EN SHE CONNECTS. Scheurer aparece disertando en el foro coorganizado por Endeavor y la UTN. Narró su historia y lanzó un mensaje motivador.
Con su pelo rubio cortito y el fondo oscuro donde brilla la luz de neón que representa el logotipo de Nubimetrics, Pamela Scheurer parece una estrella de rock. Pero esta ingeniera en Computación de Jujuy rechaza las loas y títulos magníficos que le endilgan sus presentadoras del She Connects, ciclo de Endeavor y la Universidad Tecnológica Nacional-Facultad Regional Tucumán dedicado a las emprendedoras del Norte argentino. “No soy una rockstar, sino una remadora y laburante como cualquiera”, se define Scheurer, quien cerró el encuentro virtual del jueves pasado. Un testimonio llano y deslumbrante al mismo tiempo fue el preludio de una reflexión sobre por qué a las mujeres les cuesta tanto jugarse por sus sueños y emprender. “Elegimos el camino empinado porque creemos que hay que controlar todo. No nos enseñaron a jugar en equipo”, refiere la expositora.
Scheurer es una de las figuras más relevantes del ecosistema emprendedor de la región. Junto a su marido, el también jujeño Andrés Jara Werchau, fundó la compañía proveedora de información para comercio electrónico con sucursales en México y en Brasil que hoy presta servicios a alrededor de 8.000 clientes. Nubimetrics procesa un volumen descomunal de datos para determinar las tendencias y preferencias de consumo en la web, y orientar la estrategia de los vendedores en los “marketplaces”, en particular Mercado Libre.
El emprendimiento ofrece soluciones orientadas hacia la comprensión del mercado, el proceso de venta y el desarrollo de negocios a partir del enfoque del “big data” y del “business intelligence”. A finales de 2020, Nubimetrics valía alrededor de U$S 12 millones y no ha dejado de crecer desde entonces.
En parte todo comenzó con la niña que se enamoró de una computadora en una revista que compraba su padre. “Yo estaba en un hogar típico: mi mamá era ama de casa y mi papá, la típica figura patriarcal a la que se rendía pleitesía. A los 9 años vi por primera vez una computadora en una foto. ‘Hija, eso no es para vos. La tecnología es cosa de hombres, vos jugá con las muñecas’, me dijo mi papá. Pero, como él se iba de viaje a menudo, yo agarraba las revistas, las veía y decía que algún día iba a tener una computadora. Incluso jugaba con una máquina de escribir donde simulaba la situación”, cuenta la directora de Tecnología de Nubimetrics.
Pese a la oposición paterna, al terminar quinto año se dispuso a concretar su anhelo de estudiar Ingeniería en Computación: “yo ya me había hecho la cabeza de que viviría en Córdoba como mis hermanos. Pero mi viejo creía que una mujer no se iba de su casa sin su marido. ‘Estudiá lo que hay en Jujuy’, me dice apuntando a maestra o a contadora. En ese punto de la película aparece mi vieja, que se juega todo por mí y me llama a escondidas para contarme que había leído que acababan de abrir la carrera de Ingeniería en Computación y que ella estaba dispuesta a inscribirme. Mi papá, por su parte, me anota en Ciencias Económicas. Durante seis meses llevé una ‘doble vida’, hasta que cumplí 18 años. Ese día le dije a mi papá que no iba a ser contadora; que ya estaba estudiando Ingeniería; que era la mejor alumna y que él no podía impedirlo”. Aún con esa determinación, la vida dispuso otra cosa y, un par de años más tarde, Scheurer tuvo que dejar la carrera.
Un pajarito y un amor
El país se iba a pique y, con él, el negocio familiar. El papá de Scheurer se funde y se va de su hogar. Este giro lleva a la hija a abandonar los estudios para ingresar a trabajar en el área de sistemas de una empresa de Jujuy. En ese cambio de rumbo obligado por las circunstancias ocurren dos hechos determinantes: por un lado, Scheurer dice que aprende casi todo lo que sabe sobre su trabajo y, por el otro, se reencuentra con el chico que siempre le había gustado en la secundaria, pero que entonces le resultaba inaccesible. Hay revancha: ella y Jara Werchau empiezan la relación y a fantasear con un emprendimiento.
“¿Vieron la propaganda del pajarito que taladra la cabeza? Algo así me pasaba a mí. Quería hacer algo más. Quería trascender. Andrés tenía la misma necesidad. Y empezamos a jugar con esto que es Nubimetrics. En un momento llegó la hora de la verdad. Después de escucharnos hablar horas y horas, mi vieja nos encara y nos dice: ‘¿por qué no se dejan de joder y arman una empresa?”, relata Scheurer ante el auditorio de emprendedoras del She Connects.
Lanzarse no fue fácil. Scheurer recuerda que era un manojo de miedos. Tenía temor de dejar un sueldo fijo en un lugar donde había dejado de crecer, pero que le resultaba conocido. Tenía temor de perder la obra social. “Siempre había gozado de buena salud, pero en ese entonces me preocupaba la posibilidad de enfermarme. Tenía los miedos propios de quien se aparta de la zona de confort. ‘¿Yo seré capaz de ir hacia lo desconocido?’, me preguntaba. En un momento dije: ‘o me dejo paralizar por los miedos o voy por lo que sé’. La respuesta salió muy natural. Nos largamos con Andrés”. En su caso, el primer paso fue, en realidad, un tropiezo.
En la incomodidad
En el tren de convertirse en emprendedores, armaron un plan con diversos objetivos, por ejemplo, no usar la tarjeta de crédito para no generar deudas. Otro de ellos era que Scheurer volviera a la universidad para recibirse. Otro: que Andrés consiguiera el primer cliente para Nubimetrics.
La meta académica obligó a reabrir una cuenta que había sido mandada al desván de las deudas incobrables. “Recuerden que yo había dejado en tercer año. Antes de eso creía que lo de Ingeniería ya estaba cerrado. Me ponía autoexcusas. Pero Andrés me dijo que, si íbamos a emprender y a dedicarnos a esto, yo debía terminar la carrera”, evoca Scheurer. Y agrega que retomar los estudios fue importantísimo: “cuando tomé la decisión, mi vida era un encierro permanente. En nueve meses terminé la mitad de la carrera que me faltaba. Me recibí de ingeniera: nada había cambiado, el mundo seguía igual y yo, sin embargo, sentía que me había quitado 100 ladrillos de encima. Nada cambió, yo cambié. Mi mente cambió”.
El plan iba sobre ruedas porque, mientras tanto, Jara Werchau había conseguido un cliente dispuesto a entregar 100.000 dólares por los servicios tecnológicos que ellos ofrecían. Esa oportunidad los entusiasmó hasta el punto de que Scheurer renunció a su trabajo de un modo cinematográfico. “Fui y le dije a mi jefe: ‘¡no vuelvo más!’”, relata. Como el cliente necesitaba algo de tiempo para aportar el dinero, la pareja decidió aprovechar el margen y viajó a Francia: “nos endeudamos hasta la cabeza, pero, ¿qué importaba si nos esperaban U$S 100.000? El hecho es que, mientras estábamos en Aeroparque para abordar el avión de regreso a Jujuy, Andrés recibe un llamado del cliente y este le comunica que se retiraba del negocio. De repente nos quedábamos sin nada y en la incertidumbre total. Andrés me agarró la mano y me dijo ‘vamos hacia adelante’”.
Hipotecaron su casa y abrieron la oficina donde empezó oficialmente Nubimetrics. Una oportunidad llevó a la otra y, un día, Scheurer se vio haciendo lo que nadie le había enseñado a hacer: liderar. “No sabía cómo, pero sí qué tipo de líder quería ser y, también, que deseaba aprender. Así descubrí que esto consiste en tener las conversaciones incómodas que una nunca desea abordar. Y en buscar a personas que hagan las cosas mejor que una: alguien que sea fuerte en esas cuestiones en las que yo soy débil”, resume.
Nubimetrics acaba de levantar otros U$S 5 millones de inversión y para sus fundadores el techo se asemeja bastante a ese cielo infinito que intuían cuando este presente lucía lejanísimo. Scheurer dice que las corazonadas son fundamentales y que hay que confiar en ellas. “Para hacer que las cosas pasen, hay que matarse. Si están en este foro es porque hay algo adentro que las quema y las impulsa para adelante. Háganle caso”, aconseja.
Según su experiencia, uno de los impedimentos más grandes que las emprendedoras deben afrontar está dentro de ellas y tiene que ver con esa obsesión por el control absoluto. Al respecto, medita: “fuimos moldeadas para ser la mujercita de la casa. Tenemos que ser ‘multitasking’ y asumimos responsabilidades desde muy temprana edad. Cuando tenía seis años, a mí me asignaron el cuidado de una hermana. A mis hermanos les inculcaron un deporte en equipo: a mí, a jugar sola. Estamos acostumbradas a ser autosuficientes. Nos cuesta armar redes. Nosotras elegimos el camino más empinado no porque nos guste, si no porque no sabemos hacerlo de otra forma”.
La receta de Scheurer
1) Lanzarse hacia lo que se ama.
2) Aprender a confiar en una y en el poder que se tiene.
3) Tomar riesgos.
4) No pretender controlarlo todo: asociarse con los que saben.
5) Ir hacia adelante, en especial después de una caída.








