Paraísos que se niegan a morir

Historias de las bibliotecas tucumanas. Por Agustín Eugenio Acuña.

11 Junio 2022

Los que somos lo suficientemente grandes, aunque se nos sigue tratando como chicos, tenemos en nuestra memoria lo que significa acudir a una biblioteca. Algunos quizás cuentan todavía en su haber con la visita a una biblioteca pública o incluso a una biblioteca popular.

En épocas de redes sociales, el reinado de Internet, la digitalización y demás, escribir sobre las bibliotecas públicas puede parecer un acto de nostalgia, una pérdida de tiempo, una locura, o, por qué no, un acto de romántica resistencia, en el mejor de los casos.

Algo de todo eso hay en el libro Bibliotecas Populares de la Provincia de Tucumán, de Fernando Edgardo Ríos Kissner y Jorge Gustavo Perera.

El libro es un relevamiento de las 40 bibliotecas populares que sobreviven en la provincia. Lo admito, suena aburrido, pero no lo es.

El libro tiene historia, porque nos cuenta un poco de cada institución o de cada ciudad o pueblito en el que sobreviven las bibliotecas. Así podrá enterarse de los orígenes de la Asociación Mutual Círculo del Magisterio que se encarga de la Biblioteca Popular Ana María Garmendia de Frías, de cómo Bartolomé Mitre aceptó gustoso que una biblioteca popular en Monteros lleve su nombre o de la cantidad de balazos que recibieron Isauro y Arturo Arancibia, que con los años verían homenajeados sus nombres en otra biblioteca popular monteriza. Y el libro también tiene arte en las imágenes de obras del arquitecto Mario J. S. Israilev, que dividen cada sección.

¿Qué se puede contar en un relevamiento sobre las bibliotecas populares tucumanas? Los autores desafían la rápida respuesta intuitiva que nos surge (poco o casi nada) y nos cuentan historias maravillosas, que hay detrás de cada institución, con ciudadanos activos, actividades culturales y lazos con la comunidad. Ahí está, entre otras, la historia de Juan Manuel Rodríguez, quien en silencio fue el artífice de la Federación de Bibliotecas Populares de Tucumán.

La prolijidad administrativa de las bibliotecas es lo que les permite recibir auxilio del Estado a través de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). La síntesis del informe de la Dirección de Personas Jurídicas indica que es una falencia de varias bibliotecas. Ocurre porque muchas veces no están para lidiar con una burocracia estatal reactiva sino con la dura supervivencia diaria.

En un contexto de crisis y de franco desinterés por el otro, numerosas bibliotecas desarrollan actividades culturales para la comunidad, como nos cuentan los autores.

El potencial cultural y social de esta red de bibliotecas populares es enorme. El Estado parece no advertir la oportunidad que tiene para fomentar su desarrollo y crecimiento. Ejemplo de ello es la Ley 7693 que organiza el Sistema Provincial de Bibliotecas desde los primeros días de 2006 y que se incluye en el libro.

Las bibliotecas, paraísos para los lectores curiosos, para los amantes de la cultura, para los apasionados, se niegan a morir. ¿Hasta cuándo podrán resistir?

© LA GACETA

AGUSTÍN EUGENIO ACUÑA 

HISTORIA BIBLIOTECAS POPULARES DE LA PROVINCIA DE TUCUMÁN / FERNANDO E. RÍOS KISSNER Y JORGE G. PERERA - (Archivo Histórico – Tucumán)

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