Manzur espera señales de la oposición, antes de imprimirle más ritmo a la campaña.
Juan Manzur y Osvaldo Jaldo tienen dos estilos claramente diferentes en la manera de conducir institucionalmente la provincia y también en encarar la campaña electoral. El gobernador trata de que la gestión transcurra como en el último año, cerrando las obras públicas que él mismo contribuyó para el financiamiento federal y, además, calmando los ánimos de los casi 110.000 empleados públicos con las paritarias en medio de una inflación galopante. Esas dos cuestiones le permitirán, en cierta medida, llegar al 14 de mayo sin grandes contratiempos. En el medio de ese camino también tendrá que atender las penurias de los sectores productivos, con una ecuación financiera que no les cierra porque los gastos se cotizan al dólar “blue”, mientras que los ingresos por la producción se reciben a dólar oficial. Más allá de eso, no hay mayores contratiempos para la Casa de Gobierno.
Jaldo sigue atentamente desde la Legislatura lo que acontece en la gestión que lo tuvo a él como conductor interino en los 513 días en los que Manzur se desempeñó como jefe de Gabinete de la Nación. Incluso viajó esta semana a Buenos Aires a cerrar algunos acuerdos firmados con anterioridad al retorno del gobernador y seguramente tendrá que viajar la otra semana para más tratativas. En el fondo, al tranqueño le interesa una transición ordenada si es que las urnas le sonríen el 14 de mayo.
Otro fenómeno que se modificó fue la concurrencia a la Casa de Gobierno. A Jaldo le faltaban las horas para atender a la dirigencia en su oficina. Manzur, en tanto, prefiere más hacerlo fuera del Palacio de Gobierno. Sean las listas oficialistas, las de Tucumán para la Victoria y los acoples, tanto candidatos como dirigentes del manzurismo y del jaldismo están espantados por la falta de recursos para afrontar una campaña, cuyo principal objetivo es retener la gobernación y tratar de sumar más intendencias al signo justicialista.
Los popes oficialistas admiten que se trata de una campaña que puede ser considerada “gasolera”. Sin rivales directos a la vista, para ellos es prematuro alimentar a una estructura que, al decir del vicepresidente primero de la Legislatura, Regino Amado, está en pleno proceso de reproducción de adeptos y de potenciales aliados. Juntos por el Cambio no ha exhibido, hasta ahora, una fórmula que haga frente a la dupla Jaldo-Manzur. Las principales cabezas del peronismo tucumano esperarán que la situación decante en los próximos días antes de poner el pie en el acelerador. En reiteradas oportunidades, el gobernador afirmó que la relación con su compañero de fórmula es óptima y que, por ese lado, no habrá enfrentamientos antes, durante, ni después de la campaña. “Todos se deben acomodar a esa realidad porque las internas quedaron atrás, allá en 2021, y ahora el peronismo tiene que consolidarse en la provincia”, ha dicho recientemente el jefe de campaña del oficialismo en una charla con LA GACETA.
Jaldo tiene la misma postura. No pierde detalles de cada acto que se realiza en la provincia, como tampoco saca de su vista lo que acontece en la Capital. Para él, ganarle al Partido de la Justicia Social, la estructura que armó el actual intendente Germán Alfaro, es uno de sus desafíos mayores. Cree que con la candidatura de la actual diputada Rossana Chahla, hay amplias chances de ganar la elección. Sin embargo, en su entorno admiten que hay que seguir trabajando arduamente para que el voto de gobernador se replique en capital para la postulación de la ex ministra de Salud a intendente.
En los próximos días asomarán algunas encuestas encargadas por el oficialismo y, en el caso de San Miguel de Tucumán, la propuesta oficialista chocaría con dos potenciales postulaciones: la de la actual senadora y esposa del intendente, Beatriz Ávila, y la del ex diputado radical José Cano.
La ansiedad carcome a los referentes oficialistas que ya hacen cálculo hacer de cuánto será la “inversión” que deberían realizar para, por ejemplo, ganar en un municipio u obtener una banca legislativa. Los gastos se concentran casi exclusivamente para el día de la elección y están relacionados con el pago a los fiscales de mesa, el traslado, el refrigerio, la papelería que se requiere para que no haya grandes inconvenientes en el cuarto oscuro tanto para sus listas como para los eventuales acoples. De mínima, algunos estiman que podrían estar gastando unos $ 30 millones. Otros, en cambio, prevén que esas erogaciones pueden rondar los $ 50 millones, tomando como piso un nivel de votantes de unos 10.000 a 12.000 casos.
El financiamiento de las campañas electorales suelen ser motivo de desvelos para todos los frentes que pugnan en cada elección. Lo de “gasolero” es sólo temporal porque, en definitiva, terminan siendo millonarias, en la que los ganadores van recuperando la inversión con el tiempo, mientras que los que pierden quedan con una deuda que, en muchos casos, no se puede llegar a cancelar hasta el próximo turno electoral. En el camino, si al Frente de Todos las urnas le sonríen, le esperará una ardua tarea: demasiados candidatos para pocos cargos en juego dejarán decenas de heridos en distintos lugares de la provincia. La contención de dirigentes no es un proceso sencillo. Lo primordial para el Frente de Todos es evitar otra vez las internas que no sólo han sido desgastantes, sino que han dejado un aprendizaje de que una pelea de esa naturaleza lo ha dejado al borde de una derrota en las elecciones de medio turno de 2021, a dos puntos de Juntos por el Cambio.








