OBJETIVOS DISTINTOS. Una diva y un dramaturgo, de nuevo en un camerino.

Una reconocida actriz se reencuentra en su camerino con su exmarido, luego de mucho tiempo. Entre ambos aparecen los recuerdos del incendio que destruyó la sala, los problemas de dinero, el protagónico que nunca llegó, la denuncia de plagio que recibió él y las mentirosas relaciones dentro de la comunidad artística. Así revive la tóxica, competitiva y amorosa relación entre ambos, porque donde hubo fuego, una pequeña llama puede volver a quemarlo todo.
“Diva, aquel recuerdo de fuego” es la comedia negra de la dramaturga argentina Patricia Suárez que el grupo de Teatro Independiente CreArte de Concepción, estrenará esta noche a las 22 en el Teatro de la Estación de esa localidad, con las actuaciones de Natalia Cano y de Emiliano Murga, dirigidos por Gonzalo Veliz.
La prtagonista regresa a habitar los escenarios luego de una pausa. “El teatro es mi religión. En pandemia perdí a un familiar muy querido, un padre para mí, mi tío el Negro. Sentí la necesidad de parar un poco, volver a conectarme conmigo misma. Me fui acercando de nuevo desde otro lugar, escribí la obra ‘Solteras’, me aboqué a la dirección, a ser mi propia productora de mis espectáculos”, describe.
El retorno a la actuación ya estaba encaminado, aunque no lo supiese. “Siempre tuve ganas de volver a trabajar juntos con Gonzalo y cuando leo ‘Diva’ sentí el fuerte deseo de actuar con este director provocador y alocado y con un gran compañero de escena como es Emiliano. Uno cree que se olvida de actuar, pero no. Hay cosas que no se olvidan y que sanan el alma”, remarca.
Así aparece Véliz en el proyecto, con una obra que, en definitiva, retoma la idea de jugar al teatro dentro del teatro. “Es como tener ese fondo enorme con mucho pasto verde para hacer todo eso que ‘las técnicas de teatro’ te dicen y marcan sobre lo que no debés hacer. Cuando me llego la propuesta de dirigir nuevamente a Natalia sentí el deseo de cranear y hacer muy buen teatro con una actriz dúctil y de una fuerte presencia escénica; era una seductora propuesta para un director; Suárez, con su dramaturgia, propone esa delicado límite entre la representación y presentación del juego teatral, por lo que necesitábamos un actor creativo como Emiliano para manejar las emociones en toda su corporalidad”, señala
Cada personaje tiene motivaciones distintas para estar allí, y son diferentes: “ella busca aferrarse a ese recuerdo de una relación que la marcó en su carrera artística y en su vida; y Ladislao busca con todas sus estrategias salir de ese marcado recuerdo”.
La historia del teatro argentino, desde su mismo origen, está vinculada al fuego con el incendio del iniciático Teatro de la Ranchería a fines del siglo XVIII y episodios en todo el país, como en el primer Teatro de la Paz en los 80. “Siempre sobrevivió a todos los incendios y seguirá sobreviviendo porque el nuestro es un teatro auténtico y diverso. Hay que celebrar que en la Argentina y en Tucumán las diversas propuestas escénicas, las diferentes poéticas, la variedad de ideologías. Cuanto más diversidad haya en escena, se asegura que el teatro jamas morirá”, concluye.







