PROFESOR CONSULTO. Gonzalo hizo el posgrado en California.
Un abrazo de dos estirpes lo cobija. España y Alemania siembran afecto en ese conventillo de Junín e Italia, donde el Niño Dios lo depositó y vivió hasta los cuatro años. Cuentan que a los cinco, fantaseó los primeros pensamientos arquitectónicos, mientras iba al jardín de infantes del Colegio Nuestra Señora del Huerto. “Mis padres tenían la concesión del bar del Parque Avellaneda. Nací el 25 de diciembre del año 49. Vivíamos en un conventillo porque mis abuelos eran inmigrantes recientes. Mi papá era de Bilbao y mi mamá, de Munich. Todos montañeses, gente muy buena y sufrida, muy trabajadora. Nos han dado las pautas para tener una vida sana y además para lucharla. Durante toda la carrera, he sido mozo en el bar, donde ahora es Mirasoles. Era entonces un barcito chiquito, al estilo antiguo”, cuenta Guillermo Enrique Gonzalo, doctor en Arquitectura, que hace pocas semanas fue distinguido con el título de profesor consulto de la Universidad Nacional de Tucumán. El docente ha dedicado una buena parte de sus 72 años a la Arquitectura Sustentable, de cuya especialización es su director.
- ¿Hubo algún profesor que le marcó un rumbo en particular?
- He tenido varios, el principal fue el arquitecto Nicolini porque Alberto era amigo de mi padre, eran del Movimiento Familiar Cristiano, aunque yo no comulgaba con esas cosas. Yo aprobé el primer año en la Facultad de Filosofía y en la de Arquitectura, las dos carreras, pero pensaba dedicarme al periodismo. Nicolini me regaló una colección de la revista Summa, de 54 ejemplares, donde estaba toda la arquitectura y me leí todo. Dejé de cursar filosofía y me dediqué exclusivamente a la arquitectura, no me arrepiento. Nicolini me influyó como profesor de historia y después el “Negro” Abregú que ha sido mi profesor de Taller, la materia principal de la carrera, la que te enseña a diseñar.
- ¿Cuándo comienza a interesarse por la arquitectura sostenible?
- En el 76, un profesor de Israel que enseñaba en California, era el director del Departamento de Construcciones del Technion en Israel, un peso pesado en cuanto a conocimiento y enseñaba tres meses en un posgrado en UCLA. Él había visto un trabajo mío de análisis climático que había hecho acá, en Tucumán, y él mismo gestionó una beca de la OEA para ir a estudiar con él. La UCLA es mi universidad de posgrado y qué es lo que enseñaba el hombre: lo que había escrito en el libro “Hombre, clima y arquitectura”. Estudié arquitectura bioclimática con él.
- ¿Qué es la arquitectura bioclimática?
- El arquitecto debe considerar las condiciones climáticas del lugar, donde va a ser la edificación para el diseño del edificio o de lo que va a hacer desde el punto de vista urbano. Por ejemplo, es muy distinto cómo yo oriento un edificio si estoy en un clima cálido o en uno frío, es muy distinto si yo le pongo árboles cercanos para que den sombra a un edificio. Si estoy en un clima cálido o en uno frío, las plazas van a ser distintas; si llueve mucho, voy a tener que tener determinadas precauciones para mi edificio. O sea todos los elementos del clima tienen una influencia, pero sobre todo está la influencia del gasto energético que tienen las familias o los usuarios.
- ¿Qué orientación debería tener en Tucumán un edificio, teniendo en cuenta que hace calor y llueve en verano?
- Tengo un libro escrito sobre eso y presentado a la Municipalidad en el año 2000: son las propuestas de normas para San Miguel de Tucumán, o sea que tendría que sintetizarte 300 páginas. Este es un campo de conocimiento enorme, no se pueden dar recetas puntuales. Sí se puede decir que en un lugar, donde el verano tiene influencia predominante hay que tratar de que los colores sean claros, de proveer de sombras a las paredes, a las ventanas, a los techos, tratar de que de noche pueda haber una muy buena ventilación para sacar el calor que se acumuló durante el día y al otro día al estar cerrada la casa, se mantiene el fresco de la noche. Hay que tratar de que el eje de la vivienda o de la escuela sea de este-oeste para que estén hacia el norte y hacia el sur las mayores superficies, ¿por qué? Porque el norte es el que menos radiación recibe en verano y el que más radiación recibe en invierno, entonces tengo la ventaja en el invierno que voy a poder dejar entrar el sol por las ventanas tranquilamente y en el verano, con un alerito de 30 cm lo cubro totalmente del sol durante todo el día. O sea serían las más generales, pero es un poquito más complejo.
- ¿Se ha impuesto este tipo de arquitectura en Tucumán?
- Sí, se ha impuesto en los concursos que se hacen para distintos edificios, se nota que sí hay una justificación de la iluminación natural, la ventilación natural, el asoleamiento, porque todos los alumnos de la Facultad salen con conocimientos sobre eso. Ahora que algunos arquitectos por razones de que quieren que la obra sea muy significativa -los que quieren aparecer en las revistas- fuerzan una solución que no va bien con el clima... Ponele que quiero hacer un edificio y lo hago todo de vidrio porque va a tener mayor significancia en la ciudad. Después los usuarios van a tener que pagar muchísimo más en aire acondicionado, que si el edificio se hubiese tenido ventanas controladas y una buena aislación térmica en las paredes. Pero si vos querías que el edificio se venda, que tenga presencia y todo lo demás, le has cargado al usuario los gastos de haber tomado esas medidas. También puede haber soluciones con vidrios, pero son muy caras porque hay que poner triple vidrio con aislación con evacuado, que simulan la transmitancia de una pared con aislante, pero salen 10 veces lo que te cuesta una pared con aislante. Todo depende entonces de los costos de los que después vos vas a cargar durante toda la vida de uso del edificio en el cliente.
- ¿Hay en Tucumán edificios bioclimáticos?
- Sí, los hay. El edificio bioclimático toma en cuenta una serie de pautas. En vez de usar una pared que va a quedar pintada igual que la del edificio convencional, se usa una pared doble con una gran aislación en el medio, entonces vos lo ves de afuera y te parece que los dos son lo mismo. Sí, pero este gasta la mitad que el otro y con lo que se ahorra con este, en los 40 años de vida que va a tener ese edificio, se puede construir con los ahorros energéticos otro edificio.
- ¿Se busca hacer rendir los costos al máximo? ¿Cómo influye la arquitectura en la salud?
- Se ve la economía del momento, cuánto me cuestan los ladrillos el cemento… y no se la ve a largo plazo. Lo mismo pasa con las casas del Estado que son espantosas, no cumplen con ninguna norma y que están hechas con otro objetivo: hacer la mayor cantidad de casas con la menor cantidad de plata posible; a los diez años de inaugurado el barrio, están destruidas, salvo que la gente les haga un mantenimiento permanente. Encontrás barrios con gente que vive mal adentro, esa es otra de las cuestiones. La gente se enferma dentro de las casas o edificios y no se da cuenta. Si la gente se enferma, después tiene que ir a los hospitales y al problema lo terminás pagando de otra manera y con sufrimiento de la gente.
- ¿El uso de paneles solares en las casas tiene que ver con esta arquitectura?
- Eso es otra cosa, es un aspecto externo a lo que enseño como arquitectura sustentable. El edificio en sí mismo, el diseño del edificio, debe ser el elemento energético, después si le pones un panel solar o una célula fotovoltaica para tener luz de emergencia, para tener unas baterías en el caso que se te corte la energía, eso ya es un plus. Al precio que está la energía eléctrica y el gas, por lo menos hasta ahora, no conviene ni ponerlos, porque cuesta mucho más barato calentar con gas o con electricidad que usar sistemas energéticos renovables.
- ¿Cómo será el Tucumán arquitectónico del futuro?
- No lo veo muy distinto al de ahora, además de qué futuro. La ciudad va a ser un poco más de lo mismo. Lo que ha cambiado sustancialmente es que la gente vive ahora encerrada en cárceles que les llaman countries, con carceleros, con guardias, cosa rarísima en mi época, los chicos vivíamos en la calle, jugando al fútbol, éramos de clases sociales totalmente distintas, pero íbamos a la misma profesora de piano, era una vida distinta, ahora ha cambiado. Creo que no vamos a poder volver de nuevo a ese modelo de solidaridad barrial. Como las mentalidades han cambiado, la gente ya piensa globalmente, de otra manera, se han producido estas divisiones y sobre todo la inseguridad de la droga -antes no había droga- esto va a ir poniéndose cada vez más difícil. He visto modelos de ciudades que se han ido deteriorando, hay que tener voluntad política para hacer un Medellín, por ejemplo, o producir un Curitiba, que son los cambios grandes de modelos de pensar una ciudad. Estamos bastante lejos no solo desde el punto de vista económico, sino desde lo conceptual, filosófico. Sería lo ideal, pero no lo veo como futuro. Creo que va a ser más de lo mismo, se va a ir extendiendo, en algún momento, el Gran San Miguel de Tucumán va a ser como una gran mancha única.








