De la narrativa oral al cine

Personajes unidos por un contrapunto doble. Por Elena V. Acevedo para LA GACETA

20 Noviembre 2022

El libro de Tornatore se inicia con una breve introducción, a la que titula “Doble contrapunto”, donde el director reflexiona sobre la importancia de la narración oral como primera fase de la realización cinematográfica. Lo expresa así: “Muchas películas deben su existencia a un relato oral… si nuestro relato consigue interesar a los que nos escuchan, es presumible que nos pidan que demos el siguiente paso, que es la escritura”.

Antes de esa primera narración oral a la que alude Tornatore pueden pasar años de esbozo y construcción de los personajes. En el caso de La mejor oferta llegaron primero las figuras de una joven introvertida y agorafóbica y la de un hombre obsesivo vinculado con la subasta de obras de arte y las antigüedades. Luego siguió la etapa de unirlos en un cronotopo y de hacerlos interactuar según ese procedimiento que en la música se conoce como “contrapunto doble”.

El contrapunto tiene que ver con la composición, la improvisación y el logro de un equilibrio armónico, que en el libro y luego en el filme, se logra a través de los dos personajes principales, Virgil Oldman - nótese el significado de su nombre- y Claire.

Este libro es, al decir de Tornatore, un texto híbrido entre cuento y guion sin ser ni lo uno ni lo otro: “Incluso la división en capítulos cortísimos parece ya indicativa del carácter secuencial típico de la narración cinematográfica.” Lo cierto es que el objetivo de la narración literaria no tiende hacia el mismo fin pragmático que persigue el guion, el cual busca dar indicaciones precisas para la filmación, mientras que el relato literario busca deleitar al receptor a través de la palabra sugeridora y diversos recursos estilísticos que le permitirán realizar su propia representación del mundo narrado.

El libro está formado por 30 capítulos breves, sin título y con numeración romana.

En el primer capítulo se introduce al personaje principal, Virgil Oldman, el día en que cumplía 63 años. Poco a poco el lector va reconstruyendo su personalidad a través de breves caracterizaciones: “se jactaba de no haber tenido nunca móvil… la sola idea de llevar en el bolsillo uno de aquellos artefactos, asesinos de la intimidad, le repugnaba más que la de tocar sin guantes la cara de un cadáver putrefacto”.

El personaje femenino es Claire Ibbetson que se empieza a revelar como una gran incógnita desde los párrafos iniciales, formaliza citas que luego rehúye, no se deja ver e interactúa solo a través de su voz. Oldman acepta su pedido de armar el catálogo de obras de arte y muebles de su mansión.

Otro enigma a develar por parte de Virgil son las múltiples piezas que encuentra en la Villa Ibbetson y que parecen ser partes de un autómata del francés Vaucanson. Se las muestra al joven Robert, quien irá analizando estos engranajes incompletos de una máquina que no tiene explicación y que pareciera ser del célebre constructor de autómatas del siglo XVIII.

De la misma manera el lector, y luego el espectador en el filme, irá reconstruyendo la maquinaria del relato a través de indicios.

Incertidumbre

Peter Wollen, el semiólogo inglés, a propósito del cine ha señalado la diferencia entre suspenso (el espectador conoce el secreto pero el personaje no), misterio (el espectador no conoce el secreto pero sabe que hay un secreto) y sorpresa (el espectador no sabe que hay un secreto hasta que súbitamente es revelado). Podríamos agregar que hay un caso más, incertidumbre (el espectador sospecha que hay un misterio y espera develarlo).

La relación de Virgil -que pone el acento en la contemplación de la obra artística- con las mujeres resulta siempre difícil. En efecto, cuando finalmente se encuentra frente a Claire la acaricia: “Era la primera vez que tocaba la piel de una mujer y con las manos desnudas”. El lector irá apreciando los avances de la relación amorosa y la transformación de los personajes, el compartir espacios físicos que hasta ese momento habían estado vedados el uno para el otro.

El macguffin, como recurso del guion para hacer que la historia avance, está ya inserto en este texto híbrido de Tornatore: Virgil tiene como meta hacer un catálogo -luego desechado- acrecentar su propia pinacoteca de figuras femeninas, lograr el amor de Claire.

“En toda falsificación se esconde algo auténtico” dice el autómata hacia el final del relato y deja al lector sumido en múltiples interrogantes sobre la autenticidad de las relaciones humanas.

Se ha dicho también que el objetivo final del guion es desaparecer. Este relato de Tornatore tiene como fin contarnos una historia, mantenernos en vilo y experimentar junto al protagonista los riesgos que implica salir del “Yo” como única entidad segura.

Nos lo contará después en el cine.

© LA GACETA 

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