Preguntas entre la sabiduría y la duda

Síntesis de quienes necesitan saber el porqué de sus culpas

26 Febrero 2023

Poesía panes mojados - Sergio Gabriel Lizárraga (Ediciones Ente Cultural - Tucumán)

Que toda lectura supone un acto personal, armado con códigos propios, es una verdad entre obvia e indiscutible. Pero no toda lectura nos exige ese alto porcentaje de empatía e imaginación que requiere la poesía. También es diferente la forma de leer poesía entre un consumidor no poeta y un poeta consumidor. Este último, por lo general, se impone más de una lectura; una para entrar en clima y poder ubicarse en el mundo conceptual del autor, otra para disfrutar de algunos hallazgos, y otra para interpelar al poeta y (de escritor a escritor) discutir la mayor o menor felicidad de algún texto. Ésta, y discúlpenme las alusiones personales, es la forma en que me enfrento a un libro de poesía. Hay otras, por supuesto.

El libro Panes mojados de Sergio Lizárraga se divide en dos secciones; una más extensa ‘Sombra de árboles’, de 27 poemas; y ‘Sangre de pan / Místicas’, de 9. A pesar del yo discursivo que une estilísticamente ambas partes, las dos son muy diferentes entre sí. Esto le da riqueza y profundidad al material tratado.

Puesto ya a disfrutar de mi porcentaje en esta obra, como lector, en la primera parte del libro veo a Sergio como un ciervo casi ciego en un bosque interminable. Su historia y su sabiduría son los puntos que lo guían para no perderse. Habla de sí, habla de su madre, habla de su padre, habla de todos. “Soy un poco de cada perdón / porque soy un poco de cada error” confiesa en uno de sus poemas, volviéndose universal en esa redención casi inevitable.

En la segunda parte del libro, fuertemente espiritual, creo ver a un hombre que lucha por mantener los pies sobre la tierra mientras su cabeza se surca de dudas. Sería un desacierto hablar de reescrituras bíblicas, en todo caso son el ‘mea culpa’ de historias que otros resolvieron a su manera. Este hombre ya no es el ciervo casi ciego, a merced de árboles y de niebla, salvado por intuición; es, en todo caso, una síntesis de quienes necesitan saber el porqué de sus culpas. Las preguntas que se hace Sergio Lizárraga no tienen respuestas, simplemente porque no están dirigidas a nosotros que, como lectores, podríamos acercarle algunas de nuestras inexactitudes. Pero no. Sus preguntas son ríos inevitablemente retóricos que lo atraviesan sin detenerse; y que como todos los ríos (supongo) quieren llegar al mar.

© LA GACETA

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