Détox, coffee, paltas, semillas y la refutación del huevo

Détox, coffee, paltas, semillas y la refutación del huevo

Y junto con el café tomas quién sabe cuántas cosas: tomas toda la mañana, la mañana de ese día y a veces también la mañana perdida de la vida.  (Walter Benjamin)

Nuestra pasión por la pausa

Tuco y Tico son dos tucumanos insufribles que se quejan de todo. Hasta de las quejas. Hoy los acompaña una amiga en el rito del café, auténtica pasión por la pausa que profesamos los tucumanos. Un acto que supone estar más tiempo con la espalda en el respaldo de la silla (cuando no hamacándose) que encorvado hacia la mesa. Por eso este episodio es particularmente relevante.  

- Mocito, ella es Mariana, la filósofa. Nuestra maestra. Le decimos “la cinética” porque es terrible.

- Uf. Más mala que ustedes no creo. Para ustedes dos lo de siempre, ¿y la señora Mariana? ¿Un light?

Los amigos cerraron los ojos al mismo tiempo, felices de la vida por el mal paso del mozo. La filósofa lo mira con indignación.

- Diga mocito, ¿qué le hace mandarme esa propuesta?

- Perdón, nada más es costumbre… Y está muy bueno el light de aquí… Si quiere le traigo la carta de desayunos.

El público disfruta atento. “La carta de desayuno” quedó picando.

- ¿La qué?

- Tenemos más de veinte desayunos… Son gourmet.

- Mire, por favor me trae un cortado cargado en pocillo. Frío el pocillo. Dos medialunas saladas. Por favor le dice al que lo tira al cortado que soy la del viernes pasado,  para que no se le ocurra  hacerme otro dibujito de corazón con la espuma. Si quiere dibujar que busque un atril en la placita. Si me quiere presumir que me llame. Pero no me toque mi cortado. Ah, y soda, si quiere me la cobra. Dejé una cátedra en Buenos Aires con Mario Bunge porque me cansé de que me den agua del caño con el café.

Los amigos disfrutan cada segundo.

El mozo se retiró divertido y se dijo a sí mismo que lo humano es más diverso que las mariposas del Lillo.

La filósofa accede entones al pedido de la mesa de hacer una pequeña reflexión sobre “desayunología” a partir de una lectura filosófica de la carta.  Sobre una servilleta, el profesor Tuco no puede evitar su vicio de tomar apuntes.

Las observaciones desayunológicas desplegadas por Mariana

Observa en primer lugar que “dieta” es un concepto relacional. No existe “lo dietético”, siempre implica un sujeto concreto: es “la dieta de x para y”. Luego procede a la disección de las propuestas, se detiene en algunos casos que considera notables. Primero el “Détox III”, al que compara con secuelas de películas de terror, agregando “el regreso”, “más détox que nunca” y otros formatos. Después advierte que el “desayuno patríotico”, apelativo para mate con bollos, está luego del denominado “Brunch, coffee and eggs“, que le sigue. Propone a continuación que al menos en las vísperas y durante la conmemoración de la Batalla de Obligado, la gesta de Malvinas y las invasiones inglesas, se las separe. Señaló con justeza que la palta que se anuncia es una suerte de ungüento verde que recubre la tostada, pero “es a la palta lo que el chocolate shakesperano que se ofrece en los semáforos al chocolate en rama de bombonería”.

Que el light no es liviano y engaña con el nombre. Su padre, el gordo Zapella, se tomaba tres por mañana con el pensamiento mágico de que estaba tomando té verde y pesaba ciento cincuenta kilos a cualquier hora, estación o año. Que mantuvo ese peso crucero a base de los “light”, aunque no exclusivamente desayunos. Prometió arremeter contra la papa light en ocasión próxima.

Luego describe el fenómeno del “semillarlo todo”. Señala como ejemplo contundente la tostada de la mesa de la ventana, que a simple vista se nota que pesa más que un ruleman por la cantidad de chía, sésamo, alpiste, salvado y probablemente viruta. “Antes te sorprendían con que la cáscara de la manzana era lo más nutritivo, pero ahora ya la cultivan para pelarla y tiran la fruta, son chinchillas para esta gente. Esta sociedad vive royendo cáscaras y semillas, ¡ni los carpinchos te agarran el muesli ese, te piden agua para pasarlo!” .

Luego pasó a la refutación del huevo. Señaló que uno de los orgullos de Tucumán es que se distingue porque no hay olor a comida en las calles ni en los comercios. Exceptuando los criminales parripollos del domingo, desde luego. Pero esa virtud tambaleante está sufriendo una transgresión traicionera en el lugar menos esperado. Los bares. Agregó un criterio preclaro: “si vengo a  tomar un café y salgo con olor a sopa es que algo anda mal”.

Queda demostrado, QED.

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