
Una vez le pregunté a mi abuelo -filósofo él- cuándo se es viejo; se sacó los anteojos, miró al cielo y pausadamente, pero con firmeza, me dijo: “se es viejo cuando te molesta la risa de los jóvenes. Por eso hoy, a mis 84 años, para no parecer tan grande, con el oído endurecido por los años, porque las palabras algunas veces parecen un murmullo, dejo que mis oídos se conmuevan con las alegrías de otros”. Porque juventud es eso: ruido, acción, movimiento, ocurrencias, participación, desenfado. Los niños solo cuando están enfermos están quietos y silenciosos. El mundo sería distinto si los adultos pudiéramos recrearnos con las ocurrencias de los jóvenes. Hasta el mismo Papa Francisco les dijo “hagan ruido”. Como educador y docente considero que un establecimiento educacional no puede tener el silencio de un monasterio, porque es energía viva en acción. No lastimo al pájaro ruidoso que me despierta a la mañana. Le agradezco que me advierta que existo todavía.
Domingo Omar Almirón
rongo@gmail.com







