LA GACETA/FOTO DE JUAN PABLO SÁNCHEZ NOLI
Un torbellino electoral se desató el domingo 11. Ha dejado a algunos en la cima del poder, pero a muchos en el llano. Como dice un dirigente del oeste provincial, eran muchos los diablos y poca el agua bendita. Mucho de razón tiene. El sistema de acoples sólo recolectó votos para la corona, pero hacia el resto del reino hay demasiados heridos. Era previsible, con 18.000 postulantes para 347 cargos en disputa. El sistema electoral vigente ha generado ilusiones entre los dirigentes y también en aquellos que intentaron escalar en la carrera política a través del voto. Se juega por necesidad; se pierde por obligación. La apuesta ha sido fuerte. Demasiados millones de pesos volcados al fortalecimiento de listas de candidatos que, en muchos casos, han quedado altamente endeudados en una elección rara, por aquello de la postergación y de la incertidumbre que ha causado la batería de denuncias. Nadie niega que la interpretación jurídica divide la biblioteca y que el Gobierno ha querido anticiparse -otra vez- a los comicios nacionales para no pagar los costos políticos de una crisis económica. Desde ese punto de vista, la estrategia le salió bien. La diferencia de 23 puntos fue una clara muestra de que parte de la sociedad tucumana (esos 530.000 electores que pusieron su voto a la fórmula Osvaldo Jaldo-Miguel Acevedo) prefería votar a aquellos que mostraron gestión antes que continuar con la denuncia. Sin embargo, sería mucho mejor que la política se ajuste a la Constitución y a las leyes antes que buscar atajos electorales para obtener beneficios adicionales. Los comicios del domingo han sido competitivos, pero no desde el punto de vista político, sino económico. El que tenía la mejor artillería (inversión) ganaba la batalla. De todas maneras, la sociedad también les envió un mensaje a aquellos que gastaron mucho para llegar y no lograron sus objetivos iniciales. ¿Por qué? Porque el elector estaba harto de tantas denuncias cruzadas y tanta virulencia verbal. Todo este andamiaje económico no es más que una distorsión de la democracia que no puede y ni debe sustentarse en el tiempo. Como en la economía, alguien paga y no necesariamente son los políticos los que se hacen cargo de toda la cuenta. Los principales referentes de las coaliciones locales saben perfectamente que esto no da para más. Por eso hablan de reformas.
La política no es un juego de azar. El que va a un casino sabe que puede tener un día de suerte pero, a la corta o a la larga, perderá lo poco que tiene, ya que es la esencia del juego que puede significar una escalera de poder o el destino de un afiche olvidado.
Un sector del oficialista Frente de Todos por Tucumán cree que en el resultado también contribuyó el desestimiento de Manzur a integrar la fórmula, como postulante a la vicegobernación, junto con Jaldo. ¿La prueba? Los 12/13 puntos que el sociólogo Hugo Haime había proyectado como diferencia respecto de la oferta de Juntos por el Cambio, con el binomio Roberto Sánchez-Germán Alfaro. El escrutinio provisorio ha dado una diferencia de 10 puntos respecto de aquella proyección. Más allá de estas encuestas, el actual gobernador ha logrado rearmarse para dar pelea a nivel nacional. En poco tiempo, y silenciosamente, ha estructurado un arriesgado esquema de posicionamiento. Llamó a sus pares del Norte Grande para que acompañen a los candidatos locales. Se comunicó, en forma periódica, con el presidente Alberto Fernández para que visite Tucumán el día después de las elecciones. También charló con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y hasta con el ministro de Economía, Sergio Massa. Quedan menos de dos semanas para la presentación de las listas de candidatos para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y el tucumano no quiere quedarse fuera de la “conversa nacional”, como se refiere cuando habla con la cúpula partidaria nacional. Volvió a entablar encuentros con empresarios y sindicalistas nacionales para reflotar aquello que habló cuando el Grupo de los 6 líderes más importantes del establishment argentino lo visitó, inesperadamente en abril pasado, en la Casa de Gobierno. Construye poder y lo seguirá haciendo en la medida que se acerquen las internas.
Mientras tanto, ¿qué hará Osvaldo Jaldo? El esquema de poder del tranqueño va de menor a mayor. La transición transcurrirá sin grandes sobresaltos y se prepara para que el traspaso de mando no lo tome por sorpresa. Está definiendo su equipo de trabajo. Y el cargo más inquietante es el de ministro de Economía. ¿Por qué? La situación del país obliga a diseñar dos o tres escenarios de lo que puede ser la relación Nación-provincias, tras las presidenciales de octubre o luego del balotaje de noviembre. Habrá un ministro con perfil más político en caso de que la Casa Rosada conserve el mismo signo político que la provincia. Una segunda alternativa será un técnico con carrera ascendente que hoy ocupa una segunda línea en el Poder Ejecutivo. Y, si las condiciones electorales le son adversas al Frente de Todos, el candidato tendrá un perfil más duro. En todos los casos se quiere evitar un término que será el signo de los nuevos tiempos: ajuste.
“La locura es hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes”. La oposición no aprendió la lección que dejó el libro “Muerta súbita” de Rita Mae Brown. La gran oportunidad para llegar al poder se le abrió la noche del domingo 14 de noviembre de 2021, cuando se puso a dos puntos de la victoria respecto del oficialismo en las elecciones de medio turno que tuvieron como contrincantes principales a la ex ministra Rossana Chahla y al titular de la UCR local, Roberto Sánchez. Aquella noche hubo una sensación de que Juntos por el Cambio, por fin, podría desembarcar en la Casa de Gobierno y desbancar al peronismo, tras más dos décadas ininterrumpidas en el poder. No lo logró, sencillamente porque prevalecieron los egos entre los dirigentes. Entre radicales, macristas y alfaristas prevalecieron más las pujas por las candidaturas que la presentación de un programa integral de gestión. La sociedad también percibió esa postura. Peor aun cuando llegaron casi al final de la inscripción de postulaciones con un binomio más por conveniencia y supervivencia que por convivencia. No mostraron vocación de poder. No supieron explicar a la sociedad porqué son el cambio y no más de lo mismo.
Fuerza Republicana arriesgó mucho y ganó poco. La imagen del león en los afiches no le sirvió para catapultarse como una coalición con intenciones de arañar el poder. Ricardo Bussi logró cosechar un 4% del total de votos del domingo pasado, menos de un tercio de lo que recolectó en 2019. Las dudas sobre la alianza con el economista libertario Javier Milei son cada vez mayores. No pudo capitalizar la imagen que el actual diputado tiene en la “militancia digital”.
Tucumán va configurando su nuevo escenario institucional. Jaldo prepara el programa de gobierno con el que arrancará su mandato, el 29 de octubre de este año. Otro peronista le traspasará los atributos gubernamentales. Las peleas electorales pasarán a segundo plano. Sin embargo, pueden producir ampollas tanto en el oficialismo como en la oposición. Jaldo intentará imponer sus candidatos a diputado nacional, pero Manzur también tiene nombres para designar. En la oposición, a su vez, el radicalismo tratará de recuperar parte del terreno perdido. Como se dijo al principio, muchos diablos para tan poca agua bendita.








