las elecciones los candidatos a intendente trataron el tema de los espacios verdes y el arbolado urbano. Si bien hubo críticas propias del momento electoral, las ideas en debate sirvieron para una reflexión sobre la situación de los árboles en la capital y en otras ciudades, así como de las necesidades de la urbe en cuanto a los ejemplares vegetales como reguladores climáticos y a los riesgos que se corren por las interacciones de empresas de servicios que debilitan las raíces de los árboles en las veredas sin que haya adecuado control.
Los últimos tiempos han dejado ejemplos de los riesgos. Hubo una tragedia en la zona del Liceo Militar y un accidente tremendo en el parque Avellaneda que en su momento generaron debate sobre el control, la poda y la inconveniencia de mantener cierto tipo de árboles, como los eucaliptos, en las áreas urbanas. Estos accidentes dieron lugar, como reacción, a talas por todas partes en la capital y al incremento de la acción de cuadrillas municipales; pero no a un relevamiento adecuado del estado de los ejemplares, si bien hay estimaciones. En 2016 funcionarios municipales estimaban que había que reemplazar el 20% de los ejemplares en la ciudad, y sacar sobre todo los eucaliptos, los ficus y los gomeros. Entonces se estimaba que había 300.000 árboles en la capital. El año pasado el intendente dijo que “Tucumán es la provincia del norte que más árboles tiene; nosotros no tenemos capacidad operativa para su mantenimiento” y añadió que “hay árboles de más: tenemos aproximadamente 460.000 árboles en toda la ciudad, sin contar los árboles que tiene cada uno de los vecinos adentro”.
En el análisis de los aspirantes a intendente, la candidata oficialista destacó que “el desafío está en el estado del arbolado y su distribución. Muchos de esos ejemplares ya necesitan recambio” y se propuso crear un plan de arbolado, siguiendo algunas pautas: realizar un censo (“no hay registros actualizados”), asegurar la cobertura de arbolado en las zonas más desprovistas y mejorar el intercambio funcional entre los departamentos que tienen decisión sobre el espacio público. Una referente de la oposición, por su parte, también planteó “una planificación urbana estratégica de espacios verdes públicos que aumente la cantidad, la calidad y la accesibilidad”.
El tema excede, obviamente, a la capital y eso se puede apreciar en verano, pues se suceden las caídas de ejemplares, muchas veces con tremendas consecuencias, como en avenida Aconquija primera cuadra, donde se desplomó un árbol y destrozó dos autos, lo cual actualizó en ese momento la falta de registro, de criterio de recambio y de adecuada reforestación. En las ciudades son constantes las roturas de veredas y calles y el daño a las raíces de los árboles. También son constantes los actos de reforestación, muchas veces con especies inconvenientes.
Una vez que haya pasado la polvareda electoral, bueno sería volver sobre el tema del arbolado, toda vez que hubo miradas disímiles sobre este asunto –mientras unos pensaban que hay suficientes árboles, otros dijeron que la ciudad está casi despojada-, y encarar una política de cuidado y renovación. Un árbol brinda una serie de beneficios sustanciales, como señaló un experto: fijación de CO2 y emisión de O2, sombra, detención de sedimentos y polución, nicho de aves y otros integrantes de la fauna existente en las ciudades, belleza paisajística, filtro de sonidos, reducción de la temperatura en la urbe de cemento. Hay que establecer claramente si hay suficientes árboles y espacios verdes, y las claves para su adecuado mantenimiento.







