
Bueno... más de lo mismo. Inauguraciones de todo tipo y calibre: desde una canilla (con lágrimas en los ojos) hasta una obra de envergadura que posiblemente no se termine o lo haga mucho después de vencidos los términos contractuales. Pero esto no es nuevo, caso Instituto Cardiovascular re- reinaugurado por Palito Ortega, Domato etc. Al final... se instaló la Policía. Algunas financiadas por la Nación y el resto el dinero está en pasacalles, afiches y cientos de colectivos para traslado en actos oficialistas. Hay casos que lindan con lo ridículo, por ej.: la inauguración de 1.000 m. de calzada donde asistió una comitiva que integraban hasta funcionarios de la salud y tanto ellos como el resto posiblemente no sepan ni los componentes del hormigón Vial (estos están de inauguración) y otras veces de “inspección”. Indudablemente la clase política vive en un mundo paralelo porque yo no los veo en la calle o en un lugar público salvo algún ñoqui o “asesor” de menor cuantía. Los demás los podemos encontrar en un bar de la Galería Pacífico o en Patio Bullrich y miran fijamente para saludar, porque en Tucumán nos conocemos todos por más que no sea una figura pública. Actitud: dar vuelta la silla o buscar otra mesa (al menos yo lo hago) pero aseguro que no les quita el sueño para nada porque están acostumbrados a cosas peores, pero hay una ventaja sobre los demás: tienen la cara de granito. Hay una frase de Chiche Duhalde que ya la dije y voy a repetirla hasta el cansancio: “No hay ser más mentiroso que un político en campaña”.
Alberto A. Segulja
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