¿Quién pagará los costos políticos de las reformas?

La próxima composición del Congreso será clave para establecer si el futuro gobierno tendrá la fortaleza para tomar medidas pocos populares

EL FUTURO CONGRESO. En las próximas elecciones de octubre se renovarán 130 bancas en la Cámara Baja, además de 24 en el Senado. EL FUTURO CONGRESO. En las próximas elecciones de octubre se renovarán 130 bancas en la Cámara Baja, además de 24 en el Senado.
Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 05 Marzo 2023

Pensar hoy en un acuerdo multisectorial en la Argentina suena a utopía. Pero sea quien fuere el próximo presidente de la Nación llegará cargado con una mochila de problemas políticos, económicos y financieros que requerirán de reformas estructurales que, como históricamente ha quedado demostrado, suelen ser impopulares. Bajar el gasto público es más que costoso en un país en el que, al menos, unos 19 millones de habitantes gozan de algún beneficio o plan social estatal. La gestión de Alberto Fernández ha dado algunas señales de depurar el padrón y bajar, por ejemplo, los subsidios en energía. Paralelamente, habrá que buscar la forma de generar un plan que frene la inflación y deje de fabricar pobres a partir de la suba exponencial en el precio de los alimentos.

Nada de esto figura en la agenda pública de los potenciales candidatos a presidente de la Nación. Sin embargo, hay contactos y sondeos entre algunos referentes de distintas fuerzas políticas con el fin de testear si se puede arribar a un consenso básico de acciones de gobierno más allá del resultado de las elecciones generales de octubre.

El escenario actual no es el ideal. Como define el analista político Sergio Berensztein es de “peras y manzanas” porque hasta ahora sólo se sabe que hay un candidato presidencial firme (Javier Milei), pero que no cuenta con un espacio definido como plataforma de lanzamiento, pero a la vez hay dos estructuras que pugnan desde hace tiempo por el poder, pero sin postulantes a la vista por la puja interna. Si acuerdos, la transición será traumática y la Argentina terminará repitiendo la historia de que la culpa es siempre del anterior.

La política trata de desterrar de su vocabulario la palabra ajuste. Prefiere usar el término correcciones que, en economía, se tradujeron en posponer pagos para los próximos años. En lugar de dilapidar esfuerzos en ajustes fiscales inconducentes, el camino debe ser atacar los problemas de organización del Estado, señala un diagnóstico del Instituto para el Desarrollo Social de la Argentina (Idesa). Esta es la manera de generar las condiciones para alcanzar y sostener el equilibrio fiscal mejorando la calidad de la gestión pública. “Para ello, hay que abordar un ordenamiento integral del sector público que incluya, entre otros temas, la simplificación y unificación de impuestos, la eliminación de la coparticipación para que cada provincia y municipio se financie con lo que genera en su territorio y el ordenamiento de funciones para que los tres niveles de gobierno no se superpongan entre sí en los servicios que tienen que brindar a los ciudadanos”, sugiere la entidad dirigida por el economista Jorge Colina.

Desde hace tiempo, el FMI viene sugiriendo a la Argentina que reformas que implique regulaciones de acceso a los mercados, una reforma impositiva y políticas activas para el mercado laboral. La discusión actual pasa por regenerar la capacidad de pago, acumulando más reservas en el Banco Central.

Pensando en una futura composición legislativa, Berensztein señala que si la inercia justicialista continúa, quedará en minoría en la Cámara de Diputados. De igual manera, advierte el consultor, nada garantiza que los parlamentarios que lleguen con Milei responderán al economista. Más compleja es la situación en Juntos por el Cambio que no ha logrado definir una estructura para tratar de constituirse en un bloque fortalecido en el Congreso.

Mirando hacia el oficialismo actual, Berensztein afirma a LA GACETA que el Partido Justicialista está a las puertas de una de las peores derrotas de la historia si no hay un repentino cambio de rumbo. Según su análisis, hoy cuentan con 33 puntos, menos de lo que obtuvo por ejemplo Eduardo Duhalde en 2003, pero si se sumaba el voto peronista contaba con un 60% (los que captaron Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Néstor Kirchner). “Es una situación que no tiene precedentes porque hoy puede que el voto peronista no vaya a Juntos por el Cambio, pero sí a Milei, como una representación de la bronca y el moderado vuelve a JxC”, apunta. En este cuadro de situación es donde los gobernadores juegan un papel preponderante para que el peronismo no sufra tanta disgregación de sufragios, más allá del desdoblamiento de los comicios en varios distritos del país.

Así, ningún dirigente político quiere pagar el costo político de un ajuste que, inexorablemente, expone a la Argentina a seguir ese camino para corregir el rumbo macroeconómico y comenzar a pensar en un país más normal desde sus variables.

La cuestión central es que el apoyo inicial que tiene todo gobierno cuando asume no será tan extendido como lo fue históricamente y que en promedio, han significado dos años de luna de miel. Todo pasará por la instrumentación de las medidas y sostenerlas en el tiempo, aún cuando ello implique sacrificios no sólo para el Estado, sino también para la población.

Comentarios