“No todos los vecinos tienen las mismas posibilidades de afrontar el dengue”

Un estudio realizado por investigadoras del Conicet demostró cómo en el Gran San Miguel de Tucumán la epidemia afecta más a quienes viven cerca de microbasurales o en contextos socioambientales poco favorecidos.

Infectados con dengue en más de la mitad del país Infectados con dengue en más de la mitad del país
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 12 Febrero 2023

¿A quién estás criando en casa? La pregunta, en el spot publicitario del Ministerio de Salud de la Nación, va dirigida a los vecinos y el mensaje es claro: hay que limpiar los fondos de las viviendas y sacar todos los recipientes que puedan acumular agua y convertirse en criadero del mosquito Aedes aegypti. Aseguran que es la medida más efectiva para terminar con el insecto que transmite el dengue. Y pone al vecino como uno de los mayores responsables en las tareas de prevención para frenar la epidemia de esta enfermedad.

El problema con este mensaje es que no todos los vecinos se encuentran en las mismas condiciones para combatir el dengue. Eso es lo que demostró un estudio realizado en el Gran San Miguel de Tucumán por las investigadoras del Conicet Agustina Malizia, Matilde Malizia, Paula Boldrini, Carolina Monmany-Garzia, Giselle Alejandra Rodríguez y María Gabriela Quintana.

Las profesionales demostraron cómo las desigualdades en los distintos barrios condicionan la lucha contra el vector de la enfermedad, que cada día suma más casos en nuestra provincia.

Más expuestos

Según explicaron, si se quiere mitigar o controlar el problema del dengue es un requisito indispensable entender las condiciones que favorecen la proliferación del mosquito en el aglomerado Gran San Miguel de Tucumán. En este sector identificaron más de 300 barrios populares, alrededor de 100 urbanizaciones cerradas y una multiplicidad de barrios construidos por el Estado, que configuran áreas con mejores y peores condiciones de vida.

“Claramente los sectores populares están más expuestos a la enfermedad que transmite el mosquito; tienen otra capacidad de actuar ante el dengue. Parece una obviedad, pero en nuestro estudio lo que hicimos fue evidenciarlo con datos concretos”, señala Boldrini.

El trabajo comparó los mapas de los focos y la propagación del dengue en 2020 (la última gran epidemia) con otros mapas que develan las condiciones de vida de los habitantes, la localización de microbasurales y la presencia de desagües, entre otros ítems. Así encontraron que las zonas que reportaron más casos de la enfermedad coinciden con sectores de la ciudad que presentan peores condiciones de vida, donde pueden verse múltiples microbasurales, que abarcan desde residuos dispersos hasta grandes vertederos.

“No todos los vecinos tienen las mismas posibilidades de afrontar el dengue”

“Sin embargo, en otras zonas de la ciudad con mejores condiciones de vida también se registraron casos de dengue, aunque en menor cantidad. Esto sugiere que la exposición ante esta enfermedad no es exclusiva de los grupos más vulnerables, pero los afecta más”, aclara.

“A todo esto hay que sumar que en los sectores de menos recursos tienen más dificultades económicas para adquirir productos para protegerse de la picadura del mosquito, como por ejemplo repelentes o espirales”, enumera. “Está claro que, para hacer frente a esta epidemia, no basta con ponerles un cartel que diga que los vecinos tienen que limpiar su casa. Es necesario desarrollar más políticas públicas de igualdad”, insiste Boldrini, que es doctora en Ciencias Sociales al igual que Matilde Malizia.

“Lo interesante del trabajo es que tiene la participación de investigadoras de distintas áreas: especialistas en el estudio del mosquito, de condiciones de vida y de microbasuales y medio ambiente”, remarca Malizia.

La infraestructura

“Hay que prestar mucha atención al contexto. Cuando cruzamos los datos vemos que las malas condiciones de vida se relacionan directamente con el dengue; aunque no significa no haya en otros sectores. La infraestructura de una zona tiene mucho que ver; por ejemplo: si el barrio tiene acceso a red de agua y si ese servicio funciona bien, si hay presencia de basurales, si hay recolección de basura, y también los recursos económicos y la falta de empleo formal, entre otras cosas”, señala. “Claramente no todos tienen las mismas posibilidades de afrontar un brote de dengue. Y también hay que desterrar el mito de que el mosquito solo se cría en aguas sucias y estancadas”, insiste.

Según el trabajo realizado por las profesionales, el dengue está muy relacionado con el desorden socioambiental. Las personas les estamos dando a los mosquitos todo lo que ellos necesitan para reproducirse: recipientes con agua que les sirven de criadero, ya que el mosquito deposita allí sus huevos para que se desarrollen sus larvas. Además, la vegetación circundante los ayuda, especialmente cuando hay malezas. Y también el clima: que haya más lluvias, por ejemplo, o más temperatura en lugares fríos.

¿Qué ocurre primero?

¿Qué ocurre primero: el dengue o las condiciones socioambientales desfavorables para que el mosquito Aedes aegypti exista?, se preguntaron las investigadoras. “Ambas y de manera sinérgica. Será difícil controlar esta enfermedad si no mejoramos todas las condiciones que ayudan al desarrollo del insecto. En el Gran San Miguel de Tucumán el brote de dengue se ve favorecido por distintas situaciones: la ciudad presenta cursos de agua contaminados (canales de desagüe y ríos) y acumulación de residuos sólidos urbanos en microbasurales a cielo abierto que se multiplican de manera constante. Además, en estas áreas residen los grupos sociales más vulnerables. Todo esto debe ser atendido, generando mejoras socioambientales”, resumieron.

Las autoras dijeron que no solo hay que trabajar más puertas adentro de los hogares, sino también puertas afuera, en el espacio público: “esta tarea corresponde a la esfera de las políticas públicas. En efecto, quienes viven en áreas con mejores condiciones de vida (por ejemplo, en urbanizaciones cerradas) tienen más posibilidades de mejorar sus hábitos. En cambio, quienes habitan en áreas con peores condiciones de vida (por ejemplo, en barrios populares) con servicios y equipamientos deficitarios y en cercanía a microbasurales, tienen menos posibilidades de elegir cómo abordar esta enfermedad”, dijeron.

“Las desigualdades se vinculan no sólo con la posibilidad de cambiar hábitos puertas adentro”, insistieron.

Malizia contó que en este análisis también salió a la luz una situación por la cual iniciaron una nueva investigación: qué pasa con la gestión de la basura. “Hay una falta de concordancia entre los municipios y otras autoridades, que muchas veces no va de la mano de las posibilidades de la gente. Piden separar residuos; o por ejemplo sacar cacharros o recipientes en desuso. Pero no todos tienen las herramientas para llevar eso hasta un ecopunto. Entonces, qué pasa con esa basura. ¿Será que termina favoreciendo la multiplicación del mosquito?”, se pregunta la profesional.

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