RIESGO. Cristian Russo aseguró que el clima genera incertidumbre.

La última campaña de trigo marcó niveles históricos en nuestro país porque los buenos rendimientos permitieron superar las estimaciones trazadas por los especialistas para este cultivo. Sin embargo, para la campaña 2022 / 2023 el panorama luce muy poco optimista. En diálogo con LA GACETA, Cristian Russo, jefe de la guía estratégica para el agro de la Bolsa de Comercio de Rosario, explicó que en este período de siembra el factor climático juega un rol predominante por la poca humedad que alcanzaron a reunir los suelos. Y si a esto se le suman las complicaciones económicas por el aumento de costos, el desabastecimiento de combustible y el contexto internacional, el escenario se vuelve adverso.
- ¿Qué se espera para la nueva campaña de trigo en Argentina?
- Venimos de una campaña que fue récord en todo el país. Decíamos que si llegábamos a las 20 millones de toneladas estábamos bien. Terminamos superando esa cifra y llegamos a 23 millones de toneladas. Venimos de una campaña que dejó la vara muy alta con siete millones de hectáreas cosechadas. Y ahora observamos un contexto muy complejo de siembra ante uno de los escenarios de seca más importantes de los últimos 12 años. Para ver un escenario más complicado que el actual tenemos que retrotraernos a 2009, donde tuvimos una campaña para el olvido. Sufrimos tres fenómenos climáticos de Niñas consecutivas y esto se hace sentir en la falta de agua que demandan los perfiles de suelo. Este es el marco de la campaña 2022 / 2023.
- ¿Cuántas hectáreas quedarán sin sembrarse en Argentina?
- Una parte importante de las estimaciones es tomar el pulso a lo que pasará con la intención de siembra. En la intención de siembra de trigo observamos una caída enorme, muy importante. Estamos hablando de un 10% menos en relación al año pasado y lamentablemente, sin lluvias a la vista, esto puede seguir aumentando. También habíamos notado una subida en el nivel de tecnología con el que se desarrollaron las últimas campañas, pero este año bajó y eso también repercutirá en los rindes. Entonces, el potencial con el que armás el cultivo baja. Estamos hablando de poder alcanzar 18.500.000 de toneladas, siempre y cuando el clima se juegue a favor. En este contexto de complicaciones, Buenos Aires tampoco ayuda mucho porque en su bastión triguero -ubicado en la zona sudeste- la cebada le está compitiendo al trigo por márgenes. Por estas cuestiones el productor siempre ve con mejores ojos en materia agronómica y de comercialización porque con la cebada tienen menos sorpresas. Si bien hubo una escalada de precios interesante, resulta extraño hablar de una baja en medio de buenos márgenes. Además, el cultivo de trigo se volvió caro y eso significa que si te va mal te saldrá más caro. Si te va bien podés alcanzar un margen interesante, pero en caso contrario los costos son muy altos y en estos tiempos el productor está tratando de perder lo menos posible.
- ¿Cómo afronta el productor la nueva campaña?
- La soja es la respuesta a la pregunta. Lo que vemos es que en los últimos siete años hubo un cambio fuerte a cultivos más intensivos que rinden mucho más como la soja y el maíz que también permiten rotaciones efectivas. La soja empezó a tener costos altos y hoy vemos como un punto de inflexión. El año que pasó fue el de menor siembra de soja en los últimos 15 años y vemos un cambio de tendencia donde vuelve la soja, el maíz cae un poco y dependerá mucho de cuánto llueva previo a la siembra. Ante la incertidumbre, la soja se vuelve un refugio.







