
Frente a la dificultad de un acuerdo de Juntos x el Cambio en Tucumán que aglutine a toda la oposición republicana, la ciudadanía aumenta su desesperanza, porque espera con ansiedad, la oportunidad del fin de esta tragedia de pobreza, inoperancia y desgobierno de varias décadas en la provincia. Con la segunda Legislatura más cara del país, y con enormes falencias en educación, salud, seguridad, infraestructura, por nombrar sólo algunas. Ya Salta y Santiago nos superan en participación en las exportaciones, y el único empleo que crece en Tucumán es el empleo público. Frente a esto, las ambiciones personales, los egos, el apego al poder, las ventajas personales y familiares, son las prioridades de la mayoría de nuestros políticos. El adversario está del otro lado, es el que se enriquece con la política, el que lucra con la pobreza, el que pone el bienestar personal por encima del bienestar general. Voy a citar un caso histórico, que nos debe servir de ejemplo. Es el caso de un personaje de la antigua Roma, Lucio Quincio Cincinato. Era un noble que cultivaba en persona su parcela de tierra que tenía del otro lado del Tíber. En el año 458 a.C., el ejército romano quedó atrapado en los montes por el ejército montañés de los ecuos. El Senado y el cónsul decidieron que la situación era tan grave que justificaba nombrar un dictador. El dictador en cuestión estaba arando su tierra cuando le llegó la noticia. Cincinato dejó el arado, se puso la toga, y tras cruzar el río, ordenó a todos los romanos en edad militar que se presentaran en el Campo de Marte antes de la puesta del sol, con provisiones para cinco días y 12 estacas de madera cada uno. En la noche ordenó que cavaran una zanja y clavaran las estacas rodeando a los ecuos. Al día siguiente, tras varias horas de combate, los enemigos que estaban rodeados, se rindieron. Cincinato los dejó marchar, pero antes los obligó a abandonar sus armas y pertenencias. Cincinato repartió el botín entre los soldados, sin conservar nada para él. Regresaron a Roma y celebraron el gran triunfo. A Cincinato le quedaban seis meses de mandato, pero a los 15 días, para sorpresa de todos, renunció al cargo, cruzó el río, y volvió a su parcela de tierra sin haberse enriquecido nada. El ejemplo de alguien que teniendo un poder casi absoluto, renunciaba voluntariamente a él, quedó guardado en el recuerdo de los romanos y en la cultura popular. Muchísimos siglos después, al final de la guerra de la independencia de EEUU, se formó la sociedad de los Cincinnati, cuyo primer presidente fue George Washington, y que defendía los mismos ideales de servicio desinteresado a la nación que ejemplificó Cincinato. El nombre de la ciudad de Cincinnati, en el estado de Ohio, se debe a esta sociedad. Vale esta narración para una reflexión, aunque no pretendemos un Cincinato tucumano, sino muchos ejemplos de entrega desinteresada a la provincia.
José Manuel García González
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