Gustavo Gersberg: “Los varones no podemos victimizarnos con un: ‘ya no se puede decir nada’”

Gersberg fundó junto a Andrés Arbit la plataforma Privilegiados, desde donde promueven contenidos audiovisuales y talleres sobre masculinidades, pero desde una perspectiva feminista.

GRUPO DE TRABAJO. Gersberg explica cómo se conforma Privilegiados y cuáles son los objetivos trazados.  GRUPO DE TRABAJO. Gersberg explica cómo se conforma Privilegiados y cuáles son los objetivos trazados.
Por Paula Barbaran 22 Julio 2022

La plataforma de contenidos de Privilegiados (en Instagram @privilegiados_rrss) surgió casi por casualidad cuando Gustavo Gersberg -guionista, director y docente- comenzó a conversar sobre feminismo con Andrés Arbit. La búsqueda de igualdad en las relaciones comenzó a ser un tema de diálogo cotidiano entre los amigos, que también trabajaban juntos. Así nació la idea de volcar los cuestionamientos a una plataforma, para que llegasen a la mayor cantidad posible de personas. Hoy Privilegiados está conformado también por Lucía Rodríguez (socióloga) e incorporó Juan Pablo Ares (ex coordinador de la Secretaría de Nuevas Masculinidades de la FALGBT+Q hasta 2021 y activista en Zona Igualdad).

LA MIRADA MASCULINA. Gersberg habla de una suerte de códigos mafiosos entre varones. LA MIRADA MASCULINA. Gersberg habla de una suerte de códigos mafiosos entre varones.

“Trabajábamos ideas para documentales y ya teníamos incorporada la mirada feminista. Nos dimos cuenta de que tenía que ir por ahí. Nos tomamos a nosotros mismos como objetos de estudio y nos dimos cuenta de que, como varones, nos estábamos cuestionando cosas y que eso debíamos transmitirlo a otros varones”, cuenta Gersberg en diálogo telefónico con LA GACETA desde Buenos Aires.

Un entrevistado, un sociólogo, fue quien los hizo pensar que la clave era conversar todo entre varones y empezar a trabajar desde dentro de cada uno para descubrir los automatismos del machismo, poder entender y modificar ese comportamiento. “El segundo paso fue pensar cómo comunicar estas ideas que hacen que nos repensemos como seres con privilegios, cuestionemos los mandatos y observemos los costos de la masculinidad”, explicó.

“¿Te pasó de insistir para tener sexo y que con desgano acepten? ¿Alguna vez invitaste a una chica a tomar una birra para “aflojarla”? ¿Filmaste o fotografiaste a una piba sin su consentimiento? ¿Conocés tus emociones y cómo manejarlas?”, son algunas de las preguntas que aparecen en videos y posteos del grupo Privilegiados y que son el puntapié inicial en cada taller que brindan.

Gustavo Gersberg: “Los varones no podemos victimizarnos con un: ‘ya no se puede decir nada’”

Esos talleres se imparten en escuelas, sindicatos, empresas, organizaciones sociales y municipios. Hablan sobre masculinidades, pero desde una perspectiva feminista. “La idea es que, a partir de un video o de una pregunta, se reflexione en primera persona. Lo que hacemos con cada charla es deseando que ese diálogo luego se derrame en el interior de las instituciones, para que se observen las desigualdades existentes y se modifiquen”, explicó Gersberg y destacó como clave la primera marcha de Ni una menos, el 3 de junio de 2015, como un hito que caló hondo en la sociedad.

- ¿Qué acciones llevan adelante con Privilegiados?

- Actualmente realizamos contenido para redes sociales y brindamos talleres en donde cuestionamos a la masculinidad, a nosotros mismos. En cada una de las historias de los posteos está la nuestra también. Para nosotros fue clave entender que debíamos hablar entre varones, por eso Privilegiados tiene algo de hacerse cargo, porque realmente lo somos. Yo no puedo renunciar a ser blanco, heterosexual y de clase media, pero sí quiero renunciar a mis privilegios que generan desigualdad.

- ¿Con qué se encuentran en los talleres?

- Trabajamos mucho en todo el país y en diferentes instituciones, y observamos de todo. Desde personas de 60 años que no pueden creer todo lo que cuestionamos hasta pibitos que parecen más retrógrados, como si fuesen militantes del machismo. Entendemos que es muy complejo el lugar del varón hoy, pero también creemos que, justamente por eso, hay que empezar a hablar más entre varones. Una de las cosas que tenemos los varones y que no está buena es que hay mucha resistencia a escuchar sobre estos temas si quien habla es una mujer o alguien de la diversidad, porque nos sentimos acusados y juzgados. Hay que tener presente que todos, varones, mujeres y personas de la diversidad, cargamos con una educación machista. Esto de cuestionarnos es hacernos responsables de lo que heredamos y lo que transmitimos. Pero nosotros formamos parte del colectivo opresor y eso es muy complejo para reflexionarlo, asimilarlo. Me costó.

EN LOS TALLERES. Estas frases son algunos de los disparadores que usan al momento de abrir los debates. EN LOS TALLERES. Estas frases son algunos de los disparadores que usan al momento de abrir los debates.

- Cómo varón, ¿sentís que formás parte de un “colectivo opresor”, como mencionaste recién?

- Sí, absolutamente, todos somos parte del colectivo opresor. Soy varón, blanco, vivo en la ciudad. Yo puedo ser la persona más tierna del mundo, pero cuando camino detrás de una chica de 15 años y se asusta, me tengo que dar cuenta de eso. Me tengo que hacer cargo más allá de cómo sea yo individualmente. Hay una imagen mía de varón, alto, blanco y no puedo victimizarme, me tengo que hacer cargo de lo que viene sucediendo y tratar de transformar el mundo para que nadie nos tema.

- ¿Cuáles son los comentarios ante la interpelación que realizan con sus posteos en redes sociales?

- La primera reacción nunca es “tenés razón”. Los varones siempre buscan justificarse. Pero, de a poco, comienzan a mirar para adentro y una vez que llegan a ese lugar y escuchan, ahí comienzan a repensar las acciones. La clave siempre es preguntarse a uno mismo lo que sucedió, por qué lo hizo de esa forma y, seguramente, la próxima vez que te vincules con una mujer vas a tener eso en la cabeza. Es un proceso lento y molesto. Lo ideal sería que exista el respeto entre todos, debería ser algo básico pero cuesta entenderlo.

- ¿Cómo describirías la complicidad, ese código que se manifiesta cuando se encuentran los varones?

- Es algo con tinte de código mafioso. Siempre pongo el ejemplo de una situación muy cotidiana: yo voy caminando por la calle y pasa una chica con un cuerpo hegemónico. Pasa otro varón que la mira y me hace a mí un comentario sobre el cuerpo de ella. ¿Qué sucede ahí? Yo no lo conozco, es un desconocido, pero aparece una complicidad de la nada en donde se presuponen cosas. Otro ejemplo: voy a la verdulería con mi compañera, ella hace un comentario sobre lo que sea y el verdulero me mira a mí y hace un chiste sobre ella, como si por ser varones tenemos algo en común, un código, que la deja afuera a ella. Si le pregunto al señor que comentó sobre el cuerpo de la chica o al verdulero por qué hacen eso, seguro no saben explicarlo. Pero el código machista está ahí y accionamos en función de eso, aunque no lo entendamos o tengamos muy en claro. A veces nos cuesta reconocerlo y otras veces estamos más abiertos, con más capacidad de escucha, pero sí es importante hablarlo para transformarlo.

Gustavo Gersberg: “Los varones no podemos victimizarnos con un: ‘ya no se puede decir nada’”

- Algunos varones sienten hoy que a las mujeres no se las puede tratar porque todo puede ser mal interpretado, ¿te parece que es así?

- Hoy a los varones nos toca estar en otro espacio diferente al que ocupamos siempre y hay que bancársela, porque siempre ocupamos lugares de privilegio y nuestra voz era la más escuchada. En lugar de victimizarse con el “ya no se puede decir nada”, hay que reflexionar y entender que, por ejemplo, la caballerosidad es un tipo de micromachismo porque deja implícito que hay una persona que es inferior a la otra. Y bueno, aprenderlo. Como varones, tenemos que ir más allá de acompañar a las mujeres en las marchas del 8 de marzo.

- ¿Cuál es el primer paso para dar en esto de cuestionarnos el machismo que tenemos todos dentro?

- Lo primero que hay que hacer es juntarse con las compañeras de trabajo; con las amigas, parejas, madres, con las mujeres de nuestro entorno y -sin ponernos a la defensiva ni juzgar- preguntar cómo se sienten con respecto a algunas prácticas machistas. Lo primero que hay que hacer es ejercitar la escucha activa. Hay que saber que no es algo cómodo, al contrario, estas conversaciones siempre serán incómodas como cualquier cuestionamiento profundo. La comodidad es peligrosa y la incomodidad no es mala. “Si no pica, no cura”, decía mi suegro, por lo que de alguna manera tenemos que empezar a cuestionarnos lo que venimos haciendo para armar nuevos pactos, más sanos. Respetar si alguien nos para el carro. Escuchar es respetar, no avasallar.

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