
MISCELÁNEA
EL VIAJE DE INVIERNO & SUS CONTINUACIONES
GEORGE PEREC Y OULIPO
(Traducción de Eduardo Berti)
(Eterna Cadencia - Buenos Aires)
¿Cuántos desvíos, variables, encadenamientos, trasformaciones, reescrituras puede tener una historia a la hora de ser contada? El viaje de invierno & sus continuidades, de Georges Perec & Oulipo, parece ser una exacerbación de esa búsqueda sin fin.
Primero, un poco de historia: Perec, ese gran rupturista de las limitaciones formales de la lengua francesa (o de cualquier lengua); Oulipo (Taller de literatura potencial), grupo de experimentación literaria, formada allá por los ’60 y que aún existe, del que han participado y participan grandes figuras de las artes y las ciencias galos y extranjeros.
Ahora sí: Eterna Cadencia publicó, con traducción y nota introductoria de Eduardo Berti (también oulipiano), un tomo que recopila esta historia que es muchas a la vez: la de El viaje de invierno, originalmente un relato breve de Perec (y de un tal Vernier), publicado en 1979, que narra las vicisitudes de un profesor de literatura que da con un libro bajo ese título, firmado por Hugo Vernier; en él aparecen versos que, se sabe, pertenecen a grandes poetas como Verlaine, Rimbaud, Banville, Bloy, Mallarmé, Lutréamont. Lo que a priori se considera un gran plagio, no es otra cosa que una anticipación: todas esas grandes plumas le copiaron, alguna vez, al desconocido Vernier. El profesor de literatura dedica décadas de su vida a desentrañar este misterio, ya que todos los impresos del libro han desaparecido, pero enloquece y, finalmente, muere sin poder revelarlo.
El francés Jacques Roubaud encadenó este relato con El viaje de ayer (en francés, apenas una letra separa ambos términos, ambos títulos), al que se sumaron Herve Le Tellier y, más adelante en el tiempo, una larga lista de autores oulipianos.
Así llegó a conformarse esta “novela colectiva” compuesta por 22 textos, donde se entrecruzan diferentes planos de la ficción: intertextualidades, libros apócrifos, apropiaciones, tributos, parodias; libros dentro de libros, personajes que se confunden con sus autores y viceversa; “influencias explícitas, homenajes voluntarios, copias inconscientes, el pastiche, el gusto por las citas, las coincidencias felices”; notas al pie, diarios, anexos, fotografías, apéndices; contradicciones, desmentidas, enfrentamientos entre las y los escritores participantes; archivos, bibliotecas, universidades, coleccionistas, editoriales; incluso páginas impresas al revés (“el lector podrá seguirme si da vuelta este libro”).
En fin -aunque este libro no lo tiene-, El viaje de invierno es, entre otras tantas cosas (borgeano, por supuesto), como escribió Piglia en La ciudad ausente, un conjunto variable de núcleos narrativos, una máquina que aprende a medida que narra y termina por construir una trama en común. O, mejor, en palabras de Calvino: una máquina de multiplicar las narraciones.
© LA GACETA
Hernán Carbonel







