Oportunidades perdidas

El intento de asesinato de la vicepresidenta abrió una instancia de diálogo. Ha pasado un mes del hecho y se esfumaron todas las posibilidades de que una vez por todas hablen oficialistas y opositores. El filme del encuentro.

Oportunidades perdidas

Parece que hubiera pasado un año, pero anoche se cumplió el primer mes del intento de magnicidio contra la vicepresidenta. Hasta ahora los escasos avances que tiene la investigación judicial no ayudan a disipar los numerosos interrogantes que se vienen planteando en torno al tema.

En los días posteriores al atentado el país se estremeció por la amenaza que pudiera regresar a la calle la violencia política que muchas veces ya se expresa en las redes sociales. Había además una notoria perturbación porque quien había sido el blanco del ataque había venido siendo justamente la divisoria de aguas de la política nacional.

Fue por todo eso que en un momento nos ilusionamos con que se podría generar un clima de diálogo en torno a un consenso fundamental desde el retorno de la democracia en 1983: el rechazo a la violencia como forma de ejercicio de la lucha política en un país que sufrió como pocos esa crueldad. Y, paralelamente al cuidado de la democracia y de sus instituciones, obviamente.

Lamentablemente, aquel precario e incipiente intento de diálogo y búsqueda de acuerdos en torno a erradicar de plano la violencia política, se evaporó más rápido que el agua en ebullición.

Y la lentitud en el esclarecimiento del hecho no contribuye a que se disipen las sospechas y segundas interpretaciones, que varían en función de cuál de los lados de la resistente grieta que separa a la sociedad política, haga el análisis del asunto.

Una temprana anomalía en la investigación, la pérdida de la información del celular del principal acusado, alimenta esas sospechas de índole conspirativa que rodea el caso.

Según el kirchnerismo, fue el encendido de un alerta amarillo con respecto a la eficacia y transparencia de la investigación judicial. En el sentido opuesto se planteó sin rodeos un posible montaje político kirchnerista, poniendo la lupa en la Policía Federal, que está bajo la órbita del Ministerio de Seguridad. El ministro Aníbal Fernández, que controla la fuerza policial, es mirado siempre con recelo por la oposición, pero esta vez juntó a los críticos de ambos bandos, ya que hasta Hebe Bonafini lo cuestionó. En un solo punto coinciden ambas visiones del atentado: que los autores materiales fueron instrumentos de otros intereses.

Si se comprobara el involucramiento del grupo “Revolución Federal”, una especie de secta violenta, en el fallido atentado, el kirchnerismo exigirá que se investigue grupos empresarios vinculados al macrismo. En tanto los opositores insistirán con que fue un autoatentado.

¿Quién está detrás del “grupo de loquitos”, como lo definió Mauricio Macri? Ese es hoy el meollo de la controversia, que no hace más que aumentar la crispación de un debate político ya enrarecido por la cercanía de las elecciones.

La fuerza del cine

Esta semana, más oportuno que nunca fue el estreno de la exitosa película del joven y talentoso cineasta Santiago Mitre, “Argentina 1985”, que gira en torno al complejo escenario político y judicial que debieron enfrentar los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo en el juicio a las juntas militares. El repaso de aquellos horrores recupera del arcón de la historia la reflexión de que el valor del Nunca Más debe formar parte del ADN político de los argentinos. También rememora algo que está latente en el país y en este Tucumán: la imporancia de tener un Poder Judicial independiente y además cuán dificultoso se vuelve conseguir ese objetivo.

Canelada lo hizo

El legislador José María Canelada le dedicó varios días de la semana anterior a llamar por teléfono. Uno a uno convocó a sus correligionarios a que vean la Avant Premiere de Argentina, 1985. El filme, los pochoclos y una gaseosa fueron prenda de unidad por unas horas el lunes último. Canelada consiguió reunir en el cine a figuras de su partido que si se veían en la calle elegían cruzar de vereda antes de saludarse. No faltó nadie a su convocatoria y lo que es más sorprendente consiguió unir el agua y el aceite radical.

La película, el día de su presentación, ya había logrado cumplir con su realización desde el séptimo arte. La iniciativa del legislador Canelada no sólo permitió que respiraran bajo el mismo techo actores principales del radicalismo tucumano de hoy sino también algunos históricos que ya son actores de reparto pero que mantienen la pasión política.

En la sala y por los pasillos del Shopping del Solar se escuchaban las voces radicales que proponían que esta movida debía convertirse en una convocatoria transversal a todos los partidos y a figuras de la política de la provincia, ya que lo que se necesita son señales de unidad nacional, en este dramático momento que vive la Argentina. Setenta y dos horas antes se había vivido una puesta en escena de esas intenciones cuando se hizo la cena de la Sociedad Rural al cierre de la tradicional Expo.

Un hecho como aquel, más que patrimonio de un solo sector, debiera ser bandera de toda la sociedad par que el futuro de Argentina pueda asumir la grieta como una necesidad de puentes y no como un campo de batalla.

Arquero aterrizado

La provincia vivió esta semana que nunca más volverá otro hecho político disruptivo: el ascendente Javier Milei aterrizó en Tucumán de la mano de Ricardo Bussi, sellando una alianza libertario-republicana que en todo caso debe haber arrancado una sonrisa de satisfacción al oficialismo tucumano, ya que el principal afectado de un fortalecimiento político de Fuerza Republicana en la provincia sería el arco opositor al peronismo que pretende articular “Juntos por el Cambio”.

Si la buena estrella del irascible ex arquero de Chacarita no declina en su fulgor, puede significar para Bussi un importante aporte, con lo cual el voto antiperonista terminará fracturándose aún más, para disfrute del Frente de Todos tucumano, que no disimula su confianza en que conservará el gobierno que viene administrando hace décadas.

A medida que pasan los meses desde aquella cruda conflagración entre Manzur y Jaldo en las PASO 2021, las cosas parecieran ir acomodándose en el justicialismo tucumano y todo parece llevar a dos conclusiones: 1) La posición de Jaldo como candidato “natural” del Frente de Todos se consolida. Por lo tanto, la autoproclamación de algunos como candidatos a gobernador “manzurista” en rebelión a Jaldo, fueron tan efímeras como un suspiro. 2) Todo esto no implica que la desconfianza y el recelo entre ambos mandamases del PJ local hayan desaparecido. Pero en apariencia están limitadas a la puja del manzurismo para acomodarse en el nuevo esquema de poder que se pondría en marcha una vez que el tranqueño gobierne con pleno poder y no como hasta ahora.

Manzur tiene fundamentos para tratar de protegerse en el próximo período: la historia reciente demuestra que José Alperovich, apenas asumió, se sacó de encima a su predecesor y padrino político hasta hacerlo desaparecer del escenario político. A su turno, él corrió la misma suerte con su “invento” político, Juan Manzur.

¿Por qué Manzur debería estar tranquilo de que no le suceda a él lo mismo? Eso seguramente es lo que más lo lleva a aceptar ser miembro de la fórmula junto con Jaldo, aún cuando todavía quedan dudas sobre la legalidad de esa maniobra. No solamente tendría el reaseguro del manejo de la Legislatura y desde allí podría condicionar el poder de Jaldo, sino que también tendría la posibilidad podría de seguir disponiendo de una importante “caja”: la que representa el presupuesto legislativo, que sigue siendo uno de los más importantes de los cuerpos deliberativos del país.

Aún falta un tiempo cargado de enigmas e interrogantes en el oficialismo tucumano, aunque algo pareciera estar claro: el rutilante momento que vivió Manzur en septiembre de 2021 al ser convocado como jefe de Gabinete de ministros de la Nación, está claro que ya pasó y que el gobernador licenciado no puede dar pasos en falso que le puedan costar caro.

¿Conlleva ese riesgo el osado intento de armar en su Tucumán, en donde juega de local, el festejo central de la fecha más gloriosa de las efemérides peronistas?

Sin duda que juntar en un acto que lo tendría por principal figura a Alberto, Cristina y todo el peronismo nacional impulsaría al “Canciller” al estrellato. Sin embargo, la rotunda afirmación de Máximo reivindicando al territorio bonaerense como escenario del 17 de octubre, señala una realidad diferente. De la misma manera, que los hábiles y baqueanos dirigentes de la CGT (los principales aliados de Manzur en el peronismo) ya se hayan expresado a favor de un acto propio del sindicalismo, parece un adelanto de que Manzur perdió esa batalla.

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