Con la muerte de Noé Jitrik las letras argentinas perdieron una gran figura

El escritor y crítico tenía 94 años y había sido hospitalizado hace un mes por un accidente cerebrovascular que sufrió en Colombia. Había sido presentado como candidato al Nobel de Literatura

UN GRAN MAESTRO. Noé Jitrik era reconocido ampliamente por su obra crítica sobre la literatura argentina.  UN GRAN MAESTRO. Noé Jitrik era reconocido ampliamente por su obra crítica sobre la literatura argentina.

Su muerte conmocionó al mundo de las letras. Ayer el escritor, ensayista y docente Noé Jitrik falleció a los 94 años. Estaba internado en Colombia, adonde había viajado para dar unas conferencias. Pero un día antes de presentarse, hace un mes, sufrió un accidente cerebrovascular (ACV). Su pareja, la escritora Tununa Mercado, y sus hijos, Oliverio y Magdalena, habían viajado para acompañarlo y tenían la intención de regresar con él a la Argentina. Finalmente, ocurrió el peor desenlace.

Jitrik había nacido en Rivera, pequeña ciudad bonaerense casi al límite con La Pampa, el 23 de enero de 1928. Fue uno de los intelectuales más respetados de las letras argentinas. Su extensa obra incluye libros de cuentos, novelas, poemarios y ensayos. El último, Un círculo, forma un tríptico junto a Tercera Fuente (2019) y La vuelta incompleta (2021).

Sus primeros libros son los poemarios Feriados (1956) y El año que se nos viene y otros poemas (1959). Siguió con el ensayo: Leopoldo Lugones, mito nacional (1960) y Horacio Quiroga. Una obra de experiencia y riesgo (1960). Luego pasó al cuento, después a la novela corta y finalmente a la novela, género que trabajó mucho en los últimos años de vida.

Colaboró en la prestigiosa revista Contorno. Durante su trayectoria académica, ejerció la docencia en universidades de Argentina, Francia, Colombia, Estados Unidos, Puerto Rico, Uruguay, Chile y México, país en el que debió exiliarse entre 1974 y 1986.

Dirigió desde 1991 el Instituto de Literatura Hispanoamericana (ILH) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En 1993 fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés y fue reconocido Doctor Honoris Causa en por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Desde 2021 es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y Doctor Honoris Causa de la UBA. En 2017, la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) lo nombró Doctor Honoris Causa.

A inicios de este año había sido postulado al Premio Nobel de Literatura por parte de un grupo de artistas, escritores e intelectuales que, en una carta enviada a la Academia Sueca, destacaron su “escritura original y sorprendente”, su obra literaria que “ha combinado, de modo seminal y alumbrador, una ética social con un compromiso político”, y su voz “inconfundible por la abrasiva suavidad de su escritura”.

Un gran maestro

“Se va un gran maestro, una figura muy importante para los argentinos”, expresó Carmen Perilli, escritora, investigadora y docente jubilada de la UNT. Perilli, que leyó los libros de Jitrik y asistió a numerosos congresos en los que el narrador expuso, lo definió como un gran crítico, teórico e historiador argentino, que complementaba esas tareas con la docencia y el periodismo. “Con sus libros, hizo un gran aporte a la historia”, consideró.

Según detalló, Jitrik se preocupaba por crear instrumentos de lectura, y lo hacía desde su visión de toda América Latina. “Era una persona que abría caminos, que se arriesgaba con sus producciones escritas. Tenía una vitalidad increíble y siempre fue muy respetuoso de la opinión de los demás”, describió. Una de las cosas que más recuerda: cuando él decía que no se podía separar la ficción del ensayo; que escribir era una sola cosa.

Destacó, asimismo, el trabajo que hizo Jitrik al dirigir la colección Historia crítica de la literatura argentina, de 12 volúmenes, y en la que participaron decenas de investigadores, críticos y escritores, entre los que también figura el nombre de Perilli.

“Participó de la creación de revistas culturales. El legado que nos deja es enorme. Actuó en todas las áreas y tuvo un efecto multiplicador”, señaló, y lamentó que haya partido antes de que se concretara un homenaje para él y Tununa Mercado, algo que estaba programado para el próximo 19 y 20 de octubre en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ahora, las jornadas, quedaron pospuestas para 2023.

¿Qué libros nos recomendarías leer de Noé Jitrik?, le consultamos. “Los clásicos, como por ejemplo Muerte y resurrección de Facundo (un clásico de la crítica literaria)”, respondió. También los escritos que forman parte de su obra ensayística, con trabajos sobre Esteban Echeverría, Leopoldo Lugones y José Hernández, entre otros.

Hacer las cosas mejor

“Toda la creación literaria es proyección de temores. Yo escribo mis temores. Aunque no lo digo expresamente, escribo para sacarme de encima mis temores”, había dicho Jitrik en una entrevista con LA GACETA, en plena cuarentena estricta, en mayo de 2020. El escritor habló en esa nota de cómo manejaba su miedo a la muerte. Reconocía que en medio de la pandemia se sentía más próxima: “apenas uno se calma, la muerte se aleja”.

“Yo podría estar pensando que mi muerte no ha de tardar tanto. No digo que esté a la vuelta de la esquina porque me siento muy bien y no tengo nada que indique que se acerca, pero, bueno, por razones biológicas, tan lejos no está. Pero sólo pienso en eso cuando esos temores se acumulan...”, había expresado entonces.

Cuando le consultamos qué mensaje podía dar a los chicos y jóvenes en medio del aislamiento y la angustia que generaba la pandemia, contestó: “una vez alguien me preguntó qué se podía hacer desde el llano para estabilizar la paz. Y dije: “simplemente hacer lo que uno hace, pero mejor, tratar de hacerlo mejor”. Yo recuperaría esa frase, sobre todo, para los jóvenes. El hacer las cosas mejor es algo así como un proyecto, un destino, una tarea y un deber para ser ellos mismos. Ahora, ser uno mismo no lo quita a uno del paso del tiempo ni lo exime de la muerte, pero ayuda a transcurrirlo y a dar un sentido a la existencia. Y la posibilidad de hacer mejor lo que nos toca vale para todos los órdenes de la vida, y sirve para ver con más claridad y poder tomar distancia de la perversidad que nos rodea”.

La pandemia sorprendió a Jitrik en un período de gran vitalidad creativa que derivó en la aparición de dos libros. Cuando le preguntaban cómo hacía para seguir escribiendo con más de 90 años, él contestaba: “me asombra que para algunos la edad sea objeto de curiosidad. Si desde hace 60 años preparo el desayuno todos los días, ¿por qué no seguiría escribiendo todos los días desde hace 70?” (entrevista que dio a la agencia Télam).

Ayer, escritores de distintas partes del mundo lamentaron su fallecimiento. También sus lectores. Muchos de ellos señalaron que, con su partida, queda atrás una enérgica generación de críticos y pensadores que buscaron tender puentes entre la literatura, la política y la sociedad del siglo XX.

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