Estudiantes le quieren cambiar la cara al barrio El Bosque

Los alumnos entrevistaron a los vecinos y desarrollaron propuestas para mejorar el vecindario. Más iluminación, sacar un muro de la escuela y reubicar la comisaría.

UNA DE LAS PROPUESTAS. Así quedaría la plaza de acuerdo al proyecto que desarrollaron los alumnos de arquitectura. UNA DE LAS PROPUESTAS. Así quedaría la plaza de acuerdo al proyecto que desarrollaron los alumnos de arquitectura.

Si los vecinos del barrio El Bosque pretenden buscar un respiro en la plaza cercana a sus casas les resulta algo difícil. Para empezar, el espacio verde es muy chico y suele estar sucio. Pero hay algo que les inquieta más: justo en el sector de los juegos infantiles hay una pared que, en la parte más alta, tiene un pequeño ventiluz enrejado. Del otro lado, se encuentra el calabozo de la Comisaría Sexta.

Llegar caminando hasta la plaza Mario Bravo, ubicada en el pasaje Arenales y calle Asunción, es otra odisea: las veredas están destruidas y en muchos sectores invadidas por las raíces y las ramas de los árboles. Ni hablar de sentarse a descansar en uno de los bancos del paseo: el paisaje que se puede apreciar desde ahí está conformado, de un lado, por un paredón garabateado con aerosoles y, del otro lado, por una veintena de vehículos secuestrados que acumulan tierra. A media cuadra de ahí, la imagen es aún más desagradable por la presencia de un basural a cielo abierto que se forma justo en la vereda de la escuela primaria del vecindario. Además, falta iluminación en muchas de las calles.

Por esta situación, que ocurre en la manzana principal del barrio, los vecinos pidieron ayuda a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UNT. En una nota, solicitaron asesoramiento para ver cómo se puede mejorar el sector. Y un grupo de estudiantes de quinto año de la carrera se interesó. Después de realizar un relevamiento en la zona, hicieron sus propuestas.

VEREDAS DESTRUIDAS. En la manzana más importante del barrio El Bosque los vecinos no pueden ni caminar seguros. VEREDAS DESTRUIDAS. En la manzana más importante del barrio El Bosque los vecinos no pueden ni caminar seguros.

La arquitecta Silvia Aldonate, profesora asociada de la FAU, comentó que las propuestas surgen en el marco del trayecto académico integrado por la práctica profesional asistida (“Espacio público y ciudad”) y de la materia electiva “Evaluación de la calidad urbana ambiental en el ámbito metropolitano”.

Las arquitectas Dora Castro y Rosa Lina Cuozzo son las otras docentes a cargo del proyecto que realizaron los estudiantes Lucía El Gandur, María Eliana Isaya, Lara Balsells, Mauro Lera, Augusto García, Benjamín Alvez y Gustavo Elías.

La idea, según comentaron, es que los alumnos que se reciben de arquitectos puedan proyectar sobre una necesidad concreta de la ciudad; en este caso optimizando el entorno en la manzana más significativa del barrio El Bosque, que se centra en la calle España, entre San Miguel y Asunción.

La escuela

El sector en el que proyectaron mejoras los alumnos de arquitectura cuenta con varios espacios importantes para los habitantes de la zona. Además de la comisaría y de la plaza, allí se encuentra la escuela primaria Miguel Lillo, cuyo edificio ha sido declarado como bien del Patrimonio Cultural, detalló Aldonate.

Estudiantes le quieren cambiar la cara al barrio El Bosque

Cuando fue construido el establecimiento, en 1931, fue considerado de gran valor para el desarrollo de toda la zona noroeste de la ciudad. “Lamentablemente es un hermoso edificio que no puede apreciarse porque está escondido y separado de su entorno por una tapia. La escuela está negada al paisaje urbano”, señaló la profesional.

Marisol Rodríguez Calvo, directora de la institución a la que asisten más de 600 alumnos, cuenta que sufren mucho por la inseguridad y el vandalismo. También porque en el entorno del edificio hay un basural. Aunque han desarrollado proyectos desde el establecimiento para mejorar la calidad ambiental de la zona, no es fácil frenar a los que arrojan residuos allí, reconoce.

“En general toda está zona está muy degradada. Tampoco se entiende que el patio de la escuela, donde juegan los niños esté pegado a una comisaría, y más aún a un sector donde alojan presos. Es incompatible”, apuntó Aldonate.

Entrevistas

Cuando los estudiantes de arquitectura entrevistaron a los vecinos se llevaron varias sorpresas. Muchos viven en el vecindario desde hace más de 20 o 30 años. “Tienen un gran sentimiento de pertenencia y no se quieren mudar. Pero están cansados de vivir puertas adentro y de no poder disfrutar su barrio, de ver cómo se deteriora con el paso de los años. El problema, según señalan, es que la ciudad creció en forma muy desordenada hacia este punto cardinal y de repente el barrio se vio rodeado por asentamientos”, relataron los alumnos.

TRAS LOS MUROS. El edificio histórico de la escuela primaria Miguel Lillo no puede apreciarse bien desde la calle. TRAS LOS MUROS. El edificio histórico de la escuela primaria Miguel Lillo no puede apreciarse bien desde la calle.

Según averiguaron, El Bosque inicialmente tenía seis hectárteas, que el Estado había comprado en 1925 para desarrollar el barrio. Al parecer, le pusieron ese nombre porque antes existía en la zona un gran vivero. “Siempre fue muy tranquilo. Los vecinos extrañan poder andar por las calles sin miedo porque muchos de ellos sufrieron hechos de inseguridad”, contaron los estudiantes, a quienes les llamó la atención ver el mal estado en que se encuentra la zona, pese a que está muy cerca del centro de la capital.

De acuerdo a los testimonios que recogieron, a algunos residentes los asaltaron a metros de la comisaría. Otra situación que les genera temor es que muchas veces, estando en la plaza, vieron cómo los familiares de los presos les pasaban cosas por el ventiluz. “Hay zonas muy oscuras e inseguras. Sufren por el vandalismo, por las aguas servidas, por los basurales”, detallaron.

En las propuestas que hicieron, los objetivos son recuperar la identidad del Barrio El Bosque y el sentido de pertenencia por parte de sus vecinos; ya que esto redundará en lograr respeto y cuidado por el espacio urbano, eliminando los actos de vandalismo que lo degradan cotidianamente, señalaron.

Propuestas

Los avanzados estudiantes proponen repensar el límite del edificio escolar, interviniendo el actual muro que la separa de la vereda. Además, proyectan jerarquizar el acceso de escuela por calle España. También plantean repensar los límites de la comisaría en relación a la plaza y a la escuela; o bien pensar la re ubicación de seccional sexta en otro predio.

Asimismo, remarcan la necesidad mejorar la iluminación y señalización general del sector, no solo de calles sino también en las veredas y en plaza para revertir la situación de inseguridad actual de esos sectores.

En otro punto, proponen incorporar actividades, como por ejemplo una pista de salud sobre la vereda de la calle San Miguel como respuesta para erradicar definitivamente el basural a cielo abierto. Lo que sí pidieron los vecinos es que respetaran la gruta que se encuentra en un sector de la plaza.

Los alumnos presentarán estas propuestas el miércoles ante las autoridades municipales y están muy ilusionados, al igual que los vecinos que participaron con sus opiniones. “Celebro mucho esta iniciativa y que se pueda mejorar todo el entorno de la escuela”, expresó la directora, Rodríguez Calvo. En estos días, el Ministerio de Educación está haciendo obras de refacción en la institución y también colocará cámaras de seguridad, sensores de movimiento y de puertas.

Marcelo Alvarez, que a diario lleva a sus hijos a la escuela, se emocionó ante la iniciativa. “Hace mucho que esperamos algo de progreso aquí en el barrio. Ojalá haya mejoras y también los vecinos nos involucremos más, como ocurría hace algunos años cuando no vivíamos con tanto miedo”, evaluó.

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