Cristian el Magioso promete “Knockaut de risas” a la carta

El standapero presenta su espectáculo de humor con identidad tucumana. Los cambios temáticos. De Eddie Murphy a Cacho Garay.

TRES DÉCADAS HACIENDO REÍR. Cristian el Magioso ofrece un espectáculo con participación del público. TRES DÉCADAS HACIENDO REÍR. Cristian el Magioso ofrece un espectáculo con participación del público.
Fabio Ladetto
Por Fabio Ladetto 08 Junio 2022

La transmutación de Cristian Ribeiro Santos a El Magioso fue paulatina. Ese destino que hoy lo tiene como protagonista comenzó a principios de los 90, cuando con 14 años comenzó su andar artístico como bailarín y animador de fiestas con perfomance suma el ilusionismo como discípulo de Bencharden (Paco Rubio), referente en la magia y el humor en el NOA.

Los veranos en la costa atlántica lo tuvieron primero con teatro callejero y luego en salas independientes; y en Tucumán se desenvuelve con distintos proyectos (tanto televisivos como en bares), que lo llevan esta noche al teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras 1,550) cuando desde las 22 presente “Knockaut de risas. Un gran combate de humor”, un show con formato pugilístico en el que los golpes más efectivos son un perfil verborrágico y acento tucumano.

Esta propuesta de stand up trabaja con cuentos seleccionados por el público, en busca de darle una identidad artística y escénica propia al género. Ese vínculo, para el Magioso, es central, ya que -en diálogo con LA GACETA- considera al humor como “una gran construcción colectiva que define el lado gracioso o lindo de las cosas”.

“La idiosincrasia tucumana, las cosas que nos gustan ya de por sí son graciosas. La cultura, las palabras y las creaciones tucumanas como el ‘panchuque’ que hasta el nombre es gracioso, lo evicencian. No decimos sánguche de milanesa; decimos milanga por ejemplo, y eso es lo que nos distingue de otros lados: la forma en que llamamos a las cosas y cómo lo decimos, que es muy del interior”, afirma.

Esta función la encara buscando estar rodeado de afectos, una base lo suficientemente sólida como para pisar firme: “me acompañan en este espectáculo mis hijas, mi nieta, mi mujer y mis mejores amigos; me daré el lujo de tener arriba del escenario a la gente que más quiero”.

Al tiempo de un balance de tres décadas dedicado a las risas, reconoce que hubo sensibles cambios que han ido impactando en sus rutinas. Y esas modificaciones fueron impactadas mayormente por la evolución social sobre las temáticas y los abordajes, y en los últimos dos años, por la pandemia para abrir un nuevo ciclo.

“En cuanto a las temáticas, los hombres hemos aprendido que hay temas que no está bueno tocarlos y mucho menos reírse, como chistes machistas que antes eran muy comunes pero que sabemos hoy que desde ese lugar uno no puede burlarse. Hay algo costumbrista, de la agresividad en el tono en que se habla, que los hombres hemos tenido que adaptar. Modestia aparte, desde hace tiempo vengo adaptando mis chistes para los tiempos que corren. Y en la pospandemia nos reímos de la forma en la que nos comunicamos con las herramientas modernas como las videollamadas, los memes que tuvieron tu auge durante el confinamiento y que hoy siguen sumando al humor cotidiano”, describe.

Las fuentes de inspiración para sus comentarios son las más cercanas: “a mí me hace reír el ser humano en sí; no hay una persona que vos no mires y analices que en algún punto no te haga reír”. “Lo moderno me hace reír, porque a veces en la búsqueda de la modernidad la arruinamos y queda gracioso. como las canciones versionadas que quedan muchas veces arruinadas”.

Un humorista también necesita reírse y para ello tiene maestros y referentes. “Actualmente no tengo un actor en particular, aunque hay muchas creaciones de Jim Carrey o Adam Sandler que me siguen divirtiendo. Eddie Murphy también y de hecho para mí fue y es el mejor monologuista de la historia. A nivel nacional, destaco a Cacho Garay”, enumera.

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