CON MÚSICA A TODA POTENCIA Y PANTALLAS ALUCINANTES. Las fiestas electrónicas no son una novedad, pero cada vez ganan más adeptos.
María Agustina di Martino tenía 28 años. Decidió acudir a una fiesta electrónica en una pequeña localidad de Córdoba. Antes de llegar, pasó por la capital para “recoger” un pedido: había quedado (por Telegram) con un dealer para comprarle una pastilla de éxtasis, la que horas más tarde la llevaría a la muerte. La historia puso esos festivales otra vez en el centro de las miradas.
Lo cierto es que en Tucumán mucho no se habla sobre estos eventos; pero es claro -dicen los que saben- es que, lejos de ser nuevos (se remontan a muchos años atrás) el “movimiento” crece cada día más. Entonces surgen algunas preguntas: ¿cómo son este tipo de fiestas en nuestra provincia? ¿Hay muchos fanáticos de la música electrónica? Y lo más importante: ¿qué es lo que les atrae?
Ramiro recuerda que la primera vez que fue a una fiesta no sabía con qué se iba a encontrar. “Y la verdad es que conocí algo nuevo; un ambiente totalmente distinto al que estaba acostumbrado -le dice a LA GACETA-; es una música que te causa más que solo ganas de moverte o bailar. Muchas veces, en lo que te movés, cerrás los ojos y pensás en todo; llegué hasta a meditar escuchándola. Te da tranquilidad, energía, alegría y euforia”. Afirma que la gran diferencia con una fiesta tradicional está en el clima que se vive: “ahí, adentro, uno es libre de prejuicios, de pensamientos, de discriminación, de qué hacer, de cómo bailar, de cómo vestirse; y también libre de malos tratos”. Y resalta: “es un espacio de mucho respeto y empatía”.
La música, por supuesto, es la gran protagonista. Valentina es fanática del género desde su niñez. “Yo no sé cómo explicarlo con palabras; creo que a veces cuando lo explico no se entiende lo que yo siento cuando escucho esa música. Es una cosa de locos el show; la música me transporta a otros lugares y me relaja. Hay mucha gente a la que le aturde, sí, pero para mí es una experiencia totalmente distinta y única; la gente está superconcentrada y se deja llevar por el ritmo”.
Gerónimo Córdoba, reconocido DJ tucumano, considera que lo que más atrae del género es la música en las personas. “Se trata de una experiencia sensorial porque está íntimamente relacionado el show musical con lo visual; detrás hay una puesta en escena y eso va todo unido en el mismo momento”, resume.
Lo que pasa en Tucumán
Ramiro confirma que en nuestra provincia “la movida” ha crecido bastante en los últimos años. “Algunas fiestas de productoras llegaron a juntar cerca de 2.000 personas, pero creo que falta aún para tener el nivel de Córdoba o de Buenos Aires”, comenta.
Nombra a esas provincias porque son los dos puntos en los que se realizan las fiestas electrónicas más importantes del país. De hecho, hace poco Valentina y Ramiro (no se conocen) estuvieron en la misma fiesta en Córdoba; en diciembre vino al país el DJ Boris Brejcha, que es uno de los representantes más importantes del género en el mundo. El evento duró cerca de seis horas y participaron alrededor de 12.000 personas.
En Tucumán ya se están realizando eventos similares, a menor escala. Lo que pasa -reflexiona Gerónimo- es que con las nuevas tecnologías y con la información la gente empieza a conocer y a demandar nuevos productos, en este caso, esta clase de encuentros. “Muchos tienen la posibilidad de viajar, ir a otros festivales y ver otras tendencias, y tratan de buscarlas aquí”.
“Duran entre seis y 10 horas; y se vive una experiencia sensorial. Tenés un show en pantalla, sonido y distintas acciones que hacen los sponsors para entretener a la gente”, cuenta Patricio Rovaletti, de R9 Producciones, que ya ha realizado importantes eventos en Tucumán; hace pocos meses trajo al DJ alemán Ein Musik, y ahora está gestando la venida de Gui Boratto, el más importante de Brasil. “Es una experiencia única; yo he ido a otras afuera y eso me hizo que empiece a querer traerlas acá. Estamos incursionando, de a poco”, considera.
Dos de los puntos que hacen la gran diferencia -dice- son las historias que se narran en las pantallas y los juegos de laser; todo para acompañar la música. “Desde mi punto de vista no existe mejor evento que el de música electrónica; la experiencia es una combinación de todo. Tenés un excelente sonido que te entra por los poros -enumera-; y además se arma un gran diseño de escenario. A las pantallas se las posiciona como si fuesen en 3D; se arma un diseño creativo. Más o menos, podés tener entre 70 u 80 metros de pantalla; toda esa parte visual te lleva a otra dimensión”, detalla.
La magia de la música
“Es una constante búsqueda por lo novedoso, por lo moderno, por la tendencia; (la música electrónica) es casi una fuente inagotable, porque salen miles y miles de tracks por día, hay miles de subgéneros, y todo eso hace que uno pueda lograr una satisfacción musical que en otro género no podría”, comenta Gerónimo.
El valor agregado de esta propuesta, dice, está justamente en lo novedoso. “Lo que ocurre con los DJ’s de música electrónica y con las fiestas adonde uno acude es que lo más probable es que vayas y, si hay un DJ que se ha preparado, que es profesional y está siempre a la vanguardia, probablemente tenga música nueva y lo más seguro es que la mayoría de los asistentes jamás la hayan escuchado; y tal vez no vuelvan a escucharla en su vida”, comenta.
Y vuelve a decir que lo central es la música. “Todo lo que sume, aporte, jerarquice al producto y le dé más entidad, es bienvenido. Pero la música, en este caso, es lo que iguala a toda la gente que se concentra en un evento -remarca-; no tengo dudas de que el movimiento va a seguir creciendo; no le veo techo”.
Los excesos
Al hablar de fiestas electrónicas, es necesario hacer referencia a los excesos que -se presume y se difunde- forman parte de “la movida”. Valentina dice que es verdad que las fiestas se ve mucha droga. “Me han ofrecido y me la han mostrado -cuenta-; pero en mi experiencia sí son seguras las fiestas. En cada parada hay un dispenser con agua y con fruta para la gente porque se deshidrata mucho”.
“Es algo que existe y no sólo en ese ambiente. Uno puede estar en la panadería y ver a otro comprando alguna sustancia -comenta Ramiro-, pero nunca vi que pasara en Tucumán algo como lo de Buenos Aires (hace alusión a la fiesta Time Warp de 2016, donde fallecieron cinco personas)”. Según su experiencia, las fiestas electrónicas locales son “un lugar seguro, en donde se va prioritariamente a divertirse con respeto, a diferencia de lo que muchos pueden pensar o imaginarse”.
Rovaletti, en cambio, es tajante: “nadie quiere que en su fiesta haya droga. Para mí, como productor, es lo peor que puede pasar, porque quiero que mi ambiente sea uno 100% libre de drogas”. “Nosotros, cuando lo organizamos, lo primero que hacemos es contratar un seguro para todos los asistentes, y después tomamos medidas en los ingresos: ponemos cacheos. La idea es que no entre ninguna droga al evento, pero hay que ser realista; es algo muy difícil de lograr. Se las esconden, se dan maña, pero con esto logramos al menos que un dealer entre con cinco pastillas en vez de 50”, explica.
Aún así -cuenta el productor y lo confirman los asistentes- en las fiestas hay puestos de enfermería, puestos de hidratación gratuitos (el éxtasis y el baile continuo generan deshidratación), foodtrucks y todo tipo de golosinas para acompañar a los presentes. “Eso es fundamental -remarca Rovaletti-; es la minoría la que consume... nosotros nunca tuvimos problemas, ni nos pasó que alguien se vaya en mal estado. Lo que queremos es que la gente llegue segura al evento, y que la fiesta termine cuando ellos lleguen a casa, seguros”.








