Cartas de lectores: Martín Fierro: la otra mirada

25 Noviembre 2022


El hombre de paz, de trabajo y de progreso que fue el paradigma de la Argentina durante el periodo de la inmigración fue suplantado, inexplicablemente, por otro modelo: “el del gaucho pobre que se hizo violento”, cuyo principal exponente es el personaje literario conocido por Martín Fierro. Trataremos aquí de extractar, en apretada síntesis, algunos párrafos del libro “Por qué crecen los países”, del distinguido historiador tucumano José García Hamilton, quien selecciona, con un lenguaje lúcido, polémico y contundente, una veintena de versos y estrofas muy esclarecedoras sobre las andanzas del célebre gaucho pampeano el que, inicialmente, era bucólico y trabajador. Y así lo dice: “Yo he conocido esta tierra / En la que el paisano vivía / Y su ranchito tenía / Y sus hijos y mujer / Era una delicia de ver / Cómo pasaban los días”. Pero, un buen día, Fierro fue enganchado para la “leva forzosa” como se llamaba el servicio militar de aquella época. AIIí las condiciones eran muy duras: debía luchar contra los indios, cobraba poco y sufría los abusos de los jefes militares. Hasta que, en algún momento, según manifiesta: “Decidí mandarme a mudar / Como cosa más sigura”... Pero al volver a su hogar se encuentra con el rancho destruido y la esposa y los hijos dispersos por lo que, en ese instante, resuelve hacerse un “gaucho matrero”. (”Yo juré en esa ocasión / Ser más malo que una fiera”). Poco tiempo después Fierro, desertor y perseguido, fue una noche a un baile, se emborrachó y se puso violento. “Y la emprendí contra un negro / Que trujo a su mujer en ancas”. Y a continuación provocó a la morena: “Va ca yendo gente al baile”. Cuando el negro trató de defender a su pareja, lo mató a puñaladas... Y anduvo después como un gaucho errante: “Matreriando lo pasaba / Y a las casas no venía”. Hasta que una noche vino a buscarlo una partida de policías: “Vos mataste a un moreno / Y a otro en la pulpería / Aquí está la polecía / Que viene a ajustar tus cuentas”. En esas circunstancias, Martín se resistió y mató a dos uniformados. Seguidamente se dio a la fuga y marchó a las tolderías, quedando allí como cautivo. “Ellos amparan a los cristianos / Y los trata como hermanos / Cuando van por su gusto; / Allí no hay que trabajar / Vive uno como un señor / Lo pasa hechao panza arriba / Mirando dar vuelta al sol”... El libro de José Hernández tuvo, por entonces, mucho éxito de ventas. Años después (1870) Hernández escribió una segunda parte, titulada “La vuelta de Martín Fierro”, con la historia de lo sucedido a su protagonista después de haber sido recibido por los indios. Allí refiere que, en cierta oportunidad, Martín escapó de las tolderías y huyó a caballo con una cautiva... De vuelta a la civilización, un buen día encontró a sus hijos en un baile y allí comenzó a contarles sus pasadas desventuras y sus crímenes: Finalmente decide darles sabios consejos en el sentido de que sean honrados, unidos, trabajen y no pierdan el tiempo; admitiendo que él mismo no fue un buen ejemplo: “El hombre no mate al hombre / Ni pelee por fantasía / Tienen en la desgracia mía / Un espejo en qué mirarse”... Y fue a partir de entonces, según parece, que el Martín Fierro pasaría a ser considerado como “el emblema de la argentinidad”. Ahora bien, ¿cómo fue que este “gaucho matrero” -como se definió a sí mismo- fuera tomado como arquetipo de Ios argentinos? Ricardo Roias, por ejemplo, sostuvo en su “Historia de la literatura argentina”, que Fierro era un hombre sensible, paladín del amor, de sabiduría, de libertad y de justicia; mientras que Leopoldo Lugones lo consideraba un “héroe y civilizador de la pampa”. En cambio, Roberto Arlt, en las famosas “Aguafuertes porteñas” escribe que el empeño de reivindicar al gaucho proviene de un “nacionalismo al cohete” sosteniendo que el mismo era un elemento retrógrado, enemigo de la civilización, del progreso y del trabajo: “Cuando se trata de informarse qué ha hecho, qué rieles ha tendido en la pampa, qué postes telegráficos ha colocado, qué usinas construyó, se encuentra usted con el vacío perfecto”. Entre tantas otras cosas, es sabido que este triste gaucho odiaba a los extranjeros: “Yo no sé por qué el gobierno / Los manda a la frontera / Gringada que ni siquiera / Se sabe atracar un pingo”... Lo cierto es que el Martín Fierro, es decir el canto a la ruptura de las leyes y la exaltación a la marginalidad, llegó a convertirse en nuestra “eрореуа nacional”, aunque su contenido tuviera más de episodio policial que de gesta bélica y supuestamente heroica. Jorge Luis Borges comentó, finalmente, que el Martín Fierro es un libro bien escrito pero muy mal leído. Tan divulgado como mal entendido.

Arturo Garvich

Las Heras 632

San Miguel de Tucumán


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