¿Qué es el espíritu crítico?

Se les exige a los intelectuales, a los escritores, a los agentes de la cultura, pero también a los ciudadanos en general, ya que los sistemas educativos suelen hacer hincapié en la formación de personas críticas. Pero ¿lo somos? ¿Qué es, en realidad, el espíritu crítico? Por Juan Carlos Cabaleiro para LA GACETA.

LA CLAVE. “El espíritu crítico -bien social insospechadamente escaso- crea sus propias ideas o las toma provisoriamente prestadas, pero de múltiples y variadas fuentes”, define el autor. LA CLAVE. “El espíritu crítico -bien social insospechadamente escaso- crea sus propias ideas o las toma provisoriamente prestadas, pero de múltiples y variadas fuentes”, define el autor.
11 Junio 2022

El individuo, en su estado de indefinición inicial, advierte que ha surgido un nuevo tema para el debate público. Puede ser cualquier cosa -el aborto, Ucrania, la inflación-, un asunto más o menos complejo cuyos entresijos ignora, pero ante al cual no puede permanecer indiferente. Debe tomar partido. Indaga, entonces, qué postura han tomado los de su bando en la grieta ideológica o cultural. Busca y se apropia de unas cuantas consignas que fundamentan, esquemáticamente, una postura; aprende, además, cómo anticiparse a las réplicas de sus oponentes y refutarlas. Con estas armas se suma, más o menos enardecido, al vocerío generalizado. Como sus diatribas apuntan a alguna parcela del poder, se autopercibe crítico, aunque las opiniones que defiende no son propias, sino clonadas del discurso circulante. En nuestro sistema cultural actual, atravesado más que nunca por los discursos mediáticos, consumirá luego los que repitan una y mil veces su postura, y encontrará en ello la infantil satisfacción de la recurrencia, el placer de sentirse confirmado. El individuo en cuestión no es crítico, sino un propagador más de consignas y tópicos prefabricados.

El espíritu crítico -bien social insospechadamente escaso- crea sus propias ideas o las toma provisoriamente prestadas, pero de múltiples y variadas fuentes. Ejerce luego la discusión no como agravio, sino como mecanismo para filtrar errores e incongruencias, como un acercamiento compartido a la verdad. Antes que oponerse fieramente a lo que considera errado, el auténtico espíritu crítico busca en ello su parte de verdad o de razón, y ejerce la escucha con talante generoso; pero, sobre todo, procura cuestionar las certezas propias, someterlas a una constante y sincera revisión. Toda crítica es, en esencia, autocrítica, modificación o cambio de perspectivas. Duda sistemática. Indagación de los propios límites. Capacidad de rectificar rumbos y pareceres.

El espíritu crítico se opone así al espíritu dogmático, que consiste en mantener a cualquier precio una determinada opinión. El dogmatismo es militante, porque pretende imponer sus creencias al resto; es también obediente, porque se mantiene obsecuente a los preceptos asumidos y a la autoridad de quien los dicta; y compra paquetes completos de adhesión a una causa, porque no ve en ella matices: entre lo bueno propio y lo malo ajeno no distingue zonas intermedias. Es el viejo modelo del intelectual «comprometido», que se obliga a tragar sapos que considera propios y a ver en lo ajeno el puro demonio empedernido. Tal compromiso -cuando no lo es con ideales o valores, sino con la mundanidad política- recluye el pensamiento y lo subordina a intereses. El verdadero intelectual, muy al contrario, no puede ser más que un francotirador del pensamiento, inclasificable y desacatado, atento a lanzar sus dardos contra cualquiera sin obsecuencia ni contemplaciones, y a recolectar también las perlas que pudieran hallarse hasta en el peor estercolero.

El espíritu crítico, por tanto, no es patrimonio de ninguna bandería política o ideológica, y consiste, ante todo, en desconfiar de las creencias propias. O tal vez me equivoque.

© LA GACETA

Juan Angel Cabaleiro – Escritor.

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