Censistas, huelga y una crisis que no se enfrenta

18 Mayo 2022

Según el titular del Indec, Marco Lavagna, esta noche podrían darse a conocer los primeros números del censo nacional, o sea que podría saberse cuántas personas viven en total en el país y, en particular, en cada provincia. La expectativa está puesta centralmente en este aspecto estadístico, aunque los datos complementarios que se van a recabar constituirán un excelente banco de información para implementar políticas públicas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos de la Argentina.

Lamentablemente, el trabajo de los censistas se verá entorpecido ya que desarrollará en medio de un conflicto sindical recurrente en el país: el del sector del transporte público de pasajeros. La huelga de los colectiveros vendrá a dificultar la labor censal en las ciudades y, fundamentalmente, en las zonas rurales.

Será así por más que el sindicato de los choferes haya resuelto que la circulación en la jornada de hoy sea como la de un día feriado, en medio de un paro de 72 horas por demandas vinculadas a los salarios.

En el marco del conflicto sindical, cabe detenerse en conceptos que surgieron del seno del Gobierno y que revelan cuán profundo es el problema en el sector del transporte y, por ende, la tremenda dificultad del poder político para poner fin a esta situación: nos excede y somos rehenes. Las reveladoras frases, dichas por funcionarios públicos, ponen en evidencia que las autoridades no pueden brindar una solución definitiva a los ciudadanos, los mismos que los pusieron en sus lugares ejecutivos o legislativos para que les faciliten la vida en sociedad y les aseguren un bienestar general. La crisis es también dirigencial.

El cese de actividades de UTA, que no sólo entorpece la tarea de los censistas y que afecta al resto de los trabajadores, expone además que se sigue recurriendo a medidas acotadas en el tiempo para superar el mal trance, y que el problema de fondo se mantiene irresuelto. Hay ideas y numerosos proyectos para atender la problemática del transporte público de pasajeros, para hallar una salida final; sin embargo, no se avanza más allá de los discursos.

Las crisis generalmente sirven para poner la imaginación al servicio de una solución definitiva o bien para tener excusas para echar culpas y mantener el status quo. Dos formas de enfrentarlas. En el marco de esa referencia, el reconocimiento de que este conflicto convierte a toda la sociedad en rehenes y que los excede como poder para solucionarlo es, lamentablemente, una forma de buscar excusas para desviare la atención.

Si bien el conflicto del transporte se enmarca en la crisis económica y social del país, pone nuevamente en la mesa de debate la necesidad de un punto final para que este servicio esencial no se interrumpa.

Hoy, a causa del cese de actividades, los que verán complicada su tarea serán los miles de censistas que deben llegar a las casas de los argentinos para completar el formulario que revelará cuántos somos. Y estarán tan complicados como lo estuvieron los trabajadores esenciales durante la pandemia, los que debían movilizarse para enfrentar la Covid-19 y que vieron limitada su capacidad de traslado debido a los numerosas medidas de fuerza que realizó UTA durante 2020.

Acciones vitales las dos, con el común denominador de sufrir los efectos de la falta de acuerdo en materia salarial en el área del transporte público de pasajeros, pero que -como se dijo- revela que la crisis del sector no se enfrenta y afronta de una vez y por todas en forma conjunta.

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