En la colmada sala del Centro Cultural de la UNT nadie se fue sin haberse reído. Hugo Varela fue el responsable de que ello ocurriera en la noche del sábado.
Quien quería sorprenderse tuvo su oportunidad; los que deseaban cantar, lo hicieron. Lo mismo ocurrió con aquellos que querían moverse en sus butacas al ritmo de diferentes géneros. Pero todos se rieron, probando en los hechos un catálogo de risas que acuñó el mismo humorista.
"Es un milagro tanta gente reunida", repitió medio en broma, medio en serio el humorista, quien hizo gala de sus destrezas, picardía e ingenio para sostener un show de dos horas. Sin caer en los a veces groseros chistes gastados, el cómico realizó cuadros compositivos con escasos recursos escénicos.
Varela actuó también anoche, y los tucumanos acudieron nuevamente, a pesar del intenso frío.
Narrador de cuentos, compositor de canciones y creador de instrumentos, Varela estableció un diálogo directo con la gente desde el principio. Un público que en su mayoría parecía ya conocerlo, y que se prestó a la complicidad, con sus coros, y hasta con un "aro, aro", en una chacarera santiagueña. "No importa, nadie es perfecto", respondió cuando al referirse en un chiste a la escuela primaria, dos hombres de las butacas afirmaron que "el gobernador no la tiene".
Musicalmente, pasó del folclore y del tango a la cumbia, ofreciendo una amplia gama de recursos. Entre estos, no fueron menores sus actuaciones, algunas con verdaderos rasgos caricaturescos, lo que hizo recordar su interpretación del "Inodoro Pereyra" de Fontanarrosa.
Instrumentos
Mostrando sus cualidades de un luthier consumado, presentó una silla convertida en arpa; una pierna de maniquí en violín; una bolsa de residuos que puede sonar como un acordeón, y una caja de timbres viejos como bandoneón. Créase o no, los hizo sonar en conocidas melodías.
Quien quería sorprenderse tuvo su oportunidad; los que deseaban cantar, lo hicieron. Lo mismo ocurrió con aquellos que querían moverse en sus butacas al ritmo de diferentes géneros. Pero todos se rieron, probando en los hechos un catálogo de risas que acuñó el mismo humorista.
"Es un milagro tanta gente reunida", repitió medio en broma, medio en serio el humorista, quien hizo gala de sus destrezas, picardía e ingenio para sostener un show de dos horas. Sin caer en los a veces groseros chistes gastados, el cómico realizó cuadros compositivos con escasos recursos escénicos.
Varela actuó también anoche, y los tucumanos acudieron nuevamente, a pesar del intenso frío.
Narrador de cuentos, compositor de canciones y creador de instrumentos, Varela estableció un diálogo directo con la gente desde el principio. Un público que en su mayoría parecía ya conocerlo, y que se prestó a la complicidad, con sus coros, y hasta con un "aro, aro", en una chacarera santiagueña. "No importa, nadie es perfecto", respondió cuando al referirse en un chiste a la escuela primaria, dos hombres de las butacas afirmaron que "el gobernador no la tiene".
Musicalmente, pasó del folclore y del tango a la cumbia, ofreciendo una amplia gama de recursos. Entre estos, no fueron menores sus actuaciones, algunas con verdaderos rasgos caricaturescos, lo que hizo recordar su interpretación del "Inodoro Pereyra" de Fontanarrosa.
Instrumentos
Mostrando sus cualidades de un luthier consumado, presentó una silla convertida en arpa; una pierna de maniquí en violín; una bolsa de residuos que puede sonar como un acordeón, y una caja de timbres viejos como bandoneón. Créase o no, los hizo sonar en conocidas melodías.







