“Hablar de suicidio me salvó la vida”

Fernando Gómez relata cómo encontró en el diálogo con sus pares, su salvación ante los pensamientos suicidas. Cómo abrir los oídos y ser “un espacio” para otros.

ANTE 11.000 PERSONAS. Fernando Gómez durante la charla que dio en el Movistar Arena, cuando contó sus problemas de bullying. ANTE 11.000 PERSONAS. Fernando Gómez durante la charla que dio en el Movistar Arena, cuando contó sus problemas de bullying.
Paula Barbaran
Por Paula Barbaran 24 Noviembre 2022

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Tedx es una organización de medios estadounidense-canadiense sin fines de lucro que brinda y publica charlas internacionales en línea para su distribución gratuita bajo el lema "ideas que vale la pena difundir". Las charlas Tedx hacen referencia a la Tecnología, Entretenimiento y Diseño y buscan difundir ideas valiosas en la población mundial. Desde hace algunos años se realizan en Argentina y tienen amplia repercusión. Hasta ahí llegó Fernando Gómez, un estudiante de psicología de 20 años con un fuerte mensaje sobre el suicidio, un tema que continúa siendo tabú en la sociedad actual a pesar de que es la segunda causa de muerte de los chicas y chicos argentinos que tienen entre 10 y 19 años (según datos de Unicef de 2019).

Para realizar una charla los disertantes deben ser previamente seleccionados y luego son asesorados por especialistas sobre cómo encarar el tema -del cual quieren hablar- para que sea más atractivo. Fernando pasó todos esos filtros para hablar durante 13 minutos ante más de 11.000 personas el 1 de noviembre en TEDxRíodelaPlata que se desarrolló el Movistar Arena. Su charla, “Hablar de suicidio me salvó la vida”, ya lleva cientos de vistas. “Saben qué decirte antes de subir al escenario para que vos entres confiado. Parece que yo hablo mucho, pero en realidad soy muy tímido. Hay mucha ciencia sobre cómo ser orador detrás de Ted”, contó Fernando en diálogo con LA GACETA.

Con un buzo gris y la capucha cubriéndole la cabeza y parte del rostro, Fernando comenzó su disertación con un rap que resume gran parte de su existencia y el motivo de su charla: “no quiero hablar de nada ni cuando juego al ahorcado, sé que es un juego pero igual lo he pensado, ese bullying en la escuela porque soy un cisne raro, un tormento, un castigo, no doy más, estoy cansado”, repite su voz sobre una música electrónica que le marca el ritmo. Luego de respirar hondo comienza a contar su historia: “Me dijeron que en mi infancia fui feliz. La verdad, no me acuerdo. A los 12 años me atrapó la tristeza, empecé a tener pánico a la gente, no quería que me vieran. Vivía encapuchado, escondido. Estaba tan mal que hasta pensé en suicidarme. Mal en todos lados y peor en la escuela. No soportaba las burlas. Si me equivocaba en algo, me tomaban de punto y me lo echaban en cara todo el tiempo. Quería desaparecer, ser invisible. Con la capucha nadie me podía ver y si no me veían, no se burlaban. Me quería escapar de todos, por eso me quedaba en casa. Solo. Siempre solo todo el tiempo. Un día conocí a unos pibes que eran como yo, patos feos, cisnes raros, hundidos en un pozo. Nos gustaban los mismos juegos de la computadora, mirábamos los mismos animés. No eran como los chicos que me molestaban. Y encima hacían parkour: acrobacias en la calle saltando de techo en techo. Ahí, si te caías, nadie se burlaba; te daban la mano, te levantabas y seguías. Caerse era parte del juego. Me junté con ellos. Dejé de estar solo y a ellos les pude contar. Conseguí un superpoder, el poder de hablar. Dejé de sentirme raro y aunque seguía con mis ganas de morirme, a veces las olvidaba. Pero sin los pibes la única compañía que tenía era la capucha. Mi desesperanza, mi rabia, mi tristeza seguían. Estaba tan mal que todo me molestaba y ahora con mi nuevo superpoder me quejaba por todo. El pibe callado que no molestaba se transformó en una protesta viva. Debo haber sido tan insoportable que mi vieja me dijo: ‘¿Querés ver a un psicólogo?’. Y, por suerte, lo encontramos. Me escuchó, me arropó y pude hablar”.

-¿Cómo te sentiste el día de la charla?

-Fue el triple de mejor de lo que esperé. Antes de subirme estaba muy asustado como que no había caído cuánta gente estaba hasta ese momento. Yo ya vengo dando charlas pero nunca fueron tan grandes como esta. Fue una emoción bastante grande. Cuando empecé a ver las caras de la gente, me di cuenta de lo que la gente me transmitía, sentí que yo le podía hablar de cualquier temática. La cara de la gente me decía que tenía mucho interés por saber lo que yo tenía para contar y eso me hizo sentir enormemente bien.

-¿Es fácil hablar de suicidio abiertamente?

-Esta es mi opinión y creo que mi experiencia es amplia porque vengo trabajando con este tema desde que tengo 15 años. Es un tema detonante a nivel académico pero no significa que no se puede buscar la forma de cómo hablarlo. Por eso quería hablar en una Tedx porque quería demostrar que una persona con pensamientos suicidas puede hablar de eso y se puede reproducir si elegimos bien las palabras y la forma. Hay todo un ejercicio atrás de saber qué y cómo decirlo. Se habla de una historia de vida sin tocar el morbo, para que el mensaje se entienda. Eso creo que deberían hacer los medios de comunicación, es su obligación aprender a usar estos recursos.

-¿Cómo llegaste a estudiar psicología?

-Yo venía pensando en otras carreras, como muralismo, producción audiovisual, filosofía, pero en una sesión con mi psicólogo -a quien que le agradezco muchísimo y hoy en día le tengo un afecto bastante grande- me dijo que él consideraba que yo estaba muchísimo mejor que cómo había llegado y conversando sobre qué iba a estudiar le comenté que me gustaba psicología y él -sin tratar de influir en mí- me dijo: “yo no te quiero decir qué tenés que estudiar, pero realmente creo que serías un muy buen colega a futuro”. Y cuando me dijo esto, me convenció. Yo ya trabajaba con este tema y formulaba teorías sin darme cuenta. Y me di cuenta que las otras actividades me gustan mucho pero son como mi cable a tierra prefiero que no sean mi trabajo.

-¿Hasta dónde creés que puede llegar tu mensaje de la importancia de hablar sobre el suicidio?

-A nivel social, me gustaría que se les brinde a los chicos clases de inteligencia emocional. Los grandes están errados y siempre se proponen “mejorar el futuro”, el porvenir de los jóvenes pero, en realidad, siempre anteponen problemas que los jóvenes seguramente van a poder resolver, como la economía. No digo que no sea un problema gravísimo que tenemos en nuestro país perro que un bully siga haciendo bullying porque se siente mal en la casa o que un chico tenga pensamientos suicidas porque tiene un bully que lo atormenta, no son cosas que se van a resolver solas. Me gustaría enseñarle a ese que pega que no tiene que pegar, que puede salir de ese odio y aprender a controlarse. Y, a quien recibe ese bullying, esa rabia que viene de otro, que aprenda que él no tiene la culpa ni tampoco que eso le va a pasar toda la vida. Entiendo que otros pasen por esto porque yo también pensaba así. No digo que sea fácil, pero a mí hablar de suicidio me salvó la vida.

-¿Hay espacios para que los jóvenes se animen a hablar de esto?

-Es un tema más complejo. Espacio ¿en qué sentido? Porque yo hoy puedo ser el espacio de una persona que me escribe por Instagram o alguien que lee esta nota encuentra su espacio. Espacios hay, no hace falta una organización detrás. Quizás yo solo puedo hacer que dos o tres personas se sientan mejor en su día a día. Creo que hace falta gente que quiera ser un espacio, me parece que es más así. Hace falta que estemos más abiertos, receptivos, a lo que pasa. Suena filosófico o teórico pero una vez que entendés y ves los distintos tipos de sufrimiento te ayuda mucho a superar los tuyos propios. Te hace ver que hay cosas que son más graves que las tuyas y hay otras que no son tan graves.

Teléfonos para ayuda

Si necesitás ayuda, llamá al 0800-345-1435 (en Argentina) o al número de asistencia del país en donde estás. Más información, al número (011) 5275-1135. 

En cuanto a la charla que dio Fernando Gómez en Tedx, la podés escuchar en este link. También está en Youtube bajo el nombre “Por qué tenemos que hablar del suicidio”

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