Una luna de sangre rodeada de estrellas: así se vivió el eclipse desde la Puna

El equipo del Observatorio de Ampimpa se instaló en Salta, a 3.400 metros sobre el nivel del mar, para registrar el fenómeno.

LA LUNA Y LAS ESTRELLAS. Imponente postal del fenómeno, tomada desde La Puna. Foto de Carlos Di Nallo LA LUNA Y LAS ESTRELLAS. Imponente postal del fenómeno, tomada desde La Puna. Foto de Carlos Di Nallo

La Puna pareciera estar conformada por extremos: amplitud térmica extrema, distancias extremas, dimensiones extremas, frío intenso, vientos fuertes, sol radiante, soledad y paisajes y formas que desafían las miradas.

Esa fue la locación elegida por el equipo del Observatorio de Ampimpa, junto a científicos y expedicionarios, para presenciar el eclipse total de luna que se inició el domingo a las 22.32 horas y culminó en la madrugada del lunes.

El plan inicial era apostarse en las cercanías del cerro Macón, pero los fuertes vientos hicieron imposible la instalación de los equipos.

“Venir a hasta aquí significó tener ese pequeño plus extra que nos da el cielo de la Puna”, cuenta Alberto Mansilla, director del Observatorio. “El factor atmosférico hoy no nos acompañó. Pero pesar de tener nubes, altas y no muy densas, pudimos ver perfectamente el eclipse gracias la transparencia de la atmósfera en este lugar”, agrega.

Hicieron base en la localidad de Tolar Grande, a 3.400 metros de altura en la puna salteña. Desde allí, presenciaron un espectáculo único: una luna de sangre rodeada de estrellas, sobre el cielo del extremo noroeste del país.

El eclipse

En el patio de una hostería, oscurecido para la ocasión, el grupo comenzó a instalar sus cámaras y telescopios a la espera del fenómeno, mientras intercambiaban cálculos sobre manejo de la de la luz y elecciones de ópticas para captar el momento.

Los vehículos de la expedición marcaban una temperatura de 9 grados, temperatura benigna para esos parajes donde pueden llegar hasta los 10 grados bajo cero en esta época del año.

Los imponentes paisajes de la Puna, con sus lagunas, salares, volcanes y desiertos. Foto de Álvaro Medina / LA GACETA Los imponentes paisajes de la Puna, con sus lagunas, salares, volcanes y desiertos. Foto de Álvaro Medina / LA GACETA

Mansilla se trasladaba de un lado a otro marcando los tiempos. “¡Estamos a 20 minutos de la parcialidad! ¡Atentos al contacto con la sombra!”. De pronto, la luna comenzó a perder paulatinamente su brillo; la sombra de la Tierra comenzó a oscurecer al disco lunar y un color rojizo comenzó a intensificarse en su superficie.

El lugar

Tolar Grande cuenta con 300 habitantes asentados. Federico Norte, guía y agente de viaje que acompaña al grupo, desde hace 25 años trabaja con turismo en la Puna. “Cuando empecé a trabajar, en el año 96, Tolar Grande estaba por desaparecer y había solo150 habitantes”, recuerda Norte. “No había señal de celular y se manejaban con un radio operador. Desde que se intensificó el turismo y la minería la ciudad aumentó a 300 habitantes asentados que llegan hasta los 1.000, si se cuenta a turistas y mineros que viven de manera temporaria”, añade.

Para calefacción y cocina, los habitantes alternan el uso del gas con el uso de la tola, un arbusto que recogen de las afueras del pueblo y de donde viene el nombre del lugar. La compleja logística que implica llegar a esas zonas encarece el costo de vida: un menú que incluye sopa, pollo con puré y una gaseosa puede llegar a costar $1.200.

En sus cercanías se encuentra formaciones que originan atractivos y peculiares paisajes como el cono de Arita, formación piramidal producto de la erosión que se encuentra en el centro del salar de Arizaro, el más grande de Argentina con una superficie de 1.600 kilómetros cuadrados.

Cono de Arita en el Salar de Arizaro. Foto de Álvaro Medina / LA GACETA Cono de Arita en el Salar de Arizaro. Foto de Álvaro Medina / LA GACETA

La luna roja

Tras la primera hora del lunes, la luna orbitaba alta y roja en el cielo. El sonido de los disparos de las cámaras se intensificó y los expedicionarios  festejaban a cada acierto en los valores de exposición que les permitían un retrato certero del fenómeno. “Se vio completo y bien, fue tan oscuro que aparecieron  las estrellas”, explica Carlos Di Nallo, experto astrofotógrafo encargado de asesorar al grupo sobre el tema. “Se veían estrellas alrededor de la luna, sin un eclipse eso no podría suceder en fotografía por el rango dinámico de la imagen”, detalla.

El entusiasmo del contingente atrajo la atención de unas turistas francesas que pidieron permiso para ver por los telescopios. “¡Oh, lala!”, exclamó Claire, frente a la nitidez del astro a través del lente. “Es maravillosa”.

El grupo de amigas recorre la Puna desde hace días en un estado permanente de asombro por la belleza de los paisajes. El encuentro fortuito con este eclipse las conmovió. “En la puna entendimos que somos muy pequeños si nos comparamos con la naturaleza que es muy grande e impresionante”, reflexiona Claire.

Alberto Mansilla rescata el valor del momento más allá del fenómeno. “Esta no es una expedición científica, sino una expedición de turismo científico, donde las personas interesadas en la naturaleza y el conocimiento pueden tener la oportunidad de ver cómo trabaja la ciencia y de qué manera opera el universo. Es una experiencia sumamente valiosa”, afirma.

Luego, con el eclipse aún en su totalidad, hubo un brindis y una sorpresa inesperada y emocionante: cuando todos festejaban, una bandada de flamencos rosados atravesó en su vuelo el cielo nocturno de la Puna, con su luna roja.

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