
Tuve el privilegio de emprender mi vida universitaria con el Dr. Hernán Frías Silva, cuando ingresé a la facultad de Derecho en el año 2001. Traía todo el entusiasmo y también el resquemor lógico de quien, al preludiar su carrera, se percata de que está ante el primer paso de un derrotero que va a determinar su vida. Casi de manera accidental me anoté para cursar Historia del Pensamiento Político y Jurídico con el Dr. Frías Silva, y rápidamente me sentí cautivada por la vocación con la que compartía su saber y estimulaba la curiosidad en sus alumnos, más allá de lo estrictamente académico. Su forma particular y amena de enseñar me impulsó a seguir acompañándolo en sus clases durante los siguientes años mientras viví en Tucumán. A su calidad intelectual se agregaba una gran generosidad, ofreciéndome acceso irrestricto a su copiosa biblioteca. En su afán de brindar una formación integral a sus alumnos, frecuentemente me proponía libros que él de antemano sabía que me harían enfurecer. Conocía y transmitía la importancia de analizar los hechos históricos desde distintas perspectivas. Tenía la virtud de ser un gran consejero para las cosas serias, y una excelente compañía para reírse de las cosas mundanas. Siempre voy a atesorar las charlas con él y Patricia, su entrañable esposa y compañera. Mi querido profesor, a través de los años te convertiste en un entrañable amigo. Gracias por inspirar a las generaciones de jóvenes que tuvimos el honor de ser tus discípulos. Te vamos a recordar con todo el respeto y el afecto que supiste infundir. Descansa en paz, doctor.
Lucía Ibarreche Brühl
luibarreche@gmail.com







