“HAGAMOS EL AMOR, NO LA GUERRA”. Petros lo reformula como una práctica de convivencia pacífica.
La conferencia que brindará el martes Ana Petros tiene un disparador: la aceptación de la primera mujer, Sabrina Spielrein, en el seno de la Asociación Psicoanalítica de Viena, en 1911 (la historia se hizo película con el título “Un método peligroso”, dirigida por David Cronenberg y protagonizada por Viggo Mortensen, Keira Knightley y Michael Fassbender). Spielrein fue incorporada después de que se la escuchara en una ponencia. Esto generó en Petros -también psicoanalista- la inquietud de conocer cómo se escucharon las voces de las mujeres a lo largo de la historia y el valor que han tomado en la actualidad.
“Me remito al origen de las alfombras killing, que son las que se tejen en Oriente, hechas solamente por mujeres. Antes se les negaba el acceso a la educación, por lo que la mujer podía hablar pero no escribir y entonces tejía esas alfombras killing, en donde contaba su historia a través de nudos y dibujos en un trabajo que podía llevar meses y años, según el tamaño -reflexiona Petros en diálogo con LA GACETA-. La mujer, en aquel entones, representaba lo distinto y ese rechazo a lo diverso se sigue conservando en la actualidad. Entonces me pregunto, si es posible formular un nuevo modo de pensamiento respecto a ello”.
- El nombre de la conferencia remite a una canción y a una época de la historia mundial muy puntual, ¿por qué?
- La conferencia se denomina así, “Haz el amor y no la guerra”, por la canción de John Lennon “Mind games” (1973) Ese mismo lema make love not war se utilizó de manera antimilitar, asociado con la contracultura de la década de 1960 en Estados Unidos, en contra de la guerra de Vietnam. Si lo vemos retrospectivamente, y hoy en la actualidad con Vladimir Putin, la guerra y las revoluciones han sido siempre obra de los varones, con sangre y violencia. Hace poco di una conferencia que se llamó “Lo cruel y lo perverso”, donde me referí a la violencia actual y de qué modo se perpetúa a lo largo de los siglos, no pudiendo impedirse por ningún acuerdo simbólico. “Hagamos el amor no la guerra”, tal vez pueda reformularse como una práctica de convivencia pacífica.
- ¿Y cómo se relaciona esa frase con el actual movimiento feminista?
- Lo femenino se presenta en algunos de estos movimientos como una revolución del deseo, de jugarlo y de hacerlo recircular para inscribir los derechos postergados de las mujeres. Hablo de tener igualdad de oportunidades, que de eso se trata una verdadera revolución y que está malversada cuando se trata de excluir a los hombres con aversión hacia ellos, disputando el poder. Una mujer debería imponerse pero no por ser un número en un cupo. Ese lugar sólo es un primer paso, el segundo paso es que la mujer haga valer su trabajo por el conocimiento, por su capacidad, desde luego. Hay muchas personas inútiles que ocupan lugares por la primacía de la masculinidad. Esta desigualdad ha propiciado que la mujer sea una hormiga laboriosa para ganarse un lugar de reconocimiento, logrando así su prestigio.
- ¿Qué debería buscar el feminismo?
- El movimiento feminista es importante por haber promovido cambios sociales y estructurales desde la mitad del siglo XX hasta hoy. Y seguirá produciendo movimientos importantes y bienvenidos mientras no procure un lugar por aversión hacia los varones, que es la otra cara del feminismo. Cuando se desvirtúa el verdadero camino es cuando se pierde la oportunidad de la verdadera revolución: el intercambio de poder, de la potencia, del conocimiento y del lugar de la palabra que es válida tanto para el varón como para la mujer. También tenemos, por otro lado, a los hombres malversados que son los que detentando el poder, como siempre lo hicieron, destinan a las mujeres a un lugar menor.
- ¿Por dónde iría entonces esa verdadera revolución?
- La revolución será productiva en la medida que se puede entender que desde el origen una mujer es causa de desear: es la que provoca el deseo de tener un hijo, el del amor, el deseo del sexo, el ser causa de muchas creaciones, etc. Una mujer es la causa de desear muchas cosas, por eso las mujeres somos vitales en este sentido y somos insaciables también, porque somos portadoras de ese deseo. Esto explica que la vejez de un hombre no sea comparable a la vejez de una mujer: una mujer sigue siendo vital a los 80, 85 años, mientras que el hombre a los 70 ya se siente, injustamente, “viejo”. Por supuesto que estas son generalidades porque hay excepciones. De aquí es que algunos movimientos feministas vuelven a ubicar como terreno de disputa política la cuestión del deseo y nombran su activismo y su lucha como la Revolución del Deseo. Desde luego, cuando uno desea es cuando está en falta algo y se busca saciar esa falta, ahí reside ese anhelo y su vitalidad. Esto ya está planteado en grandes pensadores como Platón, Hegel, Freud y, más cerca en el tiempo, en Lacan.
- Se critica mucho el lugar que Sigmund Freud le dio a la mujer en sus estudios, ¿cuál es su opinión?
- Freud decía que el lugar de una mujer es el de un enigma. Hay muchas críticas severas, proviniendo algunas de pensadoras de la Universidad de Berkeley, entre otros, que sostienen que Freud colocaba a la mujer en un lugar de rebajamiento. Personalmente creo que no hay una lectura estructural del pensamiento freudiano. Creo que hay que destacar que Freud habló sobre sexualidad en 1906 y eso fue también una revolución. Imaginémonos que en ese tiempo avanzar en esta concepción y sobre el inconsciente era todo un desafío para la sociedad de la época. Somos nosotros, los psicoanalistas de este tiempo, a quienes nos cabe aclarar, avanzar y expedirnos sobre la difícil situación en la que está envuelto el mundo con la creciente violencia, no sólo sobre las mujeres sino también entre los hombres.
- ¿Cuál es esa búsqueda que propone Freud?
- Freud dirá, en definitiva, que es difícil comunicar lo que es una mujer, que es un saber que no concluye. La sexualidad es un enigma que se trata de desentrañar durante toda la vida y es ella, una mujer, la que predominantemente lo “encarna”, porque tiene que ver, fundamentalmente con esa función del deseo, del cual hablamos, que nunca es claro respecto de lo que verdaderamente se trata pero que promueve una búsqueda incesante. El deseo es un motor en la vida que nos pone en marcha hacia donde van nuestros intereses. La búsqueda de la satisfacción no es una, por ello los seres humanos podemos diversificarnos como con un radar que va orientándonos de manera inconsciente hacia objetos de atracción, mediante los cuales nos realizamos. Esa búsqueda constante es la sexualidad para Freud. Nunca tuvo que ver ni con el género ni con el sexo, nada biológico ni predeterminado hay en los seres humanos, por ello es que no somos seres simples como los del reino animal. Mi conferencia versará sobre la diferencia que hay entre una mujer y lo femenino que puede escucharse como lo mismo y sin embargo, esto último, también es de la incumbencia de los hombres.
Invitación
“Lo femenino. Haz el amor, no la guerra”
Ese es el título de la conferencia que la psicoanalista Ana Petros brindará el martes a las 19. La actividad, de carácter virtual, se concretará vía Zoom. Para inscribirse, sin costo, los interesados deben enviar un correo electrónico a seminariopsicoanalitico@gmail.com. Petros es autora de varios libros; dio conferencias en Estados Unidos, México, Brasil, España y Francia. Es fundadora del Seminario Psicoanalítico de Tucumán y, en el plano internacional, de RAP (Reunión Americana de Psicoanálisis).








