Marcelo Figueras: “El mal en el mundo contemporáneo es la indiferencia ante el otro”

“Per me si va ne la città dolente”, lee Dante Alighieri acompañado por el poeta Virgilio en la puerta del infierno, justo al comienzo del canto III de su Divina Comedia y antes de toparse en ese recorrido por los anillos del infierno con los cobardes. Esa misma frase la lee el psiquiatra Tomás Pons en el instituto Jenseits, al que arriba aceptando ser su vicedirector y por una cuestión meramente monetaria y sin cerciorarse de qué se trataba ese ¿psiquiátrico? perdido en el Delta. El histriónico Tomás Pons es el protagonista de Todos los demonios están aquí, la última novela de Marcelo Figueras. Aquí habla sobre el libro pero también sobre la influencia en su vida de Rodolfo Walsh y el Indio Solari.

Marcelo Figueras: “El mal en el mundo contemporáneo es la indiferencia ante el otro”
03 Julio 2022

Por Flavio Mogetta

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

- En la Divina Comedia, Virgilio acompaña a Dante en su descenso al infierno. La Comedia aparece en la novela a modo de citas textuales pintadas en las paredes del Instituto. Esas apariciones no son inocentes, el infierno está más cerca de lo que Pons cree…

- La pregunta por el infierno fue lo primero que apareció antes que la historia per se. Jugar con la idea de si el infierno existiese cómo sería en tiempos contemporáneos y quién iría a parar al infierno en esta circunstancia. Porque obviamente el panorama es muy distinto al que era en el momento del absoluto poder de la Iglesia Católica, en el cual muy claramente lo que te mandaba al infierno eran los pecados y quien te sacaba la tarjeta roja para mandarte al infierno era la Iglesia. A continuación apareció el juego con la idea de qué pasa si el infierno fuese un lugar físico, como por otro lado sugiere Dante. Entonces me puse a jugar con la idea de que si existiese un infierno físico después de la Segunda Guerra Mundial seguramente hubiese quedado sobrepoblado, ¿qué pasaría si no hubiese más espacio en el infierno y hubiese que crear sucursales?  

- En ese juego, y ya sin el monopolio de la Iglesia católica sobre quién amerita infierno y quién no, es posible también repensar qué pecados pueden ser castigados y cuáles no.

- La idea mía por un lado era preguntarme lo que me desvelaba de algún modo, que es la noción del mal. Hasta hace uno siglos el mal era de Satán, el mal eran los pecados. Pero ahora, como se ha secularizado muchísimo la especie humana, no pensamos que eso es el mal. ¿Eso significa que el mal ya no existe o significa que el mal es de algún modo distinto? Entonces lo que apareció ahí es la historia de alguien que tuviese que enfrentarse con una versión contemporánea del infierno y con quienes habitaban esas distintas sucursales.

- Teniendo en cuenta esto, ¿qué sería el mal en el mundo contemporáneo?

- Si yo tuviese que decir qué me parece a mí que es el mal en el mundo contemporáneo, es más bien la indiferencia ante el otro. En este infierno hay males tradicionales, como los asesinos seriales, pero también la mayor parte de la población de ese infierno está lleno de gente que básicamente se caga en el otro. Gente mediocre, indiferente, que solo piensa en sí misma y que hace daño de otra manera. Esa es la población que me dio por imaginar ahí y en este sentido, todos los signos que remiten a la Divina Comedia son los que ayudan al protagonista a entender qué clase de lugar es ese al que ha ido a parar como uno de sus regentes.

- La novela se desarrolla en el convulsionado fin de año de 2001, con una primera parte fechada entre octubre y noviembre de 2001, y una segunda parte que llega hasta el 19 de diciembre de ese año. ¿El contexto de un país puede servir como metáfora de un infierno en la tierra?

- Para esa historia necesitaba un trasfondo histórico. Podría haberlo puesto en el presente tranquilamente, pero se me ocurrió que nada se parecía más a un paisaje infernal que hubiésemos vivido en lo que llevamos del siglo, que lo que fueron esos últimos meses y en particular diciembre de 2001. Paisajes literalmente dantescos. Es un adjetivo que se utiliza mucho pero esas noches de 2001 eran sin dudas lo más parecido a lo dantesco que hemos vivido en la Argentina desde que arrancó este siglo: llamas, humo, confusión, gritos y desesperación por todos lados. Si eso no es el infierno de Dante, ¿qué es?

- Trabajás como periodista, pero sin lugar a dudas no podés evitar caer bajo el influjo de la ficción…

- Desde que puedo recordar lo primero que apareció en mi vida fue la ficción, las historias bajo cualquier formato. Nunca me recuerdo no escribiendo. En ese sentido fui siempre heterodoxo, muy populista. Me gustan las historias en general y los formatos son las pilchas que se ponen en ese momento.

Operación Masacre

- En El negro corazón del crimen, tu novela anterior, el protagonista es Rodolfo Walsh, el Walsh que escribe Operación Masacre. ¿Cuándo se te aparece a vos?

- La figura de Walsh se me apareció en el número dos de una revista que se llamó El periodista de Buenos Aires, que editaba Ediciones de la Urruca. En ese número, Horacio Verbitsky publicó un artículo sobre Walsh, donde hablaba de Operación Masacre como el Facundo de su generación. Y me pareció la más maravillosa de las historias, con la salvedad que era una historia real y que más trágica no podía ser. Después me crucé con un libro/fascículo, que también sacó la Urraca, en el que se incluían facsímiles de la escritura de Operación Masacre a máquina y corregidos a mano por Walsh. Eso para mí fue la más maravillosa escuela de escritura que encontré, porque era un tipo que había escrito un original a máquina y a mano lo que hacía básicamente era tachar, sacar, cortar, tachar, cortar, sacar, sacar, y yo recuerdo que me fascinó en aquel momento. En general todos aquellos y aquellas que comenzamos a escribir con toda la inseguridad del mundo tendemos a ser barrocos porque cuando uno escribe difícil es más fácil esconder que uno no está seguro o es más fácil esconder que uno no escribe del todo bien. El temor es el contrario, no hay nada más difícil que escribir fácil. No hay nada más aterrador que escribir sencillo sin perder la gracia. No es cuestión de escribir una frase boluda. Y las correcciones de Walsh para mí eran eso. Era un tipo que se daba cuenta que si sacaba esto o lo otro, el resultado era mejor.  

- ¿Es la ficción un instrumento para poder narrar la realidad, para poder narrar lo que a veces resulta inenarrable?

- En mi caso personal la ficción es la mejor manera que tengo de pensar, porque obviamente me relaciono con la realidad como el resto de la gente, como el común de los ciudadanos y las ciudadanas, pero cuando apelo al código de la ficción me ayuda a pensar lo que me pasa, lo que ha pasado en este lugar y lo que estimo que puede llegar a pasar en este lugar de otra manera. Creo que es una suerte de pensamiento lateral o paralelo, que se pone en funcionamiento y que me ayuda a poner determinados espejos más o menos deformantes delante de lo que pasa y que me ayuda a por lo menos a plantearme las preguntas que de otra manera no me animaría a hacer.

Indio Solari

- En más de una oportunidad has señalado la importancia de Walsh y del Indio Solari en tu construcción personal.

- Entiendo cada vez con mayor claridad que nadie ha interpretado mejor lo que hemos vivido y en algunos momentos lo que íbamos a vivir que los creadores y las creadoras de ficción. Si seguís la línea de los grandes creadores de arte, la experiencia Argentina, está en la ficción, lo cual significa que está tanto en Operación Masacre como en “Oktubre” de los Redonditos de Ricota o en “El tesoro de los inocentes” del Indio Solari. Por eso, si no leíste Operación Masacre o si no escuchaste los discos de los Redondos hay algo que no terminaste de entender.

- Pensando en el Indio, las conversaciones que tuviste con él dieron forma a Recuerdos que mienten un poco, sus memorias. ¿Qué te aportaron como periodista, como escritor y como persona?  

- Las conversaciones con el Indio me aportaron primero un privilegio enorme como fan, la posibilidad de ser el primero en escuchar primero esa historia personal y humana, que tan oscurecida había estado durante años. Porque el Indio en general no era de hablar de su propia historia. A resultado de ese privilegio me ha quedado primero un libro, que yo considero uno más de mis libros, no lo considero un libro paralelo, porque cuenta una historia maravillosa y en ese sentido no está en un lugar menor que cualquier novela que haya podido escribir, sino igual o por encima. Y lo que me dejó es una relación humana con el Indio, que es de las cosas más lindas que tiene mi vida en estos años. Ha sido sin dudas una experiencia que ha transformado mi existencia para bien.

Perfil

Marcelo Figueras nació en Buenos Aires, en 1962. Escribió, junto con Marcelo Piñeyro, los guiones de Plata quemada  (Premio Goya a la mejor película de habla hispana), Ismael y Las viudas de los jueves. También escribió el guión de Kamchatka (representante de Argentina en los Oscar); de Peligrosa obsesión y de Rosario Tijeras. Es autor, entre otros libros, de El año en que viví en peligro, Aquarium, El muchacho peronista y Recuerdos que mienten un poco, biografía del Indio Solari.  

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