23 Noviembre 2022

El domingo pasado, leí con gran interés, el artículo “Esbozo para una teoría del llanto”, de Jorge Daniel Brahim en LA GACETA Literaria. Desde que salimos del vientre materno, ya viene ahogado en nuestra garganta el llanto por dejar nuestro acuático mundo conocido, para toparnos con lo desconocido. Miles de escritores han hablado del llanto, y en mi humilde opinión, no hay nada que sane tanto, como el llorar amargamente la pena, es como dejar salir en energía líquida y amarga todo nuestro dolor. Si de amor se trata, nadie puede negar que nos hace llorar en la misma proporción en la que nos da felicidad. Lloramos por las partidas, los adioses, los desalientos, los logros… ¡Y hasta lloramos de alegría! ¿Quién no lloró alguna vez por ese recuerdo guardado en lo más recóndito del alma, por una bella canción? Lloramos por el primer contacto con nuestros hijos recién nacidos, por esa señora, amiga de tu madre agitando un pañuelo blanco, despidiendo a ese ser que amaste tanto. ¿A quién no le cayó una lágrima cuando vio entrar a su gran amor a la iglesia, para sellar un “te quiero” para toda la vida? El llanto ha nacido con la humanidad, habita el mismo lugar que todo lo espiritual, en el alma misma y nos diferencia de los demás seres vivos. Así que, tratándose de” llanto” convivimos con él a diario, y si en algo ayudara, yo me lloraría un río para acabar con la guerra, la angustia, el hambre y el dolor del mundo.

Sandra Elisabet Sosa 

Italia 382 

San Isidro de Lules

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