SOBRES MALDITOS. Bertrand Russell echó por tierra la obra cumbre de Frege. Einstein maltrató a Juan Dalma. Y Orson Wellles le dio dos opciones a Peter Bogdanovich. SOBRES MALDITOS. Bertrand Russell echó por tierra la obra cumbre de Frege. Einstein maltrató a Juan Dalma. Y Orson Wellles le dio dos opciones a Peter Bogdanovich.
04 Junio 2022

Anoche recibí un mail que rezaba “servicios por vencer”. Al abrirlo desfilaron ante mis ojos una lista horrible de entidades conocidas, entre ellas una que hace sentir a los tucumanos la precariedad del avance de la luz sobre las tinieblas. Según el correo, las compañías me reclamarían en los próximos días unos montos que hasta entonces desconocía, ni hablar de las estrategias que me imponían para afrontarlos. La consolación de la filosofía: pensé en otras cartas más difíciles y trascendentes que la mía.

Inconsistencia

Cuando el vienés G. Frege refutó más de 2.000 años de lógica aristotélica, allá por 1879, la mayoría de la comunidad académica le dio la espalda, con honrosas excepciones como la de Bertrand Russell. Lord Russell supo aquilatar el valor de sus trabajos, a los que consideraba basales la lógica matemática. Sin embargo, justo aquel que reconociera más que nadie su aporte fue quien encontró, en el centro de su construcción lógica de la noción de número, una inconsistencia, una paradoja en la espina dorsal del proyecto fregeano. Ningún matemático puede pensar peores noticias. Frege enfrentó la mala nueva con una terrible honestidad intelectual. La carta le llegó el 16 de junio de 1902, en el momento en que estaba en prensa el segundo volumen de su estudio sobre fundamentos de la matemática. Refutado antes de que su opus magna salga de la imprenta, reconoció el problema e hizo malabares en las pruebas de galera para esquivar la paradoja, pero fue el final de su ambición logicista. ¡Sin embargo no por eso le dejó de agradecer a Bertrand Russell! Le contesta de la siguiente manera: “Su descubrimiento de la contradicción me han causado la más grande de la sorpresas, quizás debiera decir incluso consternación, ya que ha conmovido los cimientos sobre los cuales intento construir la aritmética… De cualquier forma su descubrimiento es muy importante y quizás resulte ser gran avance para la lógica, por más que a la primera vista sea poco bienvenido”. Años más tarde, Kurt Gödel aniquilaría a todo el programa de una fundamentación completa y consistente de la aritmética. Digo, esta es una gran carta que uno no quisiera recibir y el talante del destinatario estuvo a la altura de la carta.

Relatividad

Otro caso lamentablemente distinto, digamos, es el intercambio epistolar que sostiene nuestro querido Juan Dalma, hombre renacentista, ilustrado y de enorme sensibilidad histórica, con Albert Einstein, el padre de la Teoría de la Relatividad. Dalma le sugiere en una carta acompañada de un artículo suyo que Leonardo Da Vinci habría anticipado las ideas revolucionaras de Einstein. El alemán es lapidario, atendiendo a la carta de 1953 que un químico recibiera de manos de la viuda del doctor Dalma y que donara a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. No se encuentra este documento en el Centro Juan Dalma, lugar lleno de tesoros del gran mesto, mucho mas valiosos que el que paso a citar, aunque no sería malo que se reuniera con el resto del legado de Juan Dalma. Según señala el sitio de la biblioteca que recibiera el legado-regalo, Einstein no fue nada amable: “Agradezco a Ud. por el esfuerzo que se ha tomado con respecto a mi persona. Confieso que me siento decepcionado sobre el contenido de las citas. Se trata de un juego sin sentido utilizando palabras sin un intento de análisis serio”. A lo que sigue una batucada de descalificaciones: “Naturalmente, Leonardo está aun lejos de plantearse el interrogante si se debe asignar al tiempo y al espacio una existencia independiente (realidad) al lado de los objetos corporales. Nadie, después de Aristóteles, hasta Hume y Kant, se ha planteado dicha pregunta”. Podría decirse que el más grande genio de la física del momento, contesta la duda de un enciclopédico admirador (que no era físico, sino un apasionado por Da Vinci) y muestra su faceta más brutal y crítica. Tenía que ser amigo de Kurt Gödel, claro. Me imagino que el maestro Dalma pudo haber invocado respecto a la diferencia entre la imagen del Albert Einstein generoso y humanista con este impiadoso de la respuesta, las palabras del chileno Carlos Silva Vildósola: “Y Leonardo paseaba sus ojos asombrados de la pintura del Cristo al dibujo del Judas y buscaba el puente que pudiera salvar aquel abismo de degradación”.

Elección

Un cuarto intercambio parece ser una superación del contrapunto trilátero entre deuda de servicios, inconsistencia y relatividad. El cineasta Peter Bogdanovich, responsable de películas reconocidísimas como The Last Picture Show y Papermoon (y que falleció recientemente, el siete de Enero de este año), estaba furioso con el director Orson Welles por haber ido a un programa de televisión a decir crueldades sobre él como director y persona. Mas enojado estaba dado que Orson se aprovechò siempre de su amistad. Por caso, se le instaló tres años en su casa, a la que convirtió en un caos de comilonas y cintas de películas. Le envía entonces Bogdanovich una carta donde le califica de desagradecido. Orson Welles le responde por escrito, en un sobre con no una, sino dos cartas distintas: una que pide perdón, que lamenta muchísimo el error y que cualquier sufrimiento causado a él o a su familia (Peter estaba casado con la bellísima Cybill Shepard, con quien el Ciudadano Kane tenía una relación de odio mutuo). La otra carta del sobre dice que no se retracta de nada de lo dicho, que la pura verdad debe ser enfrentada.

En el sobre decía: “elige tú la carta que quieras”.

© LA GACETA

Santiago Garmendia – Doctor en Filosofía. Escritor.

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