11 Junio 2022

Daniel Abad

Director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del NOA

Suele decirse que en economía lo único que no se puede evitar son las consecuencias.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene varias consecuencias, una de ellas, es que no hay que cumplir ninguna meta de inflación.

Todo lo contrario, la aumenta porque implica correcciones de tarifas, precios regulados -gas y electricidad y tipo de cambio (incremento del dólar oficial que es el tenido en cuenta para fijar los precios de los alimentos entre otros).

Aspectos fiscales, monetarios, de acumulación de reservas son los otros condicionamientos que si deben cumplirse.

Al momento de la negociación, se estimaba una tasa de inflación anual de alrededor del 48 por ciento. Ese porcentaje ha superado holgadamente al estimado para el año 2022.

Suele confundirse nivel de precios con inflación. En mercados concentrados derivan en nivel de precios muy altos –ahí es donde debe gestionar un Secretario de Comercio- mientras que la inflación (aumento sostenido y generalizado de precios) es un problema macroeconómico con independencia de la concentración. Lo que sucede con la guerra Rusia-Ucrania es que retroalimenta una inflación de por si alta y eso confunde.

Ahora bien, que consecuencias trae aparejada una inflación alta? Golpea al salario y al crédito doméstico. Al salario le quita poder de compra hasta la próxima paritaria (los que están en relación de dependencia) y al crédito porque lo torna cada vez más caro porque hay que ajustar las tasas de interés al nivel inflacionario.

Esto implica, en el mediano plazo, que cae el consumo y se enfría la economía con alta inflación alimentada a su vez, por las consecuencias de la guerra Rusia-Ucrania como dijimos.

A este escenario se lo denomina Estanflación.

Es un concepto que se hizo popular en la década de los años 60, que describe una situación caracterizada por un alza sostenida en el nivel de precios, acompañada por un incremento insuficiente de la actividad económica y un creciente desempleo.

El término estanflación viene de la fusión de los conceptos estancamiento e inflación.

En aquella oportunidad, los países productores de petróleo se asociaron en lo que se llamó la OPEP (Organización de los Países Productores de Petróleo) y decidieron actuar conjuntamente explotando su posición casi monopólica, cuadriplicando el precio del petróleo a fines de 1973.

Las consecuencias fueron que el comercio de los países desarrollados entró en una situación deficitaria.

La industria de estos países dependía del petróleo, por lo que se vieron en graves dificultades económicas porque no pudieron mantener la producción al mismo ritmo, lo que acrecentó el proceso inflacionario.

De manera que la crisis de 1973 produjo un descenso de la actividad económica, creciente desempleo e inflación, produciéndose un fenómeno nuevo al que se denominó estanflación, la combinación de estancamiento económico con inflación.

EEUU y Europa, la eurozona, están aumentando la tasa de interés para enfriar la economía y desacelerar así la inflación.

Hay que tener presente que la inflación mundial es un problema de oferta (faltan alimentos y energía) mientras se venía sosteniendo la demanda durante pandemia con enormes estímulos, los famosos cheques a las familias en EEUU. Lo mismo sucede en nuestro país con el IFE y otros tantos planes, con la diferencia que acá el nivel de inflación es muy alto.

En nuestro país la grieta se debate entre crecer con inflación o, que se enfríe la economía y así desacelerar la escalada de precios. Con el nivel de reservas que hay en el BCRA y cepo cambiario, es muy difícil que la economía siga creciendo sin que pegue otro salto la inflación.

El problema es que la economía hoy no tiene anclas.

Para salir de un escenario así es preciso coordinar políticas fiscales, monetarias, cambiarias y de ingreso mediante un plan de estabilización y de crecimiento de mediano y largo plazo. Implica usar todo un arsenal de medidas tanto ortodoxas (fiscales y monetarias) como heterodoxas (cambiarias y de pujas distributivas). Uno de los errores que se cometen es ideologizar las herramientas.

Argentina paso por varios planes de estabilización – Austral y Convertibilidad- fueron los más notorios. Ambos de shock y con fuerte intervención en contratos privados (desagio y prohibición de indexar) En ambos, las expectativas se alinearon y se pudo controlar la inflación.

Brasil con el Plan Real también pudo. Ejemplos sobran.

Lo que falta es un gran acuerdo político para diseñarlo y llevarlo adelante. Es el turno de la política.

En economía no hay magia.

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