
“Nuestro país está empantanado por razones económicas. Antes por la estatización, luego la privatización, antes y después por la inflación, etc… Y ¡no es la economía! Es la cultura de un pueblo en el sentido más basto de su acepción: es que es maravilloso ser víctima, claro la culpa la tiene siempre el otro. Las derrotas no obedecen a nada relacionado con nuestro empeño o gestión. Gritamos, protestamos y quemamos banderas extranjeras total… la culpa es del otro. La bendita teoría de la dependencia nos alivia el alma. Hoy tenemos la ominosa alianza de burocracia y corrupción que se potencian inevitablemente. Sobornos a funcionarios, manipulación de licitaciones, sobreprecios, los sentimientos de impunidad que infecta el alma de los argentinos son tan numerosos que llenarían libros, y en distintas áreas y en personajes públicos abunda el doble discurso. En educación el presupuesto es insuficiente, hay epidémica deserción y caída del sueldo de los docentes. Estamos llenos de cicatrices que hablan de frustraciones en serie, sin embargo, amamos la Argentina y anhelamos que nuestro país no se malogre. Apostamos a su restablecimiento y aún creemos que habrá una recuperación objetiva”. Todos estos pensamientos y párrafos citados que parecen salidos de un analista político de sucesos de hoy no son más que pertenecientes a un magnifico libro escrito por un médico neurólogo cordobés, Marcos Aguinis, quien hace más de 20 años analizó nuestra realidad y la plasmó así. Apostó a un título que lleva en sí mismo un oxímoron “El atroz encanto de ser argentinos”, y no podía ser más sincero y dramáticamente objetivo. Lo que el autor no debe haber evaluado, seguramente, es que sus palabras serian leídas como si hubieran sido escritas para hoy, ¿futurismo?, o simplemente estamos detenidos en el tiempo y no hemos evolucionado positivamente para que sigamos teniendo los mismos problemas irresueltos de entonces y todo debido al fracaso de los distintos gobiernos que se sucedieron. La demagogia, el cortoplacismo, la improvisación y la ineptitud complicaron las condiciones para que el empleo genuino creciera y aparecieron los mal llamados planes (eternos seguros de desempleos) que representan el fracaso de la política en toda su expresión, sobre todo alentados por aquellos que más años estuvieron en el poder. Aguinis escribió su libro cuando todo esto todavía no sucedía. Siempre se alude al tratamiento de la cosa publica como un enfermo delante de su médico. Pues bien, como tal digo (y permítaseme soñar): ¡qué bueno sería poder hacer una tomografía a nuestro país!, y con ella poder ver objetivamente qué nos pasa y cómo somos. Tal vez haríamos un buen diagnóstico para encarar un mejor enfoque y adecuado tratamiento para nuestro paciente preferido: el país. Hace muchos años, un gran cómico mexicano, Mario Moreno (Cantinflas) decía acerca de nosotros irónicamente: “La Argentina está compuesta por millones de habitantes que quieren hundirla, pero no lo logran”. Frase brutal. ¿Algún día podremos decir: “¡La levantamos entre todos!”? Es de esperar que en algún momento y, en un futuro no tan lejano, y aunque no pensemos igual, nos juntemos todos y posibilitemos que esta bendita tierra sea el país que nos merecemos: ¡Generosa Argentina!
Juan Marcotullio
Marcotulliojuan@gmail.com







