Europa: un calor de calor que no tiene nombre y un continente perplejo

En Italia, 16 ciudades han sido declaradas en alerta rojo por el anticiclón africano “Apocalipsis 4.800″.

EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO. Europa atraviesa un apocalipsis de calor. EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO. Europa atraviesa un "apocalipsis" de calor.
23 Julio 2022

La ola de calor que golpea a Europa como nunca antes ocurrió se extendió en las últimas horas por toda la península de Italia y 16 ciudades, entre ellas Roma, decretaron la alerta roja ante picos de temperatura de 40° y el apogeo de los incendios.

Italia está a punto de tocar la potencia máxima del anticiclón africano "Apocalipsis 4.800", ha explicado la página especializada ilmeteo.it, al referirse a la cuota del cero térmico, situada en los 4.800 metros de altitud. Esto significa que en ningún punto del territorio las temperaturas bajan de los cero grados (ni siquiera en los Alpes italianos).

Durante tres meses consecutivos -mayo, junio y julio- se ha registrado en ese país una anomalía climática, con temperaturas de al menos dos o tres grados por encima del promedio estacional. Esta semana, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, declaró que las olas de calor como la que actualmente vive Europa serán cada vez más frecuentes y continuarán al menos hasta 2060, independientemente del éxito o no a la hora de mitigar el cambio climático.

Según el servicio de vigilancia especializado europeo Copernicus, más de 27.000 hectáreas han sido devoradas por las llamas en Italia en lo que va de 2022. 

De hecho, los científicos de la OMM salieron a debatir y aclarar por qué las olas de calor no llevan nombre, a diferencia de los ciclones tropicales. En principio, no lo tienen porque nunca habían causado semejante cantidad de víctimas fatales ni habían dejado países enteros pintados de naranja, rojo y violeta.  

Al punto que, tras los hechos actuales, explicaron que están considerando las ventajas de asignarles nombres, siempre y cuando esto contribuya a que la población tome mejores medidas de prevención.

Pero la situación se ha vuelto insostenible no sólo para los italianos. La oficina europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha informado ayer que la ola de calor ha sido responsable de 1.700 muertes únicamente en la Península Ibérica. Y ha pedido una acción conjunta para hacerle frente al cambio climático.

"El calor mata. En las últimas décadas, cientos de miles de personas han muerto como resultado de temperaturas extremas durante olas prolongadas y, a menudo, con incendios forestales simultáneos", ha expresado en un comunicado el director regional de la OMS, Hans Kluge. La península ibérica se encuentra al sudoeste del continente europeo; está rodeada por el mar Mediterráneo y por el océano Atlántico.

"En concreto, este año hemos sido testigos de unas 1.700 muertes innecesarias en España y Portugal", ha añadido el funcionario. De acuerdo al comunicado de la OMS, las personas en cualquier extremo del espectro de la vida -bebés, niños y personas mayores- son los que afrontan mayores riesgos. El jefe regional del organismo de salud ha destacado además que los gobiernos necesitan demostrar voluntad y liderazgo en la implementación del Acuerdo de París.

Desgraciadamente, hace poco los expertos de la OMM y de la Met Office (la agencia meteorológica del Reino Unido) han revelado que existe una probabilidad de alrededor de un 50 % de que la temperatura media global de la superficie del planeta supere los 1,5° este lustro. En estos momentos, el calentamiento está en unos 1,1° y el objetivo del tratado firmado en París en 2015 es que el incremento se quede este siglo por debajo de los 2°. El año más caluroso registrado desde 1850 fue 2016, cuando se superaron los 1,2°.

En otras palabras, lo que siete años atrás parecía lejano, hoy está a la vuelta de la esquina. El desastre está aquí. Los responsables del calentamiento presente y del que afrontarán nuestros hijos y nietos son los gases de efecto invernadero, que permanecen en la atmósfera durante décadas o siglos. El dióxido de carbono -por ejemplo- resiste cientos de años; el metano se degrada en un par de décadas.

Pese a la falta de medidas contundentes, todavía está en manos de la humanidad decidir si se cumplen las ambiciones del Acuerdo de París. Cuando en este pacto se establece el 1,5° se hace referencia a la temperatura media de períodos de 20 años. En el ambiente científico sobrevuela la precaución debido a la existencia de procesos que no pueden ser controlados y que se sabe que seguirán ocurriendo debido a la retroalimentación.

De hecho, el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, el panel internacional de científicos que trabaja bajo el paraguas de la Organización de las Naciones Unidas) pronostica que la barrera de los 1,5° se superará de forma estable en la década de los años cuarenta de este siglo, debido a los gases que ya se han emitido.

El escenario que algunos investigadores consideran óptimo es que se sobrepase temporalmente la marca de 1,5° para luego bajar un 75 % hasta 2050, según ha proyectado el IPCC. Si bien siempre los desastres relacionados con los fenómenos meteorológicos han ocurrido siempre, a medida que aumenta la temperatura se vuelven más frecuentes e intensos. 

La ola de calor en España tuvo una anomalía (la desviación entre la temperatura a partir de la cual se puede hablar de ola de calor y la finalmente alcanzada) de 4,2°, según datos preliminares de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de ese país. Hasta ahora, la ola más potente que se había registrado fue la de agosto de 2021, que tuvo una anomalía de 4,1°. Además de batir a la peor en intensidad, también se ha colado en el top de las más largas.

Además de España e Italia, Francia, Grecia, Alemania y el Reino Unido también han roto el mercurio. En algunos lugares europeos la situación es dramática, con evacuaciones masivas, las muertes de las que advierte la OMS e incendios forestales fuera de control. 

Centrales nucleares de Francia, Suecia, Alemania, Suiza y Finlandia han debido apagarse o reducir su capacidad. Este tipo de instalaciones requieren de mucha agua para operar. Días atrás, algo similar sucedió con Google y Oracle, que han tenido que apagar servidores en sus centros de datos porque les resultaba imposible mantenerlos a la temperatura necesaria para operar.

En definitiva, esta ola de calor que ha sido calificada como la más intensa de Europa (las mediciones arrancan alrededor de la década del ' 70) constituye una de las advertencias más duras hasta ahora sobre la velocidad y la escala del calentamiento planetario.



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