Inocente o culpable: ¿estamos capacitados para decidir?

Inocente o culpable: ¿estamos capacitados para decidir?

El formar parte de un Jurado obliga a un hombre a tomar una decisión y pronunciarse sobre algo. A los hombres esto no les gusta. A veces es desagradable”.

  “Matar a un ruiseñor”

Tucumán podría avanzar en 2023 en uno de los aspectos jurídicos más importantes de la última década. Con varios proyectos en danza y con la previsión que ya hace al respecto el nuevo Código Procesal Penal, la provincia podría avanzar hacia el tan esperado juicio por jurados, una práctica que ya se implementa en 11 jurisdicciones y que, a ojos de una gran parte de los juristas, puede ayudar a transparentar la Justicia.

En la provincia hay varios proyectos de ley en danza, sin demasiadas diferencias entre sí y, a decir del ex juez penal y profesor de Litigación Oral de la UNT, Pedro Roldán Vázquez, sólo falta la decisión política. La primera provincia en llevar adelante este proceso fue Neuquén, a mediados de la década pasada. Tal vez el debate más importante fue el que se llevó a cabo en Córdoba, cuando hace pocos meses 12 jurados decidieron absolver a Marcelo Macarrón, el esposo de Nora Dalmaso, asesinada en 2006 en el country Villa Golf de Río Cuarto, Córdoba. Pero la primera pregunta que surge en una sociedad donde la grieta nos separa en muchísimos sentidos es si estamos preparados para decidir sobre uno de los valores más preciados del ser humano: su libertad. A principios de noviembre, el catedrático Martín Sabelli respondió esa cuestión a LA GACETA: “El juicio por jurados es una forma de abrir al ciudadano las puertas de la Justicia. De involucrarse. Se habla de falta de valores, pero estamos tan preparados como Estados Unidos para poner en marcha este sistema. Aquí, en Argentina, hay más alfabetización que en Estados Unidos. Lo que se necesita para ser parte de un jurado es sentido común, y eso lo tenemos”.

En promedio, los veredictos de los jurados son en un 80% condenatorios y en un 20% absolutorios, similar a otros países. Además, investigadoras como Sidonie Porterie y Aldana Romano concluyeron que un juez técnico y un jurado popular tienen un 78% de acuerdos en sus resoluciones. En el 22% restante, los jurados son más proclives a absolver, por lo que son más benevolentes que los jueces técnicos, según un informe de Télam.

¿Qué podría pasar en Tucumán? En un principio la idea sería utilizar el sistema clásico, conformado por 12 jurados, que decidan sobre la inocencia o culpabilidad del acusado luego de haber escuchado a las partes y analizado las pruebas. Siempre, antes, durante y luego del debate, son guiados por un instructor, ya que deben seguir indicaciones como no hablar con los involucrados en el proceso. Y antes de la audiencia tanto la fiscalía como la defensa llevan adelante una selección, en la que pueden impugnar a los jurados y pedir el cambio por otra persona. En principio, para elegir a los jurados al azar se utilizaría el padrón electoral. Los jurados no deciden el monto de la pena, instancia que queda en manos del juez de la causa Se trata de un juicio enteramente oral, público y acusatorio sin actas escritas, gobernado bajo el estándar de prueba más allá de toda duda razonable. Y hay un punto crítico y que no debe dejar de soslayarse: el veredicto debe ser unánime. No puede haber disidencias,

¿Cuáles son los beneficios de este proceso, en un país donde hay críticas desde todos los sectores a la Justicia? Sin dudas, el involucramiento de la sociedad. Según Roldán Vázquez, “crea una plena imparcialidad, sobre todo en aquellos casos donde hay presión social, política, de todo tipo que puede haber, hasta de la prensa, eso nos garantiza en los casos complicados que los jueces sean imparciales por ser accidentales y los protege el secreto ya que nadie sabrá cómo se votó. Los jurados son juzgadores de los hechos con la misma lógica con la que actúan los jueces”. Con él coincide Andrés Harfuch, vicepresidente de la Asociación Argentina de Juicio por Jurados, para quien “la deliberación del jurado es la garantía más grande que existe para evitar el error judicial. Los jueces técnicos o la Corte Suprema rara vez deliberan; se pasan papeles, no se juntan a discutir, que es la base esencial de la democracia”.

Según el fiscal Edgardo Sánchez y el defensor Agustín Eugenio Acuña, “El jurado ha luchado muchísimo con excusas del estilo de “la sociedad no está preparada”, “no tenemos cultura”, “nos falta conciencia cívica”, “falta educación suficiente”, “la provincia es muy chica, todo el mundo se conoce y nadie querrá ser jurado”, “la Constitución exige sentencia motivada y el veredicto no lo es”, “la prensa y la opinión pública condenan antes y eso influiría en los jurados”, etc., etc., como pilares de la resistencia a su implementación. La resistencia no se da por vencida y traslada la lucha a otros ámbitos en los que quiere imponer un elitismo irritante en los requisitos para ser jurado. Podemos hacer la mejor de las leyes, pero nos estaremos engañando si les exigimos a los jurados que tengan el secundario completo en un país donde apenas el 41% lo realiza íntegramente a la edad esperada. Por eso debemos dejar de lado opciones excluyentes y elitistas. Es suficiente exigir tan solo saber leer, escribir, hablar y comprender nuestro idioma para integrar el jurado”.

El juicio por jurados es un mandato que establece la Constitución Nacional de 1853 en tres artículos diferentes. Y según esa norma, se establece para casos graves, cuya pena mínima sea de ocho (8) años, aún en grado de tentativa (homicidios, femicidio, violaciones), aunque en algunas provincias se eleva la pena hasta los 15 o incluso los 25 años para poder realizar juicio por jurados.

¿Estamos preparados los tucumanos para ser protagonistas principales de una de las decisiones más importantes que puede tomar una persona? Sólo el tiempo lo dirá, pero sin dudas, será una forma de involucrarse y de crecer como sociedad.

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