¿Una travesura del Cuchi Leguizamón en el cementerio donde descansa?

AMIGO DE LOS DUENDES. El ilustre salteño Gustavo Leguizamón. AMIGO DE LOS DUENDES. El ilustre salteño Gustavo Leguizamón.

Duérmete contento que están por llegar las penas del hombre que tú harás cantar…

Un revuelo de proporciones en una buena parte del país provocó la denuncia de que los restos de Gustavo “Cuchi” Leguizamón habían desaparecido del cementerio de la Santa Cruz, en la capital salteña. El martes, José María Leguizamón, uno de los hijos del autor de “La Pomeña”, dijo que había ido a visitar a su padre y no había hallado el féretro. “Llamé a un amigo porque no podía creer lo que estaba pasando y entre varias personas no pudimos dar con el ataúd que contiene los restos mortales de mi padre, porque no está donde debía estar”, le dijo al diario El Tribuno.

El músico contó que había hecho el reclamo y verificó con los empleados de la necrópolis que el ataúd no estaba. “Yo lo traje aquí a mi papá e incluso presenté una nota que cualquier movimiento que tuvieran que hacer debían consultarme a mí. No está y ahora -por el martes a la tarde- está hasta el director de cementerios tratando de dilucidar qué es lo que pasó”, señaló.

Arrorró viajero de la eternidad, duérmete dorando nuestra soledad.

Enterados de la denuncia, Juan Martín y Luis Leguizamón, también hijos del autor de la Zamba del laurel, esperaban un informe escrito de las autoridades del cementerio sobre el episodio denunciado. “Agradecemos a la gente que se preocupó y que nos demuestra su amor por el Cuchi… Cuando se hace un movimiento, tiene que haber papeles y órdenes firmadas. Ahora no está el administrador del cementerio. Queremos que nos den todos los datos por escrito”, dijo Juan Martín. El “Moro” había sostenido que era la persona autorizada para que el cementerio le comunicara cualquier novedad relacionada con los restos de su padre. “El Cuchi tuvo cuatro hijos, no hay ninguno por encima del otro. A las autorizaciones las dan los familiares directos”, dijo Luis.

Duérmete en mis brazos, duende del amor, que la vida entona tu dulce arrorró.

En la edición de ayer del Nuevo Diario de Salta, el director del cementerio, Julio Villafañe, manifestó que la última vez que se registró una visita de algún familiar al mausoleo del ilustre músico y pianista fue en febrero de 2018. Los restos del Cuchi ingresaron el 28 de septiembre de 2000 al Mausoleo 132 de la sección 1A. Respecto de la denuncia del “Moro”, como lo apodan a José María, el directivo dijo que fue “una confusión del hijo con respecto a la ubicación de su padre. Su padre nunca se movió del Mausoleo que está acá (el número 132). Según él, estaba en otro lugar (en el 137) y se hizo un traslado hace tiempo atrás de otro pariente y él vino y encontró que no estaba, pero nunca estuvo ahí”.

Arrorró mi sangre, mi gajo, mi sol, si se duerme el sueño cantaremos dos.

Tal vez aburrida de tanta eternidad, alborotada por los duendes, la carcajada del Cuchi Leguizamón se despabiló y sedienta de travesuras, salió a buscar a su vecino, el Barbudo Manuel Castilla, para escanciar abrazo fraterno de una canción de cuna para el bienbec en la nocturnidad.

Arrorró mi vino, lámpara de amor, que tu sueño crezca cantando en mi voz.

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