Crónicas del viejo Tucumán: Imágenes y descripciones de un sitio de ensueño

Una filmación de Carlos Cossio -sería el primer documental tucumano- y un relato de Arsenio Granillo muestran un paraje de belleza única. Las ilusiones y aspiraciones de progreso social hace 150 años. Por Por José María Posse - Abogado, escritor e historiador.

REFUGIO FAMILIAR. El predio y su construcción pertenecían a la Compañía Azucarera Wenceslao Posse. REFUGIO FAMILIAR. El predio y su construcción pertenecían a la Compañía Azucarera Wenceslao Posse.
07 Agosto 2022

El doctor Raúl Cossio, conocido investigador histórico y genealogista tucumano, nos acercó recientemente una copia remasterizada y digitalizada del que sería el primer documental realizado en Tucumán. Su autor, el abogado y filósofo tucumano Carlos Cossio (conocido por su célebre Teoría Egológica del Derecho), fue un adelantado a su época en materia de plasmar escenas del antiguo Tucumán en una filmación de 1927; rudimentaria quizás, pero de gran valor documental. Entre otras cosas, puede apreciarse un viaje a caballo a la estancia Alto de las Salinas.

A los que amamos Tucumán y su historia, esta cinta nos resulta de valor incalculable. Aparecen retratados allí personajes conocidos y lugares de ensueño, en un viaje a tiempos pretéritos, donde comenzaba a delinearse la provincia moderna.

Entre las históricas imágenes, aparece la casa hexagonal de la sala de la estancia Alto de las Salinas, por entonces de propiedad de la Compañía Azucarera Wenceslao Posse. De un estilo con reminiscencias neoclásica romana, único en la provincia, constituye toda una rareza arquitectónica para la época (más tratándose de una casa de campo), lo que merecería un estudio aparte. También se observan miembros de la familia propietaria, parientes y amigos que disfrutan de un día de campo y una distendida cabalgata.

Sin duda, Alto de las Salinas, era por entonces un lugar de privilegio para disfrutar a pleno la naturaleza tucumana. Sus vistas eran además extraordinarias. Se observa también en la filmación un majestuoso corral de pircas, donde se desarrollaban las yerras de la estancia, las que eran muy concurridas.

Poco más de medio siglo antes del referido viaje, Arsenio Granillo, uno de nuestros primeros historiadores, dejó plasmada su impresión acerca del lugar en una nota de mucho interés para conocer como era el Tucumán de antaño.

UN LUGAR DE SINGULAR BELLEZA. Desde la casa hexagonal se podía dominar con la vista la estancia Alto de las Salinas y las zonas aledañas. UN LUGAR DE SINGULAR BELLEZA. Desde la casa hexagonal se podía dominar con la vista la estancia Alto de las Salinas y las zonas aledañas.

El lugar en 1872

En su obra “Provincia de Tucumán” (de 1872), el doctor Granillo describe esta propiedad. Vale la pena hacer la transcripción de su texto, en lo esencial, como una invaluable pintura de época:

A siete leguas al norte de la ciudad, después de recorrer un camino llano, ligeramente ondulado desde la cañada de Los Nogales, célebre por haber sido el albergue de cuadrillas de salteadores en otro tiempo, y por la belleza que presenta con sus frondosos bosques entrecortados por lomadas cubiertas de verduras en que pacen los ganados, y la vista deliciosa de la sierra que queda muy inmediata. Hacia el poniente, se llega al hermoso cerro sobre el que se encuentra la estancia con cuyo nombre encabezamos estas líneas, y a cuyos pies se desliza el Río Salí, bramador en la estación de las lluvias y silencioso aunque rápido en el resto del año.

Pasa este río en aquel punto por medio de dos elevadas lomas, como si un gigante hubiese dividido la punta del cerro que cerrará su paso, cuando Dios le dijo: anda y fertiliza con tus aguas las llanuras de Tucumán.

Pasando el río principia ya a subirse la sierra, cuyos bosques vírgenes envuelven con su sombra al viajero.

Como en todo este bello país, allí la vegetación es lujosa, variada y alegre. Fragantes flores de colores vivos se encuentran a cada paso, y el viajero marcha sin fatigarse, aspirando purísimos aromas y encontrando en cada vuelta del camino, en cada hondonada de la montaña, una nueva decoración que admirar.

El que no ama las flores (¿quién no las ama?) se deleita en el canto de los pájaros, en la variedad infinita de los árboles que le rodean por todas partes y en ese incansable cambio de decoraciones, cada vez más hermosas y espléndidas que se ofrecen a su vista y a porfía, como si quisieran arrancarle acentos de admiración, para que repitan los ecos de la montaña, completando con la palabra del hombre aquel himno sublime que entona allí la naturaleza a su Creador.

El viajero recorre casi dos leguas de mal camino hasta llegar a la cima de la montaña. Allí desaparece el bosque y se presenta un espectáculo aún más bello.

La ciudad y sus quintas de naranjos, todas las llanuras de Tucumán, sus ríos y labranzas, sus bosques y pampas se ofrecen a la vista del viajero que admira absorto aquel cuadro encantado.

Hacia el norte se presentan las poblaciones de Tapia, Vipos y Trancas, los campos y sierras de la provincia de Salta, y como serpiente de plata los ríos que descienden de esas montañas y vienen al pie del Alto de las Salinas a formar el majestuoso Salí.

Desde esa altura, puede decirse, el hombre tiene a sus plantas y domina el mundo.

Muchas veces nos hemos sentado sobre una peña a contemplar tanta maravilla, encontrando siempre nuevos objetos que admirar en toda la extensión que abraza la vista.

Aquellas llanuras cubiertas de verdura y entrecortadas por ríos y arroyos; aquellos cerros gigantes que se alzan majestuosos hasta la región de las nubes; aquellos bosques frondosos y vírgenes; la población con sus plantíos, dibujadas sobre aquel fondo verde, las bandadas de pájaros que surcan los aires o que llenan con sus armonías la soledad de las selvas; las nubes que pasan rozándose con las montañas, la tempestad que brama a la distancia; la lluvia que cae en un punto, el rayo que desciende en el extremo opuesto; el viento que sacude los árboles del bajo anunciando la tempestad, el berrido de las vacas y el lejano golpe del hacha del leñador; una columna de humo que se levanta aquí, otra de polvo que se divisa allá; un río que crece con la lluvia y se precipita bramando a la llanura, otro que languidece y se escurre silencioso; allá las sombras, aquí la luz; la calma aquí, la agitación allá; aquí llueve a torrentes, allí hace un sol abrasador; aquí la niebla lo oculta todo, allí el cielo está despejado y la naturaleza se ofrece con todos sus encantos.

ARSENIO GRANILLO. Una minuciosa descripción del sitio. ARSENIO GRANILLO. Una minuciosa descripción del sitio.

Una mirada optimista

Nuestro espíritu agitado por 1.000 ideas agolpadas en tropel, y como empujado por una mano invisible, abría sus alas y dirigía su vuelo al porvenir, cuantas veces nos sentamos a contemplar aquel cuadro de incomparable belleza y majestad, entregándonos a soliloquios como el siguiente.

Allí, a la margen de aquel río, que alzará una ciudad, cuyas cúpulas y miradores se verán desde aquí.

Todas esas pequeñas poblaciones serán grandes centros industriales, en que se agitará bullicioso y activo un pueblo feliz.

Allí, donde se levanta esa columna de humo, millares de chimeneas arrojarán el de las cocinas y fábricas de una población laboriosa.

Esos campos hoy desiertos, donde apenas se divisa un rancho y un pequeño cerco sembradío, se convertirán en hermosas quintas y vastas labranzas que harán la felicidad de millares de familias.

Allá, donde se levanta esa columna de polvo, señalando la ruta que hacen hoy nuestras pesadas carretas y dos diligencias mensuales que van hasta Jujuy, se divisarán las bocanadas de vapor de la locomotora del central, que en estos momentos atraviesa la pampa buscándose paso hacia el extremo norte de la República.

Al berrido de las vacas, al lejano golpe del hacha del leñador, al canto de los pájaros y al rugido de la tempestad, vendrá a asociarse el pujante silbido de ese gigante que arrastra tras si pueblos enteros con sus industrias, su religión, sus ciencias, sus artes y su civilización, para diseminarlos sobre toda la tierra, y a cuyo paso el mundo se conmueve, se transforma y se siente empujado hacia el porvenir grandioso que le deparará su Creador.

Ah! cuán felices serán las generaciones venideras!.

Cuando el gran central extienda sus paralelas sobre esos campos, atraviese esos ríos, y serpenteando por entre esas montañas, vaya a perder su blanca cauda allí donde termina el horizonte, Tucumán, que justamente se llama hoy el Jardín de la República, será el paraíso del mundo.

!Dichosas las generaciones venideras! Ellas van a ver realizado el bello ideal que perseguimos, el sueño de nuestras aspiraciones: la fraternidad Argentina, la democracia triunfante, un pueblo rico moral y floreciente empujando en su carrera de progreso por la fuerza omnipotente del vapor, marchando siempre adelante, sin guerras fraticidas, sin tiranos, sin caudillos, llevando a su frente el lábaro de la libertad y por sostén las instituciones radicadas con nuestros sacrificios, con los dolores de las generaciones presentes, que alentadas con la fe, caminan sin descanso en busca de ese porvenir.

La parte más alta de esta estancia carece de arboledas y corre de oeste a noroeste, hasta llegar a la hermosa estancia llamada Potrero de Medina, como a tres leguas de las poblaciones del Alto.

En toda esa extensión cubierta de exquisitos pastos, para los ganados, la sierra presenta una superficie suavemente ondulada, formando cañadas y pintorescas mesadas. Allí la caza de la perdiz es abundantísima.

A los costados de esa superficie, tanto al norte como al sud, hay profundas quebradas cubiertas de bellísimos árboles entre los que se encuentran la Tipa, el San Antonio, y el Pino Blanco, cuyos retoños esmaltados y de color verde limón tanto realzan la belleza de los bosques.

En las laderas de esas quebradas hay infinitas grutas de piedras formadas por la naturaleza y que sirven sin duda de nido al salvaje cóndor, o de cueva al feroz tigre.

Por el fondo de la misma discurren arroyos de cristalina y exquisita agua que, descendiendo de la cima de la montaña, forman en su curso ruidosas cascadas y las más poéticas randas.

Indudablemente, el Alto de las Salinas es una de las localidades más bellas y pintorescas de Tucumán.

CARLOS COSSIO. El abogado y filósofo filmó un documental. CARLOS COSSIO. El abogado y filósofo filmó un documental.

Sólo el río

Los años pasaron y aquella selva tan detalladamente retratada por Granillo e inmortalizada en la filmación de Cossio fue desapareciendo. La casa hexagonal hace años fue también derribada, de la enorme pirca quedan vestigios ralos; sólo el río continúa con su derrotero.

Notas:

La propietaria de la filmación es la señora Mane Pérez del Cerro, de Buenos Aires.

Fragmento del libro: “Provincia de Tucumán, serie de artículos descriptivos y noticiosos”; Arsenio Granillo, 1872).

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