Genios en un bar y las irresistibles lecciones de “Karate Kid”

Por Santiago Garmendia - Doctor en Filosofía, columnista invitado.

08 Mayo 2022

Los existencialistas del café se llama uno de los últimos éxitos de venta de la filosofía -no es un fenómeno común-. Muy recomendable, es una excelente reconstrucción de las ideas y la atmósfera de los famosos cafés parisinos, donde se sentaban algunos de los genios a pensar sobre la vida (foto). Pero no debemos confinar los altos niveles de reflexión filosófica a la ciudad de las luces. También se alcanzan en nuestra Ville des rues brisées. En una esquina de Tucumán.

El mozo siente una extraña alegría al ver a los amigos, los anarquistas del café, que le hacen las señas de siempre. El Ingeniero Tico, ojeroso y cansado, pero siempre bonachón. Tuco, radiante, se sale de la vaina por hablar. Hay poco movimiento y hace tiempo que no escucha sus tribulaciones.

- Buenass. Dos cafés en pocillo, taza fría, y dos soditas, una delgada y una medialuna salada. Hace rato que no se los ve. ¡Qué cara, ingeniero!

Tuco entendió que era su entrada, como si hubiera estado esperando todo el día para hacer el comentario:

- ¡Tico-San viene del Titanic!- Una carcajada con freno de mano pero imparable enciende el rostro regordete de Tuco.

- No sea burlista -le implora el mozo-. ¿Cómo es eso, ingeniero?

- Viajamos a Salta los dos. Yo tenía un congreso y el amigo está estrenando jubilación, así que me acompañó. Como no hay aviones, tomamos un colectivo: el Pomo Bus. Directo. Retenga esto. Lo que dice mi intuitivo amigo es bastante cierto. En primer lugar, quedaban dos butacas, una arriba y otra abajo. Retenga esto también. Como la paradoja argentina es que soy mayor que él, pero sigo en actividad, acordamos que vaya en la zona plus-vip, que le llaman.

- Antes los asientos de cualquier viaje se distinguían de una sola forma: fumadores o no fumadores. El mapa del ómnibus parecía el mapa político de la URSS. Creo que había más zonas que asientos, más conjuntos que individuos- agrega Tuco.

- A grandes rasgos, en realidad eran dos clases sociales, tal cual el Titanic. Arriba el Profe Tuco, unas quinientas personas más y alguna gallina. Retenga esto.

- Bueno, bueno, pero, ¿qué pasó?- pregunta impaciente el mozo.

- Espere -le ataja Tico-. Otra nota en común es la minuciosa ambientación polar.

- No es que ponen el aire, lo criogenizan a uno. Es para que la gente se quede quieta y no moleste, ¿sabe mocito? Estábamos todos tiritando en el lugar. Arriba, por la cantidad de gente, era más llevadero, pero juro que si pasan por el pasillo un mamut y un tigre diente de sable no se sorprende nadie.

- Así es, un dispositivo de control- sentencia Tico.

- Bueno, pero ¿qué es eso de Tico-San?- Una carcajada le dio clara muestra de que no podría ser Tuco quien cuente el sufijo “San”.

- Es que hay un tema con la filmografía- apenas podía contar por la risa de su amigo, que terminaba contagiándolo-. En los años de viaje he descubierto que hay dos géneros de películas: viejas y tristes de animales a quienes uno escucha pensar o muy viejas. No son muchas, diez títulos máximo. De ida vimos “Karate Kid”. Dos veces. Retenga esto. Dos veces la primera, en la que Miyagi lo entrena a Daniel-San. A la vuelta, la ponen otra vez hasta Metán. Se lo hice notar al chofer, que se asombró de que alguien le prestase atención al televisor. Me dijo encantado que me iba a sorprender.

Tuco sintió que era su momento.

- Pusieron la segunda parte. Eso sí, ya cerca de Trancas.

- ¿Otra vez?- dijo el mozo.

- No, no. La dos, “Karate Kid 2”- señaló Tuco-. Retenga esto, como dice el ingeniero. Cuestión que como yo estaba en la popular no me extrañaba no verlo en la terminal cuando llegamos. El Pomo Bus seguía su camino-. Hasta Tico se sonrió.

- Me di cuenta cerca de las Termas. Cuando en la peli hacen sonar esas panderetas, ¿vio?- Hizo el movimiento frotándose las manos.

El mozo le sonrió igual que a su nieto cuando dice algo que empieza con ¿“sabés, abuelo”?

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