19 Diciembre 2004 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Cada dato de la economía muestra a las claras el fatigoso tránsito de salida de la crisis y el extenso trayecto que aún queda por recorrer para alcanzar un mar de aguas más calmas. Ese es el caso de la desocupación, ya que si bien puede resultar un dato alentador la baja del desempleo, no se puede perder de vista que casi 5 millones de argentinos tiene hoy problemas laborales.
Hay que aclarar que se mantiene ese disfraz del desempleo que son los planes sociales y el trabajo en negro, alentados como herramientas de control social, en un país convulsionado por una crisis sin precedentes. El ministro Roberto Lavagna destacó que se crearon 2,5 millones de puestos desde el peor momento de la crisis, aunque esta buena nueva se dio básicamente por el impulso que brindó la devaluación y un tipo de cambio competitivo.
Este favoreció a varios sectores productivos pero sus beneficios bajan con mucha lentitud hacia los sectores más necesitados. Falta generar condiciones sólidas que siembren el terreno para un mayor flujo de inversiones y que reflejen el regreso de la confianza sobre el país. No obstante, las tortuosas relaciones con el FMI y las indefiniciones en torno a la deuda con los acreedores privados no dejan ver una solución inmediata. Es más, cada dos por tres aparecen ruidos en escena, como la controvertida idea de cancelar la deuda con el FMI.
Hay algo que se dijo que nunca se hubiera podido hacer y es el pago en efectivo de 15.000 millones de dólares, en un país donde las reservas arañan los 20.000 millones. Esto hubiera generado turbulencias económicas y el embrión de una nueva crisis. El tema tomó cauces de mayor racionalidad y ahora se piensa pagar ese monto en los plazos previstos en el acuerdo vigente durante los próximos cuatro años. En este caso, habrá tiempo para que el Banco Central vaya recuperando reservas luego de cada pago al organismo multilateral de crédito.
Al no firmar las partes un nuevo acuerdo, el país se sacará de encima al Fondo como auditor permanente, pero también cerrará las puertas a nuevos créditos. Habrá sí una auditoría anual cuyos resultados sólo se podrán difundir si lo acepta el país deudor.
Este paso le permitirá al presidente Néstor Kirchner moverse en el terreno que denomina el de "las decisiones soberanas", sin las presiones del FMI. Muchas de las determinaciones de este gobierno se deben analizar desde ese prisma político, ya que se basan en no ceder espacios de poder, tal como históricamente lo entendió el PJ. Este debate se aplacó justo cuando amenazaba con provocar otro foco de conflicto entre la Casa Rosada y el Ministerio de Economía.
Lavagna nunca entendió la razón de la idea de pagar al FMI con dinero constante y sonante, como tampoco supo nunca quién pensó en un momento que otro país, como España o China, podían aportar algún dólar para ayudar a la Argentina. "Siempre se ha seguido una política de reducción de deuda", dijo Lavagna, respondiendo a aquellos que hablaban de desendeudar al país. Este término lo usaron Kirchner, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el canciller Rafael Bielsa, quienes no tienen una sintonía perfecta con Lavagna.
El Presidente y su jefe de Gabinete tomaron distancia de la responsabilidad por las demoras en el canje. Algunos ven a Lavagna como futuro canciller luego de finalizado el proceso de canje. Si bien los impulsores de esta idea aclaran que esto se dará sólo si Bielsa baja a la arena política de la Ciudad de Buenos Aires.
Dos situaciones claves
La próxima semana será clave para ver si habrá nuevos desgastes políticos si es que se debe anunciar una nueva postegación del inicio del canje de deuda. Otro partido importante se juega con Brasil por la continuidad del Mercosur.
La propia historia de los dos socios mayoritarios, Argentina y Brasil, refleja la razón de los desencuentros. El país vecino siempre tuvo una pretensión hegemónica en la región y ahora con Lula Da Silva en la presidencia tiene ambiciones de convertirse en un referente de política mundial. Por su lado, siempre defendió la industria nacional de las agresiones externas y se subsidia a los sectores más desprotegidos.
En cambio, la Argentina tiene una larga historia de una política industrial errática y hasta hubo años en que se pretendió desarmar la industria para dejar al país en un rol de mero proveedor de materias primas. En varias negociaciones entre las partes, como la que se hizo en Belo Horizonte, los funcionarios argentinos dejaban flotando esta frase: "No hay problemas si ustedes quieren ser los Estados Unidos de América del Sur, pero dejen que nosotros podamos ser convertirnos en la Canadá de la región". (NA)
Hay que aclarar que se mantiene ese disfraz del desempleo que son los planes sociales y el trabajo en negro, alentados como herramientas de control social, en un país convulsionado por una crisis sin precedentes. El ministro Roberto Lavagna destacó que se crearon 2,5 millones de puestos desde el peor momento de la crisis, aunque esta buena nueva se dio básicamente por el impulso que brindó la devaluación y un tipo de cambio competitivo.
Este favoreció a varios sectores productivos pero sus beneficios bajan con mucha lentitud hacia los sectores más necesitados. Falta generar condiciones sólidas que siembren el terreno para un mayor flujo de inversiones y que reflejen el regreso de la confianza sobre el país. No obstante, las tortuosas relaciones con el FMI y las indefiniciones en torno a la deuda con los acreedores privados no dejan ver una solución inmediata. Es más, cada dos por tres aparecen ruidos en escena, como la controvertida idea de cancelar la deuda con el FMI.
Hay algo que se dijo que nunca se hubiera podido hacer y es el pago en efectivo de 15.000 millones de dólares, en un país donde las reservas arañan los 20.000 millones. Esto hubiera generado turbulencias económicas y el embrión de una nueva crisis. El tema tomó cauces de mayor racionalidad y ahora se piensa pagar ese monto en los plazos previstos en el acuerdo vigente durante los próximos cuatro años. En este caso, habrá tiempo para que el Banco Central vaya recuperando reservas luego de cada pago al organismo multilateral de crédito.
Al no firmar las partes un nuevo acuerdo, el país se sacará de encima al Fondo como auditor permanente, pero también cerrará las puertas a nuevos créditos. Habrá sí una auditoría anual cuyos resultados sólo se podrán difundir si lo acepta el país deudor.
Este paso le permitirá al presidente Néstor Kirchner moverse en el terreno que denomina el de "las decisiones soberanas", sin las presiones del FMI. Muchas de las determinaciones de este gobierno se deben analizar desde ese prisma político, ya que se basan en no ceder espacios de poder, tal como históricamente lo entendió el PJ. Este debate se aplacó justo cuando amenazaba con provocar otro foco de conflicto entre la Casa Rosada y el Ministerio de Economía.
Lavagna nunca entendió la razón de la idea de pagar al FMI con dinero constante y sonante, como tampoco supo nunca quién pensó en un momento que otro país, como España o China, podían aportar algún dólar para ayudar a la Argentina. "Siempre se ha seguido una política de reducción de deuda", dijo Lavagna, respondiendo a aquellos que hablaban de desendeudar al país. Este término lo usaron Kirchner, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el canciller Rafael Bielsa, quienes no tienen una sintonía perfecta con Lavagna.
El Presidente y su jefe de Gabinete tomaron distancia de la responsabilidad por las demoras en el canje. Algunos ven a Lavagna como futuro canciller luego de finalizado el proceso de canje. Si bien los impulsores de esta idea aclaran que esto se dará sólo si Bielsa baja a la arena política de la Ciudad de Buenos Aires.
Dos situaciones claves
La próxima semana será clave para ver si habrá nuevos desgastes políticos si es que se debe anunciar una nueva postegación del inicio del canje de deuda. Otro partido importante se juega con Brasil por la continuidad del Mercosur.
La propia historia de los dos socios mayoritarios, Argentina y Brasil, refleja la razón de los desencuentros. El país vecino siempre tuvo una pretensión hegemónica en la región y ahora con Lula Da Silva en la presidencia tiene ambiciones de convertirse en un referente de política mundial. Por su lado, siempre defendió la industria nacional de las agresiones externas y se subsidia a los sectores más desprotegidos.
En cambio, la Argentina tiene una larga historia de una política industrial errática y hasta hubo años en que se pretendió desarmar la industria para dejar al país en un rol de mero proveedor de materias primas. En varias negociaciones entre las partes, como la que se hizo en Belo Horizonte, los funcionarios argentinos dejaban flotando esta frase: "No hay problemas si ustedes quieren ser los Estados Unidos de América del Sur, pero dejen que nosotros podamos ser convertirnos en la Canadá de la región". (NA)







