Por un lado, el mundo del rugby está conmovido. Los All Blacks, la selección más exitosa en la historia del deporte mundial, atraviesa una crisis inédita. Antes, una derrota en un año era un acontecimiento. Ahora llevan cinco derrotas en sus últimos siete partidos. Tercera caída seguida en casa. Es cierto, venía de ganarle al campeón mundial Sudáfrica en Ellis Park, pero también de sufrir su cuarta mayor caída ante el vigente campeón mundial. El ranking más bajo de su historia. “¿Cuándo nos volvimos tan apáticos y aceptamos el fracaso?”, se preguntó un aficionado en las redes. Leo el mensaje apenas después de que los All Blacks sufrieron su primera derrota en casa ante Los Pumas. Porque si el mundo del rugby (y del deporte) debate la crisis de los All Blacks, nosotros estamos conmovidos por Los Pumas.

La victoria en la madrugada del sábado en Nueva Zelanda, que coloca a Los Pumas como líderes impactantes en la tercera fecha del Rugby Championship, es un hito que, además, deja una paradoja. Se suele decir, y con razón, que ante esa clase de rivales, solo se puede aspirar al triunfo jugando un “partido perfecto”. Bien, los propios jugadores argentinos coincidieron en que no jugaron precisamente ese “partido perfecto”. Argentina jugó todo un primer tiempo sin obtención de pelota, con el scrum yendo hacia atrás y cediendo penales y sufriendo un try en un maul y el otro de un lanzamiento propio perdido. La mejor noticia fue que esa etapa terminó con una desventaja mínima (15-12). Emiliano Bofelli ya avisaba que, él sí, estaba en una noche perfecta.

¿Cómo fue posible entonces la hazaña? ¿Cómo si además Los Pumas tenían numerosas bajas (descansos de Creevy, Isa e Imhoff y lesiones de Nicolás Sánchez, Gómez Kodela, Chocobares y De la Fuente)? Se logró no solo porque esa máquina de rugby perfecto de los All Blacks está en crisis. Y no solo también porque el árbitro georgiano Nika Amashukeli no se dejó intimidar por los pergaminos del local (había que ver la cara de Shannon Frizell cuando el árbitro le sacó la amarilla sobre el final por derribar un maul, y Amashukeli sancionó luego una finita pelota torcida en el último y decisivo line de los All Blacks, a metros de in goal argentino). Amashukeli fue criticado por la prensa de Nueva Zelanda, no tanto como el entrenador Ian Foster (se da como un hecho su salida cuando termine el torneo). Los All Blacks fueron poco resolutivos en ataque y, además, pocas veces se les vio tanta indisciplina cometiendo penales hasta infantiles.

Pero basta de hablar de ellos. Ahora hablemos de Los Pumas. Si el primer tiempo, como dijimos, distó de ser perfecto, el segundo sí estuvo cerca de serlo. No solo porque Argentina mejoró la obtención de la pelota, sino ante todo porque defendió como nunca. Un total de 195 tackles. Solo seis errados; 96 por ciento de efectividad. Marcos Kremer (26 tackles él solo) una roca. El capitán Julián Montoya (21 tackles) recuperando además otra vez pelotas claves. Pablo Matera poniendo el equipo adelante. Tomás Lavanini vehemente pero disciplinado. Y los Matías (Moroni y Orlando) un candado en el centro de la cancha. Fue notable la defensa colectiva, con recuperación final de Orlando, tras 18 fases de ataque neocelandés en el minuto 68. Más que defensa podemos hablar de “organización defensiva”. Porque el tackle es un sello histórico de Los Pumas. Pero la organización defensiva es otra cosa. Cometiendo la menor cantidad de penales posible (12 en todo el partido, contra 14 del rival). Y un tackle alto para inmovilizar y quitar ritmo. No fue casual que la propia TV neocelandesa mostrara tanto sobre el final del partido a David Kidwell, mito local, pero ahora entrenador de defensa en el staff el técnico australiano Michael Cheika. Kidwell se abrazó eufórico tras la victoria con cada jugador argentino.

¿Cuántos jugadores le habrán anotado 20 puntos a los All Blacks en Nueva Zelanda? De ese registro se jacta ahora Bofelli, notable con su 100% de efectividad en los seis penales a los palos, pero también en el único try que convirtió y que propició, ganando un duelo aéreo que permitió la conquista de otro mendocino, Juan Martín González, la nueva figura, la confirmación de que Argentina sigue siendo tierra de grandes jugadores. Bofelli, ausente por lesión en la gran primera victoria de Los Pumas contra los All Blacks (2020 en Sydney), contó emocionado tras el partido que con Moroni había cambiado mensajes previos. “No podemos irnos del rugby sin ganarle antes a los All Blacks”. Ya no. Le ganó y, como dijo Orlando, “en la tierra del rugby”. Sonó todavía más interesante escuchar al cordobés Juan Cruz Mallía (notable, como también Santiago Carreras con su patada táctica). Todo era festejo tras el triunfo. Y Mallía, sereno, recordó palabras de su padre, y dijo que había que “ser profesionales en la victoria”.

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