Maestra de maestras, el nombre de Beatriz Lábatte tiene un espacio propio ganado en el mundo de las artes escénicas, proyectado desde Tucumán al país. Inquieta, lúcida, desafiante e insatisfecha permanentemente, la “artista, investigadora, bailarina, actriz, coreógrafa, docente e investigadora”, tal como la definió el Instituto Nacional del Teatro (INT), será homenajeada hoy en el marco de la Fiesta Provincial de Teatro que lleva su nombre.
El acto será a las 21 en la sala Orestes Caviglia (San Martín 251) con entrada gratis y, como no puede ser de otro modo, estará atravesado por la danza contemporánea con videos, fotos, mapping y la intervención de discípulos, colegas y exalumnos de Lábatte (representarán un fragmento de “Viendo la gente andar”, coreografía creada para el Grupo de Danza Contemporánea de la Provincia en 2001). De este modo, empieza el tramo central de la Fiesta, ya que desde mañana habrá competencia. Esta noche, todo será celebración sin nervios y con mucho placer.
“Recibo esta distinción agradecidísima y conmocionada. Nuestras trayectorias y quehaceres en el ámbito de lo escénico son siempre, y necesariamente, grupales. Por lo tanto, todos los reconocimientos que recibimos son colectivos; es decir que en un nombre propio se reconoce y se rinde homenaje a toda una comunidad de trabajadores, a quienes hacen y sostienen un campo de prácticas escénicas en un marco social e institucional determinado”, le dice a LA GACETA como precisión sobre el tributo decidido por el INT y el Ente Cultural.
- ¿En cuál de todos los roles que te atribuyen te sentís más cómoda?
- Mi trabajo se ha centrado, especialmente, en la docencia, lo que, de alguna manera, involucra todo lo otro. Tanto la necesidad de una vivencia concreta de lo escénico -en mi caso como actriz, bailarina y coreógrafa- como el estudio y la investigación teórica son necesarios e imprescindibles para el ejercicio de lo pedagógico, al igual que los roles que asumimos en la gestión en espacios institucionales oficiales o privados. Mis más de 40 años de vida universitaria, mi desempeño como docente de la Licenciatura en Teatro desde su creación en 1984 hasta mi jubilación en 2020, y mi actividad privada en la docencia de la danza desde 1981 hasta la actualidad, han sido mi mejor alimento. Y el contacto con les estudiantes es el motor que propulsó mi desenvolvimiento en campos diferentes.
- ¿Cómo cambió el reconocimiento a tu arte en el tiempo?
- Los trabajos sobre la escena han sido muy intensos y gozosos, sobre todo los que se generaron desde el rol de la dirección, un espacio de goce y de plenitud. El reconocimiento hacia nuestro trabajo se fue dando gradualmente y en la medida en que nos dábamos a conocer. Bailábamos en clubes, pubs, festivales, la calle interviniendo en manifestaciones políticas y en apoyo a agrupaciones de derechos humanos; procurábamos estar presentes con nuestro quehacer. El público ha respondido asistiendo generosamente a nuestra funciones. Después vinieron los viajes para presentarnos en diferentes provincias y en otros países, recibimos unos cuantos premios y los críticos nos han dedicado algunas páginas muy hermosas que atesoramos.
- ¿A quiénes recordás en este momento?
- A quienes nos antecedieron, que fueron construyendo una tradición escénica en nuestro territorio desde tiempos muy antiguos; ¡cuánto es lo que desconocemos de sus nombres y procesos! Pienso en la necesidad de la formulación de un cuerpo teórico, histórico, estético, crítico y archivístico común y compartido que dé cuenta de esa construcción escénica y del trabajo incansable que nos precedió generosa y honrosamente. Hay investigadores que entregaron un material teórico importantísimo, pero no sé si lo asumimos como un saber necesario, común y compartido. El rescate de esa resonancia profunda nos posicionaría frente a lo que hacemos desde otro lugar, desde otro saber, que mucho tiene que ver con la posibilidad de estar haciendo hoy esto que decidimos hacer. Algunos de esos nombres viven en mí como una llamita siempre encendida, los que conocí, los me abrazaron: Rosita Ávila, Elba Castría, Genaro Trujillo son los que tuve más cerca.
- ¿Hay una escuela de danza tucumana?
- Hablar de la existencia de una “escuela de danza” determinada me remite a la caracterización que aporta el historiador, crítico e investigador cubano Pedro Simón: en nuestro caso, refiere a un estilo, a un conjunto de peculiaridades técnicas, de formas expresivas, de especial proyección escénica que tienen los bailarines y que los diferencia a unos de otros. Así, se define por su forma de bailar, de usar la técnica, su acento, su proyección, su estilo. La existencia de una escuela de danza específica y diferenciada implica un proceso muy rico y muy complejo y creo que aún no ha sido llevado a cabo en nuestro medio. En Tucumán tiene una larga historia, y actualmente se presenta como muy profuso y particular. Hay un soporte de instituciones oficiales sólido y también existe un medio independiente de formación de bailarines destacado y prestigioso. Sin embargo no parece haber sido suficiente para generar una forma de bailar que caracterice al artista tucumano.
- ¿Qué cosas te están interesando actualmente?
- Estoy interesada en mi entorno más cercano, en mi territorio, en la observación, el estudio y el análisis de los movimientos que se producen en nuestras producciones escénicas y en relación con las condiciones culturales que se han visto modificadas de manera casi radical en las últimas décadas. Los cambios producidos por la sociedad de la información han puesto en cuestión la idea de “racionalidad”, erosionan aquello que entendíamos como “acción comunicativa” y alteran las esferas públicas políticas y discursivas. Algunos filósofos contemporáneos sostienen que, probablemente, el entendimiento humano no esté en condiciones de procesar la cantidad de información, la digitalización y la proliferación informativa que desborda el marco discursivo. Desde la literatura se habla de una especie de terror contemporáneo: el de no saber lo que está pasando. ¿Cómo afecta este cambio radical los modos de producción, los formatos escénicos, las consideraciones y los postulados desde los cuáles producimos escena teatral hoy y aquí? ¿Qué hacemos con toda esa proliferación que nos inunda los ojos, los anhelos y los pensamientos con imágenes surgidas a partir de condiciones objetivas de existencia muy diferentes de las nuestras? ¿Qué es lo que decidimos encarar y producir en un mundo en el que la inequidad y las desigualdades laceran nuestro día a día con insistencia de martillo?
- Este homenaje te encuentra en plena actividad y creatividad, ¿qué se viene de Lábatte en lo inmediato?
- En estos últimos tiempos estuve trabajando con el grupo El Hervidero que dirige José Pintos en La Veleta Cultural y en El Estudio. Estoy muy interesada en los procesos que lleva adelante como colectivo artístico y facilito un Laboratorio de Prácticas Escénicas que tiene subsidio del INT. Sigo apostando a las experiencias de formación y a los procesos de producción. La artista fotógrafa Belinda Quinteros es parte del proyecto con un permanente ida y vuelta entre el registro que fija el movimiento en una imagen y la sucesión dinámica que caracteriza a la danza. Las concepciones tradicionales identifican la danza con el movimiento incesante y con su condición de arte inasible. ¿Puede la danza quedar atrapada en un solo gesto que se fija, indeleble, en la imagen fotográfica? ¿Reconocemos a la danza en esa imagen? ¿Qué es lo que queda de la danza en esa detención? Estuvimos inmersas en un proceso de producción de materiales muy diversos y trabajando en la idea de posibles relatos curatoriales que organicen una convivencia activa entre movimiento e imagen detenida, en un tiempo y espacio compartidos.
- ¿Qué valor le das a la formación?
- Un valor fundante, de ahí mi decisión de habitar, de manera preferencial, el espacio de la docencia, que es siempre un acontecimiento de formación compartida. Los procesos están hechos de intercambios permanentes, de dudas, de incertezas, de apropiaciones y descubrimientos interminables. El conocimiento cierto de lo que nos precede como tradiciones propias de nuestro campo de saber y el cruce permanente con los movimientos que se van produciendo en esos campos tradicionales a partir de experiencias actuales nos da la posibilidad de habitar, plenamente, el universo en el que elegimos vivir. Ese juego entre lo que ya está y lo que llega, esa convivencia fértil entre pasado y presente, sucede en los estados de formación continua.
- ¿Quiénes son tus herederos?
- Todos heredamos y dejamos herencias, más aún si consideramos que herencia tiene que ver con adherencia, con estar adheridos. Somos herederos, invariablemente, lo asumamos o no, de otras personalidades que hicieron y que hacen posible la existencia y la permanencia de un campo escénico teatral y dancístico en nuestro territorio. Como decía Rosita Ávila, somos como el traje del Arlequín, estamos hechos de muchos pedacitos. Me gusta pensar que la herencia tiene que ver con eso, con tener adheridos pedacitos y con dejar pedacitos nuestros adheridos a otras personas.
- ¿Por qué es necesaria una Ley Nacional de Danzas?
- Es fácilmente comprobable si pensamos en el efecto (en especial en las provincias) que tuvo la Ley Nacional del Teatro y la consecuente creación del INT. Es muy edificante para una actividad artística que el Estado establezca un presupuesto para fomentarla, cuando se realiza de forma no oficial. Moviliza y promueve tanto los procesos de creación como el despliegue de diferentes acciones y tareas que involucran a muchas personas, generan trabajo, estimulan el desarrollo de un pensamiento específico, la gestión y promoción de políticas que dan soporte y el desarrollo a ese quehacer, entre tantos más beneficios.
- ¿Cómo se debe encarar el trabajo de los cuerpos en la escena?
- No creo que sea posible pensar en una única manera, en un “cómo” en relación al trabajo escénico y a la gestión de las corporalidades. Las teatralidades actuales son tan diversas y complejas que los procedimientos se multiplican y se desarrollan incesantemente, y de formas particularizadas. Igualmente, los modos de ser y las concepciones de cuerpo se ven permanentemente diversificadas.
- ¿Alcanza el espacio que tiene la danza-teatro en la escena actual o por dónde hay que desarrollarlo?
- En cuánto modalidad escénica liminal, es ya parte del universo de las formas teatrales contemporáneas y por esa condición particularmente impura acoge, entre márgenes inciertos, prácticas y experimentaciones diversas. En cierta medida, sigue siendo ese término “paraguas” debajo del cual cabe una cantidad de manifestaciones escénicas que no pueden encasillarse dentro de límites cerrados o de denominaciones genéricas. Las políticas y los programas de fomento y desarrollo son bienvenidos siempre, en cuanto promueven los procesos de experimentación y el “salirse del perímetro”, como diría el gran Mauricio Kartun, para experimentar y ampliar el círculo.








