

Cualquier libro de cuentos de Abelardo Castillo puede entenderse, entre otras virtudes, como un taller de enseñanza en el arte de narrar. Y este libro, reedición reciente del que publicara en 1992, no es la excepción.
Cada texto es totalmente diferente al que lo precede y también al que lo sucede, sin embargo en todos ellos se nota esa maestría que nos lleva a pensar automáticamente en el autor; una vez que conocemos su obra, por supuesto. Técnicas diferentes, cuidadosamente pensadas y llevadas a cabo, son el vehículo ideal para sacar adelante cada una de las historias.
Quisiera mencionar ciertas particularidades de algunos cuentos: la fantasía casi fantasmal de “Carpe diem” con una mujer que no deja rastros pero que existe en la medida que es un recuerdo; la serena e inesperada venganza de un hombre en una situación extrema que el autor va narrando apaciblemente en “Por los servicios prestados”; lo sobrenatural en “El decurión”, un cuento que por momentos recuerda a Bioy Casares; el juego temporal en “Thar” con personajes disímiles que también pueden ser sólo uno; el maltrato emocional (hoy le llamaríamos bullying) a un personaje simple, sin maldad, marcado por una historia que tal vez desconoce, en el texto titulado “Corazón”; el encanto entre verídico y ficticio de la protagonista de “Muchacha de otra parte”, porque en realidad no sabemos dónde está y qué es esa ‘otra parte’; el plan siniestro de una represalia brutal a través de un detallada partida de ajedrez en “La cuestión de la dama en el Max Lange”, cuento policial verdaderamente brillante; la influencia de Borges en el modo de presentar la historia que Castillo narra en “El tiempo y el río” e incluso en “El hermano mayor”; el gran homenaje a Henry Miller en “La fornicación es un pájaro lúgubre” donde el lenguaje (entre excesos y licencias poéticas) es el verdadero protagonista del relato, y no tanto la anécdota en sí.
Este libro, íntegramente, rezuma calidad narrativa; nada está puesto porque sí, aunque a veces lo parezca al rodar de la lectura; y todo tomará sentido antes de la palabra final.
© LA GACETA
ROGELIO RAMOS SIGNES
REEDICIÓN: LAS MAQUINARIAS DE LA NOCHE - ABELARDO CASTILLO (Seix Barral – Buenos Aires)







