EN EL CUARTO OSCURO. Foto de Archivo LA GACETA
1.- Osvaldo Jaldo obtuvo, junto con su socio político Miguel Acevedo, un triunfo arrasador. Los más de 20 puntos de ventaja sobre Juntos por el Cambio no se explican sólo por el aparato: son una incontestable preferencia del electorado tucumano. Si hubiese habido sistema de balotaje, hoy estarían celebrando un triunfo en primera vuelta. Jaldo, inclusive, obtiene 8 puntos porcentuales más que en 2019, cuando fue reelecto vicegobernador en fórmula con Juan Manzur. Es decir, nace a la gestión de gobernador con una autoridad política incontrastable.
2.- Juan Manzur renace en la proyección nacional. Por partida doble. En primer lugar, por la notable elección del PJ de Tucumán en el sexto distrito electoral de la Argentina, en orden de importancia. En segundo término, por el contexto de este domingo electoral. Claudio Poggi, con el impulso de Juntos por el Cambio, destronó a los Rodríguez Saá en San Luis. En Mendoza, el senador radical Alfredo Cornejo le dedicó su triunfo a Frente de Todos. “El Gobierno nacional se cae a pedazos”, declaró. En su provincia, el peronismo salió tercero, detrás del diputado Omar De Marchi, referente del PRO que se fue de JXC porque no aceptó ir a primarias contra la UCR. En Corrientes, ECO + Juntos por el Cambio ganó las elecciones legislativas. Sólo el manzurismo le dibujó una sonrisa al oficialismo nacional y aspira, con ello, a consolidarse en la pelea por el armado de los binomios presidenciales.
3.- Este contexto nacional sirve, además, para identificar que el eje de la elección provincial no difiere del nacional: la dicotomía fundamental fue, también aquí, continuidad vs. cambio. Y ganó la continuidad por paliza.
4.- Perdió Juntos por el Cambio porque no supo comunicar los valores del cambio que propone desde su nombre. Y ese “no saber comunicar” no fue un asunto de campaña, sino de comportamiento de sus miembros. En primer lugar, también apostaron por la continuidad en las intendencias que administran: lejos de apertura a nuevas figuras o de internas o encuestas para escoger a los postulantes más potables, lo primero que acordaron fue que cada quien ponía “su” candidato. Eso es culturalmente “pegotista”. Luego, el propio binomio entre Roberto Sánchez y Germán Alfaro acumuló tantos malos entendidos que el armado de la fórmula se resolvió en Buenos Aires. Comparado con la interna entre Jaldo y Manzur, que estalló encarnizadamente en 2021 (incluyó desde agravios personales hasta despidos masivos en la Legislatura y las comunas), lo de JXC parece apenas un malentendido. Pero, simbólicamente, estaban replicando las mezquindades oficialistas.
5.- La lógica simbólica también muestra que Juntos por el Cambio, en lugar de repetir el cambio, reeditó el escenario de hace ocho años. En 2015, el PJ de Tucumán presentó la fórmula Manzur-Jaldo y el Acuerdo por el Bicentenario (luego, Cambiemos) presentó a un parlamentario nacional de la UCR (José Cano) en yunta con un intendente peronista de la Capital (Domingo Amaya). No pudieron ganar. Ahora, para enfrentar a Jaldo-Manzur (ese fue el binomio original, hasta la cautelar de la Corte nacional del 9 de mayo), volvieron a proponer un dueto encabezado por un parlamentario nacional (Sánchez) y un intendente peronista de la Capital (Alfaro). Si no funcionó hace dos elecciones, ¿por qué sí iba a funcionar ahora? El antiperonismo en Tucumán es más verbal que real: los radicales de la Capital llevan años votando peronistas (Alfaro y Amaya, en la Municipalidad, por caso). Pero los peronistas del interior jamás votan radicales. Justamente, el Este y el Oeste le dan el triunfo, otra vez, a los referentes del PJ.
6.- El gran derrotado de la jornada, sin embargo, es el sistema representativo. Tucumán fue, otra vez, un festival de acoples. Nuevamente, en la provincia de 1,3 millón de habitantes, habrá legisladores de 10.000 votos aprobando o rechazando leyes. La licuadora de la representación no cesa.
7.- Se opacó, una vez más, la transparencia de la celebración de los comicios. Todo lo que está prohibido en buena parte de la región, desde Ecuador a Honduras, pasando por Uruguay, Brasil y Colombia, brilló impunemente en Tucumán. El viernes, en plena veda electoral, el Gobierno pagó un bono de $ 20.000 a los estatales. Los empleados de las comunas atestaron las sucursales del banco oficial. El acarreo de votantes fue un descaro a cielo abierto durante todo el domingo. Ese día, a la madrugada, las cámaras de seguridad de la provincia mostraron colas de autos (incluso, en doble fila) frente a oficinas de candidatos. De los vehículos iban y venían personas trasladando “paquetes”. Eso también es parte de un régimen electoral absolutamente desnaturalizado.
8.- Ese régimen electoral, sin embargo, continuará. En los primeros minutos de hoy, y en sus primeras declaraciones como gobernador electo, Jaldo anunció que impulsará una reforma de la Constitución. Cuando se le consultó si eliminarían los “acoples”, aclaró que se debatirá el régimen electoral, pero que la oposición debía demostrar por qué este sistema de colectoras no debe continuar. ¿Qué habrá sido de aquella máxima de Juan Domingo Perón respecto de que “la única verdad es la realidad”? En el debate de candidatos a gobernador de LA GACETA, todos coincidieron en que el régimen de acoples estaba agotado y que había que cambiar la Ley Fundamental para buscar alternativas. Si habrá enmienda, pero seguirán los “acoples”, ¿qué van a reformar?
9.- El régimen electoral vigente en Tucumán volvió a lesionar la democracia en esta provincia. Es inaudito que los tucumanos no sepan aún qué es lo que votaron el domingo, nada menos que en la Capital. En San Luis perdió el oficialismo y ya se conocen los resultados. Aquí, en el distrito urbano que tiene más votos que toda la provincia de San Luis, hoy no se conocerán los resultados definitivos. Mañana, tampoco: a las 18 comienza el escrutinio definitivo, que dada la hora será más simbólico que significativo. Nada más revelador que el atraso institucional de esta tierra que el hecho de volver un siglo atrás, a los tiempos en que los resultados de las votaciones demoraban días en conocerse. Eso también es responsabilidad del “acople”: si hubiera Voto Electrónico, como demanda la Constitución, en la versión en que se vota en pantallas o mediante Boleta Única Electrónica, a las 21 de ayer se hubieran conocido los resultados. Sin embargo, con casi un centenar de partidos habilitados para presentar candidatos, ninguna de esas alternativas es materialmente posible. Si la Constitución sigue siendo incumplida (aquí, se ve, demoran menos en reformarla que en acatarla), también se lesiona la república.
10.- La lesión de la democracia y la lesión de la república se manifiestan en un síntoma común: hay una “sensación” fuera de lugar. Toda elección desencadena sentimientos genuinos: triunfalismo o derrotismo. Alegría o amargura. En quienes no son muy democráticos, probablemente provoque soberbia o enojo, según se gane o se pierda. Pero lo que no debiera despertar la celebración de ningún acto electoral es la “vergüenza”. Ayer, sin embargo, ella estaba en boca de todos. En la de los ciudadanos que, a las 10, veían que no abrían las escuelas para votar. En la de los votantes que se quedaron sin poder sufragar por las aglomeraciones. En los que presenciaban el acarreo de votantes. En los que todavía no pueden creer que, en la tercera década del tercer milenio, aún no se sepa cómo terminó la votación en una de las ciudades más importantes de la Argentina. Y sobre todo, en una de las ciudades más históricas del país. Hay mucha gloria en los 200 años de esta provincia. Ser tucumano jamás debería parecer un error. Con la elección histórica y el triunfo legitimador que acaba de conseguir, el oficialismo puede corregir todas esas desviaciones. Pero para eso hay un desafío mucho mayor que saber perder: hay que saber ganar.








