
El 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha en que las Naciones Unidas buscan generar conciencia y poner en debate la forma en que utilizamos este recurso vital del que dependen todas las actividades sociales y económicas del mundo. En Argentina, tanto el agua potable como el saneamiento presenta desigualdades significativas en materia de cobertura, calidad y eficiencia.
El Ministerio de Obras Públicas informa que en 2019 el 88% de la población urbana contaba con acceso a agua potable por red y el 63% a cloacas. En el caso de los barrio populares se identificó que el acceso formal a los servicios de agua y cloaca alcanza sólo al 11,6% y 2,5% de su población, respectivamente.
Por otra parte, cerca de 2,6 millones de personas habitan en zonas rurales dispersas, con un alto déficit en el acceso a servicios básicos, donde un 11% recolecta agua superficial y un 18% utiliza pozos o excavaciones al aire libre.
Se estima que el déficit de agua potable gestionada de forma segura alcanza al 20% de la población argentina, mientras que, en términos de saneamiento (redes de cloacas, pozos ciegos, etc), el déficit llega al 44%. En relación con el tratamiento de las aguas residuales, el Relevamiento Nacional de Plantas Depuradoras realizado durante 2019 indicó que sólo el 27,6% de las aguas recolectadas recibe un nivel de tratamiento adecuado.
Un dato que impacta es que en Argentina la pérdida de agua por fugas en la red de distribución equivale a aproximadamente a un 40%. Agua que, si se ahorrara, los especialistas estiman que podría abastecer hasta a 20 millones de habitantes de zonas urbanas. La Dirección Nacional de Agua Potable y Saneamiento (DNAPyS) calcula que en el país hay unos 1.400 prestadoras de servicios de agua y saneamiento diferentes que operan a escala regional, provincial o municipal, y que varían entre sociedades anónimas de participación estatal mayoritaria, sociedades del Estado, sociedades anónimas, cooperativas de servicios, dependencias municipales o comunales, y asociaciones comunitarias. Así es muy complejo llevar un seguimiento de la calidad de estos servicios, ya que la gestión está muy atomizada, donde cada provincia aprueba su propio marco regulatorio y es responsable de las prestaciones.
Para hacer más eficiente el manejo del agua, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, pueden tomarse algunas medidas: la reparación de fugas de agua en áreas urbanas evita un menor desperdicio de agua limpia. Las aguas residuales y el agua de la atmósfera se pueden capturar y filtrar para ser reutilizadas. El agua se puede utilizar para la regulación de la temperatura, lo que reduce el uso de recursos para calentar y enfriar.
La gestión del agua no debe abordarse como un tema global, sino que deben encontrarse soluciones locales con la participación de diferentes sectores que permitan abordar un cambio. Es una buena ocasión para reflexionar de que no porque no veamos al agua circular por tuberías, potabilizarse o tratarse no deja de ser un recurso limitado, costoso e imprescindible.







