Carlos Casares, la ciudad con pinta de pueblo que es la casa de Los Grobo y de Agropecuario

PRESIÓN. Valentín Larralde aguanta la pelota ante la marca de Emanuel Dening y la mirada de Rodrigo Herrera. PRESIÓN. Valentín Larralde aguanta la pelota ante la marca de Emanuel Dening y la mirada de Rodrigo Herrera. FOTO DE ORNELLA NIETO / PRENSA DE AGROPECUARIO

CARLOS CASARES. Por Marcelo Androetto, especial para LG Deportiva – Todo huele a soja en Carlos Casares. Ninguna sorpresa que este prepúber que recién cumplirá 11 años en agosto próximo y que se llama oficialmente Club Agropecuario Argentino, reciba el apodo de “sojero”.

En sus primeros cinco años de vida logró un ascenso vertiginoso que lo depositó en la segunda categoría del fútbol argentino. Ningún milagro tampoco: las hectáreas, y por ende los dólares, de la familia Grobocopatel, posibilitaron el salto a la por entonces llamada B Nacional. Y su permanencia.

La casa de Agropecuario, que recibió a San Martín por tercera vez en cuatro años, es una ciudad con pinta de pueblo. La población de Carlos Casares apenas si sobrepasó los 22.000 habitantes hace 12 años, cuando el último censo previo al que nos ocupa por estos días.

Ubicada a poco más de 300 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se la denomina "capital nacional del girasol". Pero lo dicho: la primera gran construcción en la ruta nacional 5 viniendo desde el este es el complejo triguero-sojero de Los Grobo.

Gustavo Grobocopatel, uno de los hermanos fundadores del grupo y quien hoy reside en Uruguay, ha sido bautizado como el “rey de la soja”. Y no sin razón: se comenta que la familia posee 50.000 hectáreas de campos cultivables.

Bien. Hace unos años, decidieron darse el gusto de tener su propio club de fútbol. E invirtieron en consecuencia. El estadio se llama Ofelia Rosenzuaig, nombre de la abuela de Bernardo Grobocopatel, otrora presidente y hoy tesorero de la institución, pero solo por razones de estatuto: sigue siendo el hombre fuerte.

Para llegar al estadio, es imposible evitar transitar por calles de tierra. Es lo que hicieron ayer los micros que transportaban a los planteles de Agropecuario y de San Martín: ambos provenían de la vecina localidad de 9 de Julio. En Casares no hay hoteles, así que hay que concentrar a unos 50 kilómetros.

El horario del partido por la Fecha 15 de la Primera Nacional no favoreció la concurrencia de público, que de todas formas nunca es masiva. A la siesta, menos que menos: solo se podían observar por las calles algunos perros que cruzaban de una vereda a otra. Y unos paisanos con boina caminando en dirección al diminuto y colorido coliseo.

Todo lo que rodea a Agropecuario es tan diferente al “Mundo San Martín”. La Ciudadela y sus pasiones desmedidas están más lejos aún que los 1280 kilómetros por ruta que separan a esta ciudad-pueblo de la densamente poblada San Miguel de Tucumán.

San Martín viaja seguido a Casares. Lo hizo en 2018 y se llevó un empate a cero que le sirvió para eliminar en la revancha al “Sojero” del reducido.

El año pasado, en pleno invierno y en contexto todavía álgido de pandemia, el “Santo” ganó con un gol postrero (Lucas Cano), que fortaleció el proceso de De Muner.

Y ayer se llevó un punto sin jugar demasiado bien y cuando podría haberlo perdido todo en esa pelota del final.

Hasta ahora, San Martín no la pasa tan mal jugando en el patio de Los Grobo.

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