
Tres episodios vinculados con la seguridad en balnearios, ríos y lugares a donde va la gente en busca de refresco en el tórrido verano han generado alertas por los riesgos que se corren, que pueden terminar en tragedia
El hecho más doloroso ha sido el de la turista de González Catán, ocurrido el 1 de febrero en la zona de El Mirador del río Los Sosa, ubicado en un tramo de la ruta 307 entre Santa Lucía y el monumento al Indio. Intentó tomarse una fotografía sobre una piedra, se resbaló y se la llevó la correntada. Pese a que sabía nadar y tenía capacidad de respuesta física como profesora de pilates, el torrente la arrastró y se cobró su vida. De acuerdo a los testimonios, se trata de un lugar al que concurren visitantes en busca de fresco y de disfrutar del paisaje. De hecho, cuando fue el cronista de LA GACETA, poco después de la tragedia, había tres familias en el mismo sitio. “Es un río caudaloso, así sepas nadar te puede llevar el agua y te golpea contra las piedras. Nunca vi guardavidas acá, pero porque tampoco creo que se deba nadar acá, es más bien un lugar para apreciar la naturaleza”, dijo un visitante. La misma policía advirtió de que se trata de un caudal que crece repentinamente en verano (se abren las compuertas del dique La Angostura); recomendó no adentrarse sin guía en la montaña y advirtió que en ese caudal no hay que bañarse, apenas se puede mojar los pies. “Hace poco una nena de seis años cayó al agua y la corriente se la llevó; gracias a Dios había un bañista más abajo que la pudo agarrar”, dijo un oficial. Lo que faltaba en el sitio era cartelería suficientemente ilustrativa de los riesgos.
Otro caso ocurrió el 7 de febrero en Tafí del Valle, cuando fue rescatada una turista de Chaco que quedó atrapada en una pequeña isla ante una súbita crecida del río La Banda. Por fortuna el rescate fue exitoso. También hace pocos días una familia padeció la crecida del río Lules junto a un puente en Famaillá pero salieron ilesos. Ese caudal es afluente del río Grande de El Siambón, que en 2005 fue escenario de un drama familia, cuando la súbita crecida de las aguas arrastró a una mujer y a su hijo mientras los bañistas buscaban desesperados refugio. Esa tragedia fue mencionada hace pocos meses, cuando se supo de un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación reclamando un nuevo juicio por indemnización a las víctimas. También entonces falleció un niño pescador de 12 años, arrastrado por esa misma creciente en el río Lules.
En esa causa judicial se reflejó un fuerte debate acerca de las responsabilidades por riesgos en ríos de montaña. Se trataba de un sitio promocionado como autocamping y usado popularmente como un balneario en los meses de verano y había unas 600 personas en el río en el día en que ocurrieron los hechos. Pero no había carteles de advertencia de crecientes, los cuales fueron colocados después de la tragedia. En este sentido, es interesante observar la fundamentación de la Corte al definir que la ley provincial 3.921, al establecer las obligaciones que atañen a la defensa civil en el ámbito provincial, “preceptúa que por esta se entiende ‘el conjunto de medidas y actividades no agresivas tendientes a evitar, anular o disminuir los efectos que la acción del enemigo o de la naturaleza, o cualquier desastre de otro origen, puedan provocar sobre la población y sus bienes y, además, contribuir a restablecer el ritmo normal de vida de la zona afectada’ ”. Añadió que las declaraciones del entonces ministro de Seguridad sobre las crecidas de ríos de montaña en verano “justificaba un pormenorizado tratamiento sobre las obligaciones que le incumben a la demandada (la Provincia) a efectos de prevenir daños ocasionados por esta clase de fenómenos naturales”.
Los últimos episodios han mostrado que los equipos de seguridad y de Defensa Civil tienen cierta capacidad de respuesta ante los hechos consumados –en el río Los Sosa estuvieron cinco minutos después de que fueran alertados- pero faltan estrategias y protocolos de prevención. Esto es, saber a fondo dónde están los sitios frecuentados por la gente en busca de descanso y fresco, y proporcionar y mantener la cartelería de advertencia adecuada. Estamos en plena temporada de verano y los riesgos están presentes.







