24 Noviembre 2022

No es posible caminar por las calles de San Miguel de Tucumán sin sufrir algún tipo de accidente por las condiciones de las veredas deterioradas por demoliciones, por la caída de materiales o por las obras de instalación de agua y otros servicios. En algunas cuadras todavía están retazos de manguera e incluso con pérdida de líquido pese a que desde hace varios meses la SAT se propuso renovar las instalaciones callejeras. A todo esto se agrega el desnivel pues pareciera que la ciudad se levanta sobre colinas, en especial donde se encuentran nuevos edificios. El estado de las calles es un ejemplo de anomia pues cada quien usa los espacios peatonales para lo que fuera menester; sea como ampliación de servicios de comercio, cafetería o feria. En algunos casos hasta las pistas son de marcadas con diversos materiales para complementar esos afanes. No podemos soslayar que desde los techos caen chorros de agua, lo que debería ser canalizado para evitar mortificar a los peatones. Es curioso, eso no sólo cuando hay lluvia sino cuando se asean los balcones. Es curioso, pues se obliga a cada propietario a construir, conservar y reparar la vereda que le corresponde como si tuviera título de propiedad de ese espacio, cuando eso le corresponde al municipio, como ocurre en todas las ciudades del mundo, dado que son espacios comunitarios. No obstante, los propietarios pagan impuestos. Ahora que convivimos el mundial de balompié, una vez más nos muestran que los gobiernos nacionales y locales se preocupan de ofrecer las instalaciones públicas en las mejores condiciones; las vimos en Rusia, Brasil, Italia y en todos los países donde se escenificaron esos encuentros. Las autoridades no obligaron a los dueños de inmuebles a invertir su dinero para mejorar veredas y pistas, sino que cumplieron con sus funciones; para eso se aprueban, exigen y cobran impuestos.

Fernando Sotomayor 

J. B. Alberdi 139-3 

San Miguel de Tucumán


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